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Mérida, la gran ciudad romana de vacaciones

Mérida, la gran ciudad romana de vacaciones
Las 12 Joyas de Badajoz

Aquel primer «resort»de la Península recibió el nombre de Emerita Augusta

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando faltaban 25 años para que naciera Cristo, el emperador Octavio Augusto tuvo una idea brillante y generosa: decidió que sus legionarios veteranos se merecían una divertida ciudad de vacaciones como premio tras las duras guerras cántabras y mandó construir una especie de Marina D’Or del siglo I A. C. justo donde la Vía de la Plata cruzaba el río Guadiana.

Aquel primer «resort» de la Península recibió el nombre de Emerita Augusta y en su construcción no se escatimaron medios: se levantaron dos embalses, Proserpina y Cornalvo, que aún se conservan, para abastecer de agua la ciudad y se construyeron dos acueductos, que también se conservan, para traer ese agua, se edificó un teatro para 6.000 espectadores, un anfiteatro donde cabían 14.000, un circo-hipódromo con graderío para 30.000 aficionados a las carreras... Y templos, y casas, y arcos, y baños, y puentes, y foros...

Gran parte de aquel fabuloso Club Mediterranée se conserva todavía y es lo que nos disponemos a visitar en esta etapa emeritense de nuestro recorrido por las 12 joyas de la provincia de Badajoz. Pero visitar Mérida es complicado por apabullante así que, o nos organizamos y salimos del aturdimiento, o acabaremos devorados por la ansiedad de verlo todo.

Estacionamos nuestro coche en la orilla derecha del río, en un aparcamiento subterráneo. Salimos a la superficie y allí está el Guadiana: la brisa reconfortando y un parque fluvial inmenso para caminar hacia el puente romano con su fascinación de 792 metros de piedra y 60 arcos.

En la cabecera del puente, la alcazaba árabe, justo donde el puente romano entraba en aquella colonia de vacaciones de 80 hectáreas amuralladas y bien urbanizadas con sus calles pavimentadas, sus alcantarillas, sus diez carreteras hacia Lisboa, Astorga, Itálica o Conimbriga... La Emerita Augusta romana será capital del reino suevo y del visigodo y sede metropolitana de la iglesia española.

Con los árabes, Mérida empezó a perder peso. Son ellos quienes levantan esta alcazaba para prevenir las algaradas cristianas. En 1120, Mérida perdió su capitalidad eclesiástica, que fue a parar a la Compostela del arzobispo Gelmírez.

Mérida volverá a emerger con la llegada del ferrocarril. Después, el Plan Badajoz de regadíos, la industria, la capitalidad autonómica y, en fin, aquella ciudad romana de 60.000 emeritenses, que en el siglo XVIII llegó a contar con tan sólo 2.000 habitantes, vuelve a tener la misma población de hace dos mil años.

Hemos resumido la historia en unos párrafos. Visitemos ahora la ciudad en unas horas. En la misma alcazaba nos venderán un bono que cuesta 15 euros y nos permitirá visitar teatro, anfiteatro, alcazaba, casa del Mitreo, área funeraria de los Columbarios, cripta arqueológica de Santa Eulalia, área arqueológica de Morerías y circo romano.

Como la entrada se puede utilizar a lo largo de varios días, el viajero puede organizarse para ver Mérida de una tacada agotadora o alargar la visita en el tiempo. Hay que tener en cuenta, además, que es imprescindible visitar el Museo de Arte Romano (3 euros), la colección de arte visigodo (gratuita) junto a la plaza de España, el templo de Diana, el arco de Trajano...

Acueductos, hay dos: uno de ellos, el de San Lázaro, cercano al circo, nos muestra unos restos mínimos: tres pilares y dos arcos; el otro, de los Milagros, que canalizaba el agua que venía del embalse de Proserpina, se conserva en buen estado, a un paso del puente romano de cuatro arcos sobre el río Albarregas, al norte de la ciudad, y es una de las imágenes más características de Mérida.

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El caso es que estamos ante una soberbia colección de monumentos y hay que escoger so pena de agotarnos queriendo verlo todo. Bendita duda y peliaguda decisión esta de seleccionar la belleza. Un consejo: teatro, anfiteatro y casa del Mitreo son imprescindibles. Como con el bono nos facilitarán un plano guía, podremos hacernos fácilmente una composición de lugar y prepararnos un itinerario, teniendo en cuenta que, en Mérida, casi todo queda a un paso.

Callejeando desde la Alcazaba, llegamos fácilmente al Templo de Diana, amplia plaza romana porticada donde se situaba el foro municipal y uno de los lugares más bellos de la ciudad. Desde aquí, se llega en un momento al Museo Nacional de Arte Romano, que hasta diciembre muestra las exposiciones temporales «Mulieres. Mujeres en Emerita Augusta» y «Arrecifes del tiempo. Fotografía, arqueología y literatura en Mérida».

Frente al museo, el teatro y el anfiteatro, joyas indiscutibles y universales del arte. Fuera del perímetro amurallado de la ciudad, el circo, construido algo más tarde que teatro y anfiteatro, pero también del siglo I, culmina la trilogía de las grandes construcciones públicas y lúdicas de esta ciudad de vacaciones pensada para el solaz y el descanso del guerrero legionario retirado.

Mérida, en fin, es un ejercicio de pedagogía histórica que nos enseña al detalle cómo era una vivienda romana (Casa del Mitreo, Casa del Teatro, Casa del Anfiteatro), cómo era un templo romano (Templo de Diana), cómo era un embalse romano (Cornalvo, Proserpina) o unas termas romanas (Alange, a 18 kilómetros de Mérida).

La visita se completa con los gratuitos Museo Abierto de Mérida y El Costurero, otro museo de la ciudad, el palacio nobiliario de los Veras, convertido en hotel, y la magnífica iglesia parroquial de Santa María (XV-XVI), ambos en la plaza de España, el convento de Jesús, actual Parador de Turismo, o la iglesia parroquial de Santa Eulalia, conocida ya en tiempos paleocristianos y visigodos, pero que nos ha llegado como muestra del arte gótico, destacando su hornito o capilla gotica de Santa Eulalia y su cripta y centro de interpretación, tan didácticos como emocionantes.

Además de la visita monumental, gastronómicamente, Mérida es ciudad de platos fríos basados en las verduras de su vega (gazpacho, ajoblanco, ensaladas), de guisos de patatas al rebujón, pistos y revueltos vegetales, de pescados de río y carnes de caza, de embutidos, quesos y vinos. Y alrededor de la comida, la fiesta, los festivales y los acontecimientos: Festival Internacional de Teatro Clásico, Semana Santa, Feria de Septiembre, Carnaval Romano, Fiesta de la Mártir Santa Eulalia, Emerita Ludica o el Festival de Cine Inédito.

Todo un mundo de arte y sensaciones el que dejamos atrás cuando enfilamos la autovía camino de la frontera, buscando la siguiente joya pacense de nuestro viaje: Olivenza.

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