Miércoles, 15 de noviembre de 2006
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SOCIEDAD

PAUL PRESTON HISTORIADOR
«¿Por qué la izquierda no tiene derecho a llorar a sus víctimas como la derecha?»
El historiador pronunció en Badajoz una conferencia sobre la Guerra Civil invitado por la Fundación Cultura y Estudios Preston defiende el movimiento de la Memoria Histórica y cree que la crispación en torno a la época es pasajera
«¿Por qué la izquierda no tiene derecho a llorar a sus víctimas como la derecha?»
Paul Preston, fotografiado ayer en Badajoz
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«La memoria no significa venganza, y el olvido tampoco significa reconciliación», afirma Paul Preston como argumento para defender la oportunidad del movimiento por la Memoria Histórica. El historiador británico, uno de los hispanistas más reconocidos y más leídos en nuestro país, con obras clave sobre nuestra historia contemporánea, restuvo ayer en Badajoz para hablar de uno de los asuntos que todavía levanta polémicas: la Guerra Civil española. Invitado por la Fundación Cultura y Estudios de Comisiones Obreras, Preston dio una conferencia sobre cómo ha sido vista la guerra a través de la Historia.

-El periodo de la Guerra Civil está siendo motivo de polémica, setenta años después de su comienzo.

-En España, después de la guerra civil, la única historia que se podía publicar era la escrita por oficiales del Ejército, policías, sacerdotes y propagandistas del régimen. Una de las grandes obsesiones del régimen era lo que hoy intentan hacer las víctimas de la República, buscar los cuerpos e investigar los crímenes cometidos durante la República. Tuvieron su entierro digno, sus placas en la catedrales y, si eran importantes, sus calles. Aunque muchas veces se dice que la Historia sólo la escriben los vencedores, en el caso de la guerra civil los exiliados seguían escribiendo. La literatura del exilio era rica, porque existía la versión comunista, anarquista, socialista... Eso les debilitaba políticamente, pero historiográficamente, producía una literatura muy rica. También existió una literatura de periodistas partidarios de la República porque era la causa de la democracia contra el fascismo. Y luego hubo historiadores extranjeros que en vida de Franco pudieron hacer un primer intento. Están los libros de Raymond Carr, Gabriel Jackson. Incluso en el periodo en que la dictadura tenía el monopolio existía ya la otra historia.

-¿Y a partir de la muerte de Franco?

-Desde la muerte del dictador ha habido un gran esfuerzo de historiadores de toda España, no sólo universitarios. Lo más rico ha sido la historia local. Aquí en Extremadura ha habido una gran riqueza de trabajos. Francisco Espinosa, José María Lama, Cayetano Ibarra, han producido unas obras de una importancia colosal. Y en los últimos cinco años ha habido un movimiento de recuperación de la Memoria Histórica.

Miedo al silencio

-Es una iniciativa polémica

-Es un movimiento fundamentalmente impulsado por los nietos. Los propios supervivientes se habían acostumbrado, por miedo, al silencio. Y habían acostumbrado a sus hijos a la misma necesidad del silencio. Los nietos no participan de eso. Y son los que han exigido esa recuperación de la Memoria Histórica. Y la crispación que se vive ahora la ha provocado la réplica de unos elementos que se han autodenominado revisionistas. Revisar la historia supone investigar. La historia de verdad está en revisión constante. Lo que ellos hacen no es eso. Me refiero a Pío Moa, o César Vidal. Lo que hacen es reciclar la misma propaganda franquista. Es más divertido para sus lectores porque utilizan las técnicas de la telebasura. Dicen que en Badajoz no pasó nada. Que no hubo masacre, que la culpa fue de los rojos... Con la añadidura de decir que los historiadores serios somos unos cretinos e imbéciles. Añadiendo los insultos parece más divertido.

-En la Transición se hizo un esfuerzo de amnesia colectiva. Ahora parte de la derecha echa en cara a los movimientos de Memoria Histórica que eso es reabrir heridas y que no es necesario.

-Claro que es necesario. La derecha ha podido llorar a sus víctimas. ¿La izquierda no tiene derecho a hacerlo? Lo que yo me pregunto es qué tienen que ocultar quienes dicen que no hay que reabrirlo. ¿Por qué quieren negar el derecho de los familiares de las víctimas a llorarlas? La memoria no significa en absoluto la venganza. El olvido tampoco significa la reconciliación. Es un proceso por el que hay que pasar. Yo creo que la crispación es coyuntural.

-Otro de los argumentos que utilizan esos que se llaman revisionistas es que fue la República la culpable de la guerra.

-La República se estableció en una situación de depresión tremenda. Había cientos de miles de personas al borde de la inanición. Lo que hace la República es intentar remediarlo. El gran error es querer hacer demasiadas reformas a la vez. ¿Qué podían haber hecho para evitar el desenlace final? No hacer la reforma agraria. Los socialistas quieren hacer una gran reforma agraria y también mejorar las condiciones de los trabajadores de minas e industrias. Eso supone ir contra los intereses de latifundistas y banqueros. Y los republicanos quieren quitar poder al Ejército y a la Iglesia. Hacer todo eso a la vez es un orden del día colosal. Es coger España y tirar de ella desde la Edad Media a la Edad Contemporánea.

-Hacer lo que no se había hecho en siglos.

-Claro. Todo lo que no se había hecho durante siglos de Monarquía. Dicho así, el gran error de la República es intentar hacer demasiado a la vez y desafiar a los elementos más poderosos de la sociedad. Con todo eso, lo que hizo la República para mejorar el nivel de vida de los ciudadanos fue grande. Hay elementos muy positivos en la II República.

Más conflictivos

-Extremadura fue un lugar donde se plasmaban esas contradicciones. Y la guerra fue muy dura aquí.

-Efectivamente. Extremadura fue uno de los lugares más conflictivos. Aquí había latifundios y mucha resistencia de los patronos, no ya a la reforma agraria, sino a leyes de mejora de las condiciones de vida. En los primeros meses de la República se hicieron unas leyes que enojaban enormemente a los latifundistas. Se imponía la jornada de ocho horas. Antes los jornaleros trabajaban de sol a sol. Se imponía lo que se llamaba jurados mixtos, unos comités de arbitraje para negociar condiciones de trabajo. Eso indignaba a los señoritos, porque pensaban que quienes trabajaban para ellos eran casi sus esclavos. Se aplicaba lo que se llamaba el decreto de laboreo forzoso. Una de las armas de los latifundistas era no cultivar la tierra, pero se les obligaba a ello. Había otro decreto, el de términos municipales, que decía que no se podía dar empleo a un obrero de fuera del término municipal si antes no tenían empleo los de dentro. Eso les quitaba el arma de traer mano de obra barata de Galicia o Portugal. Eso provoca la oposición de los latifundistas a la República. Mi interpretación no es que el golpe militar fuese una necesidad para acabar con el caos, sino un deseo de acabar con los intentos de reforma que emprendió la República.

 
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