Sábado, 16 de diciembre de 2006
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SOCIEDAD

JESÚS BERROCAL-RANGEL ESCRITOR
«Zúñiga es un personaje libertario y debe mucho a Corto Maltés»
El novelista pacense ha creado para su novela 'El Desafío' la figura de un marino que vive la crisis colonial en el Caribe a fines del siglo XIX
Ha concebido un héroe literario destinado a perdurar, con la grandeza de los hombres que aguantan estoicamente las pruebas del destino y que, como los piratas de Espronceda, sólo tienen una patria que es la mar. El capitán Martín Zúñiga es un navegante de procedencia española que surca en 1888 las aguas revueltas de un mar Caribe donde pululan fortunas hechas con el antiguo tráfico de esclavos; soldados con uniforme de rayadillo manejados por una metrópoli corrupta; mercenarios ingleses y revolucionarios que no dudan en alinearse con ciertos colonialistas para liberar a sus países del peso de otros imperios.

El capitán Martín Zúñiga, creado por el escritor pacense Jesús Berrocal-Rangel, no duda en calificarse como filibustero y encuentra un sentido a su vida cuando la suerte pone en sus manos al clipper 'El Desafío', un velero que ya se ha quedado antiguo en los días en los que el vapor se impone poco a poco en torno a Cuba, la levantisca colonia española. Pero Martín Zúñiga es un outsider, un anarquista, un solitario y 'El Desafío' supone para él la auténtica libertad.

-¿Por qué le da repelús que digan que es usted una promesa de las letras españolas?

-Es que es una losa. Se supone que si eres una promesa tienes que cumplir una serie de expectativas, y a mí no va mucho el tema del intelectual cerrado en su mundo. Estoy al margen del mundillo literario.

-No sé si es consciente de que ha concebido un personaje que -espero que no le moleste la comparación- tiene tantas posibilidades como el mismo Diego Alatriste.

-La comparación es un elogio que no me podría molestar en absoluto. Creo que no está a la altura de la genialidad de Pérez Reverte, pero sólo pretendo entretener, escribo sobre una época que casi no está tocada. Es el final del ocaso de España y el comienzo de EEUU como potencia. Son personajes que viven fuera de su tiempo, últimos románticos dentro de un siglo que se acaba. Son navegantes a vela y están al margen de una historia que va a terminar con personajes como ellos.

-Martín Zúñiga es un auténtico outsider.

-Sí. Y los personajes secundarios que le rodean son tipos de mala calaña, como El Inca, al que concebí con la cara de Anthony Queen. O el pistolero Harris y los empresarios... Todo lo que está en la novela pudo ocurrir realmente y he pretendido que la ambientación histórica sea lo más fiable posible.

-¿Qué significa el Caribe para usted?

-Mi bisabuelo vivió durante muchos años en Cuba y, aunque no lo conocí, desde pequeño en mi casa escuché esas historias de la isla, de la que se tuvo que volver a finales del siglo XIX, cuando el desastre. Cuando tuve oportunidad de viajar a la isla hace diez años, la evocación de los tiempos románticos decimonónicos ya no existía y supongo que ahora tampoco. También se habla de Belice, donde los indios garifunas siguen oprimidos en la actualidad por el sistema mercantilista en el que estamos sumergidos, como la mayoría de las tribus indígenas.

-En su página web habla de dos cuentos antiguos que son el precedente inmediato de esta novela. ¿Cómo se fueron gestando el libro y el personaje?

-Zúñiga es ante todo un personaje libertario. Es una amalgama de la influencia de mis escritores favoritos como Conrad, Stevenson, London... Escritores que a lo mejor la hoy llamada literatura seria encasilla más en la literatura de aventuras, pero que, como decía Vázquez-Figueroa, es al fin y al cabo la que todos recordamos y la que permanece. El personaje de Zúñiga debe muchísimo a Hugo Pratt y a su personaje Corto Maltés, salvando las distancias.

-¿Que diferencias hay entre su primera novela, sobre un hidalgo extremeño y este personaje?

-Las diferencias son totales. En este segundo libro tuve que hacer un gran esfuerzo para huir de cualquier similitud con 'El sueño del caballero'. Éste tenía un componente fantástico y era una especie de tributo que yo quería rendir a Extremadura y a unos personajes, muy denostados hoy en día, como los conquistadores extremeños. Yo sé que no es políticamente correcto hablar de ellos pero históricamente están ahí y yo quise sacar ese tema relacionado con Extremadura.

-Su primer libro tuvo éxito. ¿Le sorprendió?

-Sí.

-¿Cómo se editó? Porque primero se editó en Extremadura y luego lo reclamó una editorial más grande.

-Hubo una edición pequeñita de la Diputación de Badajoz, que siempre me ha apoyado. A los seis meses la editorial gallega El Arca de Papel me mandó un contrato con los derechos de una edición internacional. Las críticas fueron muy buenas y yo las agradezco, pero prefiero tener los pies en el suelo.

-También en esta ocasión la Diputación se ha quedado con ganas de editar.

-La Diputación ha participado en esta novela que yo tenía comprometida con otra editorial. Tuvimos problemas durante un par de años y finalmente recurrí a Noray y, por otro lado, a Diputación. El mismo día que tenía que contestar que sí a la Diputación llamó Noray diciendo que estaban interesados. Entonces se acordó una colaboración aunque el peso de la distribución lo lleva Noray. Pero debo decir que el trato que siempre me ha dado la Diputación como joven creador ha sido exquisito.

-Tiene un estilo sencillo, terso. ¿Cómo lo ha pulido?

-Es la práctica. Creo que en la primera novela ya apunté la que es mi línea, que consiste en entrelazar historias, no terminar capítulos, dar un poco de intriga y que el lector quiera conocer el final. Es cuestión de oficio, porque yo no soy un dotado como García Márquez, sino un currito de a pie. Es el oficio que se va aprendiendo.

-Pero aún es muy joven. ¿Es de los adolescentes que escribieron poesía y luego siguieron escribiendo?

-En absoluto. Admiro enormemente a los poetas pero soy incapaz de escribir nada. Creo que lo más difícil es un buen cuento como los de Cortázar, en muy pocas líneas hacer un buen resumen de la historia y contarla bien.

Lo mío ha sido un despertar tardío como escritor, como lector desde pequeño y como viajero, que es una cosa que siempre me ha influido mucho.

 
Vocento

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