Lunes, 16 de octubre de 2006
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El revolucionario invento de un extremeño cobra actualidad 30 años después
Investigadores israelíes y norteamericanos trabajan en el desarrollo del 'motor de agua', la idea de Arturo Estévez Varela que no llegó a triunfar
El revolucionario invento de un extremeño cobra actualidad 30 años después
Arturo Estévez en Sevilla presena cómo un colaborador vierte agua de un botijo
El revolucionario invento de un extremeño cobra actualidad 30 años después
Imagen del inventor Arturo Estévez
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FICHA
La idea de motores propulsados por hidrógeno no es nueva. Existen proyectos como los de Millenium, una compañía dedicada al desarrollo de sistemas de energía en base al hidrógeno.

Pero también la industria automotriz trabaja sobre esta idea. La compañía japonesa Samsung, por ejemplo, diseñó un prototipo de una motocicleta en base a este concepto.

Contrariamente, la firma DaimlerChrysler decidió suspender un proyecto en 2003 argumentando dificultades para dar la infraestructura necesitaría a este automóvil en un ambiente eficiente y ecológico, según dijo. La compañía indicó que prefiere concentrar sus esfuerzos en automóviles que funcionen con hidrógeno comprimido porque ya hay estaciones de abastecimiento de este gas en algunas partes del mundo.

Se sabe también que la compañía estadounidense PowerBall Technologies espera conseguir una máquina que vaya alimentándose de hidrógeno liberado de un tanque de agua gracias a unas pelotitas plásticas cargadas con sodio.

La empresa israelí Engineuity promete tener un prototipo en tres años cuyos costos de funcionamiento serán comparables a los de un automóvil cuyo motor funciona con combustible convencional derivado del petróleo. Lo que hay que hacer es cambiar el combustible, por la necesidad ambiental de reducir los gases de efecto invernadero y el agotamiento que va ocurriendo con el petróleo y el gas natural.

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Muy probablemente, a estas alturas Arturo Estévez Varela, no vivirá para leer la información de la revista NewScientist según la cual investigadores israelíes y norteamericanos llevan a cabo un proyecto conjunto para hacer realidad el revolucionario invento que el inventor extremeño ideó hace ya más de tres décadas. El 'motor de agua', que entonces parecía imposible que pudiera funcionar y fue acogido con desdén y escepticismo, no parece ahora una utopía y ya empieza a verse factible.

Pese a las numerosas pruebas que realizó por toda España ante auditorios repletos de personas Estévez no logró vencer los recelos de los científicos y técnicos. Pocos de los entendidos en la materia admitían que un motor que utilizaba agua, a la que se añadía un producto nunca revelado, pudiera servir de combustible y ser capaz de producir la energía suficiente para poner en movimiento un vehículo.

Pero lo cierto es que el motor se ponía en marcha en cuantas exhibiciones realizó para demostrar la viabilidad del invento. Su creador, nacido en Valle de la Serena en 1914, alcanzó la notoriedad y se hizo popular entre la gente llana. La mayoría pensaba que el motor de agua era técnicamente viable, pero el poderoso 'lobby' del petróleo impidió su desarrollo.

Entre las muchas teorías que, en su momento, circularon sobre el tema una de ellas era que la patente del motor de agua le fue comprada al inventor y arrinconada ante la amenaza que suponía para un sistema basado en el 'oro negro' que mueve dinero a raudales.

Sin rastro

¿Verdad o mentira? No se sabe. Pero sí es cierto que en la Oficina de Patentes y Marcas del Ministerio de Industria no existe referencia alguna al 'motor de agua' de Arturo Estévez. Entre los registros sí aparecen algunas versiones parecidas, pero no se corresponden con la del inventor extremeño.

Tras un período de gran actividad con presentaciones por toda España y frecuente aparición en los periódicos, Arturo Estévez desapareció de la escena pública y nada ha vuelto a saberse de él porque nadie ha vuelto a ocuparse del tema que durante mucho tiempo estuvo en candelero.

Las gestiones hechas desde HOY para su localización han resultado infructuosas. Su rastro parece haberse borrado. De existir todavía, contará 92 años, pero no hemos logrado saber dónde ha residido en los últimos tiempos. De Valle de la Serena se traslada a Madrid para posteriormente afincarse en Sevilla con su esposa y cinco hijos. Arturo Estévez realizó estudios de peritaje mercantil, fue jefe de taller mecánico y jefe de fábrica, entre otras ocupaciones. Pero lo que realmente le atraía era la invención, a la que se dedicó por entero durante unos años.

Su lista de patentes comenzó en 1931 y se alargaría hasta casi el centenar en el transcurso de los años. En los certámenes internacionales que se organizan para dar a conocer los inventos Arturo Estevez llegó a conseguir dos medallas de plata. Una por un 'purificador de gases contaminantes' y otra por su 'Sistema para recuperación de helicópteros en caso de avería' por el que, al parecer, se interesó a la NASA.

Pero su creación estrella, la que le proporcionaría la fama, fue el 'motor de agua', aunque, lejos de enriquecerle, le supuso enormes gastos que, en su momento, cifró, en 9 millones de pesetas. Su idea de mover un motor a base de agua corriente era considerada absurda por imposible.

Aditivo secreto

Su creador, sin embargo, demostraría una y otra vez la efectividad de su artilugio. En realidad, como insistía en precisar, no se trataba de un motor de agua, sino de un generador de hidrógeno a partir del agua que se suministraba junto con un reactivo cuya composición Estevez nunca reveló.

Según afirmaba, con dos litros y medio de agua y un kilo de su «producto secreto» se conseguían tres metros cúbicos de hidrógeno. «Es decir, tantas calorías como las que producen nueve litros de gasolina de 96 octanos. Pero mi hidrógeno cuesta menos de diez pesetas», declaraba Arturo Estévez en una entrevista recuperada del archivo de HOY que no ha sido publicada.

Con ese combustible el inventor circuló con una motocicleta, a la que se le había sustituido el depósito de gasolina por el generador, en la prueba que durante dos horas se realizó en la plaza de España de Sevilla. Numerosas personas fueron testigos de que «aquello tiraba».

 
Vocento

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