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Alburquerque, mil años vigilando la frontera

Vista del imponente castillo de Alburquerque. ::/Esperanza Rubio
Vista del imponente castillo de Alburquerque. :: / Esperanza Rubio
Las 12 joyas de Badajoz

A la sombra de su castillo inexpugnable, las obrasde arte de Santa Maríadel Mercado

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Se llama Juan. Lo hemos llamado por teléfono y en cinco minutos ha acudido diligente a abrirnos la iglesia. Estamos en Alburquerque, la joya número 12 de la provincia de Badajoz, el último de los conjuntos histórico artísticos que hemos recorrido a lo largo de este mes de octubre. Empezábamos en Feria, el pueblo vigía de la Baja Extremadura, y acabamos en lo alto de este castillo de Alburquerque, vigilante de la frontera y, según los estrategas militares, la fortaleza más inexpugnable de la Península junto con la ciudadela amurallada de Pamplona.

A la formidable sombra del castillo, se levanta esta iglesia humilde, llamada de Santa María del Mercado, que nos acaba de abrir Juan. Esa humildad es solo aparente y externa. Es preciso entrar en el templo para descubrir sus maravillas.

Pero antes de despedirnos con un final de viaje esplendoroso, hemos de contarles que llegábamos a Alburquerque desde nuestra etapa anterior, Olivenza, conduciendo paralelos a la frontera y pronto empezamos a distinguir a lo lejos y al norte, la mole ingente este castillo roquedo impresionante, piedra angular del eje defensivo fronterizo de la comarca junto con las cercanas fortalezas de Azagala, Mayorga y Piedrabuena.

Se levanta el castillo a finales del siglo XIII, aunque no quedará rematado hasta el siglo XVIII con motivo de la ocupación de la villa por el ejército portugués. Destaca su torre del homenaje, que mandó construir don Álvaro de Luna en el siglo XV y, en fin, pasear por sus murallas, patios y dependencias y hacerlo con una mínima capacidad de abstracción es una manera muy efectiva de sentirse en la Edad Media y disfrutar de la intemporalidad que regalan los monumentos rotundos y bellos.

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Pero decíamos que el castillo de Abu-al-Qurq, el país de los alcornoques para los árabes, se distingue desde los cuatro puntos cardinales según te vas acercando a la villa. Al llegar, se asciende, se entra en el casco urbano y se deja el coche en la parte baja del pueblo. Un buen sitio es la plaza en la que se encuentra la iglesia de San Mateo. Desde ella, se accede cómodamente a la villa adentro, los cafés de la plaza de España quedan a un paso y estaremos en medio de dos rincones imprescindibles de nuestra visita: la iglesia de San Mateo, levantada entre los siglos XVI y XVII y destacable por la figura del Nazareno, la imagen románica en mármol de San Antón y una colección única de orfebrería cordobesa con más de 40 piezas de los siglos XVII al XIX…

Calle medieval de Alburqueque. ::
Calle medieval de Alburqueque. :: / E.R.

Y, frente a la iglesia, la esbelta y bellísima puerta de Belén, entrada oriental a la villa adentro, es decir, al casco monumental: un dédalo de callejuelas empinadas, bonitas y, en general, bien cuidadas por las que iremos ascendiendo al tiempo que admiramos las paredes encaladas llenas de macetas, las puertas en arco y una arquitectura doméstica de los siglos XV y XVI que constituye el principal atractivo de Alburquerque junto con su castillo y las maravillas que atesora la iglesia de Santa María del Mercado.

Si la villa adentro o intramuros se extiende en la falda del monte, descendiendo del castillo por la ladera norte; la villa afuera o extramuros empezó a conformarse alrededor de la iglesia ya comentada de San Mateo. Dentro de la fortaleza, podremos visitar la iglesia de Santa María del Castillo, en la que se distinguen dos estilos: uno románico tardío, que coincide con la construcción del castillo en el siglo XIII, y otro gótico de mediados del XV, que coincide con las grandes reformas que se llevan a cabo en la fortaleza.

En el exterior del castillo, nada más salir de sus murallas, en la plaza, la iglesia de Santa María del Mercado nos aguarda dispuesta a asombrarnos. En la puerta, un número de teléfono es la clave para poder visitar la iglesia y conocer sus secretos. Llamen sin temor ni prevención. Les atenderá Juan amablemente, en un momento les abrirá la puerta y, tras explicarles cuanto deseen, no pedirá nada a cambio salvo la voluntad.

Tiene mucho interés la bella placa de mármol situada sobre el arco de la puerta principal: representa el tema de la Piedad o Quinta Angustia, es decir, la Virgen, acompañada de san Juan y de la Magdalena, sostiene a su hijo inerte en su regazo. La iglesia se llama Santa María del Mercado porque en la plaza exterior, justo debajo del castillo, se celebraban los mercados de la villa y, antiguamente, era la única plaza que había en Alburquerque.

Arquitetura doméstica de los siglos XV-XVI: callejuelas blancas, macetas y puertas

Se edificó en el siglo XV, siguiendo los conceptos arquitectónicos del gótico mudéjar. Su techumbre era una maravilla pero, apunta Juan, el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755 afectó la estructura del templo y acabó con la parte superior, que fue reconstruida. Según otras versiones, la techumbre de madera fue sustituida en el siglo XVII por la actual bóveda de cañón.

El retablo mayor de la iglesia es del siglo XVI y en la capilla del lado de la Epístola hay otro retablo barroco. Un órgano barroco del XVIII espera un prometido arreglo y las bellísimas pinturas de la bóveda de la capilla mayor, realizadas entre 1693 y 1699, completan el espléndido conjunto.

Pero detengámonos en las dos imágenes que singularizan esta iglesia de Alburquerque. Una está en medio del retablo del altar mayor y es una virgen gótico-renacentista datada entre los siglos XV y XVI. La otra imagen es una obra de arte especial y única: el Cristo del Amparo. Es una talla gótica, de imprecisa datación, siglo XIV, siglo XV, de sorprendentes pies cortos, brazos largos, orejas grandes, cabello recogido hacia atrás y mucha expresividad. Así lo describe Juan y así es este Cristo único, protagonista indiscutible de una de las salas de la exposición «Nosotros, Extremadura en su patrimonio», celebrada en Cáceres entre octubre de 2006 y enero de 2007.

Cristo del Amparo. ::
Cristo del Amparo. :: / E.R.

En el catálogo de dicha exposición, se llama la atención sobre la serenidad de la figura y la dulzura en la expresión, además de su rostro alargado «pronunciado en una barba corta de trabajados y pequeños rizos». La majestuosa belleza de esta obra de arte es la mejor rúbrica a este mes de octubre dedicado a hacer turismo cultural por Badajoz. Tras completar la visita a la joya número 12 de la provincia, salimos de la iglesia y reparamos de nuevo en el carácter de faro vigía de la Raya que confiere su personalidad a Alburquerque.

Nos vamos, en fin, de la villa, acabamos nuestra ruta cultural y llevamos con nosotros dulces típicos como los «maríos» o los bollos de pascua y la resolución de regresar a Alburquerque para disfrutar de fiestas tan atrayentes como la romería de la Virgen de Carrión, el festival medieval, la pasión viviente o sus conciertos de música pop.

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