Domingo, 12 de noviembre de 2006
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Franco mandó parar el motor de agua
El invento del extremeño quedó en punto muerto por orden del dictador tras recibir un informe desfavorable de la Escuela de Ingenieros
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Pese a probar y demostrar en numerosas y masivas exhibiciones públicas por toda España que su motor funcionaba con agua, la superioridad mandó ponerlo en punto muerto y olvidarse para siempre del 'invento' del extremeño Arturo Estévez Varela. La orden, al parecer, llegó de la más alta instancia, nada menos que del mismísimo general y caudillo Francisco Franco. El dictador decidió zanjar la polémica entre los que defendían la viabilidad del proyecto y los que sostenían la imposibilidad de que pudiese llevarse a la práctica. Con ese fin encargó a la Escuela de Ingenieros un informe técnico sobre el particular y a la vista del dictamen desfavorable ordenó que no se volviera hablar del asunto, porque «ya se ha hecho bastante el ridículo».

Las implacables leyes de la mecánica y la termodinámica a las que recurrieron los ingenieros desmontaron las teorías de Estévez Varela, aunque para éste no debían ser desconocidas puesto que tenía el título de perito industrial. Para los técnicos superiores el proyecto del motor de agua era materialmente imposible de poner en práctica, al menos tal como entonces se planteaba.

Para los hombres de ciencia el ingenio del extremeño era una pura superchería, uno más de los infinitos intentos por lograr el movimiento continuo o hallar la piedra filosofal. Entre el pueblo, sin embargo, se observaba como una posibilidad para acabar con la dependencia de los combustibles derivados del petróleo. Dentro del escepticismo latía la esperanza en que el motor de agua se haría realidad.

Las exitosas demostraciones que realizó por todo el país hicieron de Arturo Estévez un hombre famoso al que los medios informativos prestaban una gran atención. El extremeño fue invitado en varias ocasiones de un programa que presentaba en TVE Rafael Escamilla, conocido comentarista de motor. La prensa publicaba frecuentes entrevistas con el inventor e informaciones sobre su invento, mientras la radio, pese a que entonces apenas se ocupaba de la actualidad, también dedicaba algún tiempo a esa novedad.

Desde fuera pero también desde dentro del Palacio del Pardo se seguía con vivo interés todo lo relativo al descubrimiento que tantas expectativas suscitaba y que tal vez -¿por qué no?- podía convertir a España en potencia mundial. Desconfiado por naturaleza de lo que decían los medios su excelencia pidió a los Ingenieros Industriales que le aclarasen las ideas y sobre el pronunciamiento técnico no dudó en fusilar el invento.

Fallecido

Después de fallecer en el anonimato, Arturo Estévez Varela ha vuelto a adquirir el renombre que tuvo tres décadas atrás, a raíz del reportaje publicado por HOY en el número del pasado 16 de octubre donde se daba cuenta de que su 'invento', que tanto interés despertó en su momento, era actualmente objeto de investigación por la Universidad de Minnesota y el Instituto de Ciencia Weizmann, en Israel, según la revista NewScientist. El trabajo periodístico ha tenido amplia repercusión en Internet, donde se encuentra reproducido en numerosos sitios, a la vez que es objeto de comentarios en foros y 'blogs' relacionados con las energías alternativas tanto españoles como extranjeros.

Como era de suponer y se predecía en el reportaje el 'padre' del motor de agua no ha vivido para enterarse de la noticia de que su idea parece que está siendo tomada en serio y estudiada a fondo su viabilidad. En efecto, en Sevilla donde residió la mayor parte de su vida murió hace ocho o nueve años Arturo Rufino Estévez Varela -ese es su nombre completo-, nacido en Valle de la Serena el 31 de julio de 1914.

Lo confirma su paisano Diego Godoy Vances, corresponsal de HOY durante muchos años, quien mantuvo una larga relación de amistad con el inventor. «Aunque hacía tiempo que no teníamos contactos, sé que murió bastante mayor en Sevilla, donde tenía su casa en el número 9 de la calle Harinas. Tenía hijas, creo que dos aunque no lo puedo precisar», comenta Godoy.

Nuestro informante ha seguido de cerca las andanzas de su paisano, de algunas de las cuales dio cumplida cuenta a través de HOY, y también fue testigo excepcional en la primera prueba pública del motor de agua en Valle de la Serena. A este acontecimiento Diego Godoy dedica varias páginas en su libro de crónicas de Valle de la Serena.

Hasta sus apariciones en la televisión y en los periódicos en el pueblo pocos se acordaban de Arturo Estévez, de ahí que sorprendiera las constantes referencias que éste hacía a su lugar de nacimiento en las entrevistas que se le hacían. Había pasado mucho tiempo desde que abandonó el Valle por motivos de estudios. Pero hurgando en la memoria se supo que tan famoso personaje era el hijo de Balbino Estévez, natural de Llerena, quien en los primeros años del siglo XX llega al pueblo como mecánico montador de la fábrica de harinas, aunque otros cronistas afirman que trabajó como técnico en las minas de wolframio San Nicolás existente en este pueblo.

Sea lo que fuere, el señor Balbino gozó de cierta popularidad, a la que pudo contribuir el espectacular mostacho que lucía y que, según refiere Diego Godoy, dio lugar a coplas como la siguiente:

Bigote tiene Balbino,

bigote tiene Moisés

y el hijo de la Canuta

también lo quiere tener

Como muestra de gratitud por la publicidad que Arturo Estévez hacía de Valle de la Serena, y ante las posibles ventajas que pudiera obtener la localidad en caso de prosperar el motor de agua, el por entonces alcalde, Pedro Martínez Cortés, invitó al inventor a visitar el pueblo.

Arturo Estévez acepta gustoso el ofrecimiento y el 10 de mayo de 1970 regresa a su pueblo natal. Fue un día memorable, domingo por más señas, pues «los mayores que recuerden esa jornada la asimilarán a una de las de mayor solemnidad y esplendor vividas en esta localidad», relata Diego Godoy.

Desde el Ayuntamiento se había animado a los vecinos a dar el recibimiento que merecía tan ilustre personaje. Pocos faltaron, e incluso de localidades vecinas fueron muchos los que se desplazarían, para ver de cerca al hombre que podía cambiar el mundo con su invento.

Despliegue de HOY

Atento como siempre a la actualidad de Extremadura, el diario HOY no podía estar ausente del acontecimiento y para informar del mismo destacó en Valle de la Serena como enviados especiales a Gonzalo Fausto, redactor, y Alberto González, fotógrafo. Un despliegue poco usual reservado a sucesos de relevancia.

Con algún retraso sobre la hora anunciada, las 9.30 de la mañana, hizo su entrada en Valle de la Serena Arturo Estévez acompañado de su esposa, María Tejerina Junquera. El vecindario que abarrotaba la plaza y los alrededores le aguardaba expectante.

Tras el protocolario recibimiento y la misa de rigor, el ilustre visitante y la comitiva se trasladaron al local de la 'Era' donde el inventor iba a pronunciar una conferencia sobre las misiones espaciales de la NASA. Al final se le ofreció un banquete.

Para corresponder a la acogida que había tenido Estévez anunció que la primera prueba de su invento tendría lugar en Valle de la Serena en la fecha que oportunamente se anunciaría. Desde numerosos puntos de España y del extranjero se recibieron peticiones para poder asistir al acontecimiento.

Tras algunos aplazamientos, Estévez comunica que la gala de presentación del motor de agua se llevaría a cabo en dos días. La precipitación impidió que pudieran asistir los numerosos interesados en presenciar la puesta en marcha.

Fue también un domingo, el 29 de abril de 1971 cuando miles de ojos, entre asombrados y expectantes, vieron sobre un estrado un pequeño motor de explosión al que se le había adoptado una especie de globo y un reducido recipiente en su interior. En él se vertió un litro de agua de la que previamente había bebido un niño.

Tras algunas manipulaciones y de algunas intermitentes explosiones el motor se puso en marcha. El inventor acercó su nariz al tubo de escape y aspiró el gas que salía para exclamar ante la sobrecogida concurrencia: ¿oxígeno!.

 
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