La Soledad ve un «expolio» en el traslado de la azulejería de Santo Domingo al Museo Catedralicio

La azulejería talaverana, en una sala del Museo Catedralicio. :: palma/
La azulejería talaverana, en una sala del Museo Catedralicio. :: palma

La cofradía niega que la sacristía de San Vicente Ferrer esté en ruinas y reclama el regreso del retablo talaverano a su ubicación original

Claudio Mateos
CLAUDIO MATEOSPlasencia

La junta capitular de Cofradía de la Soledad y el Santo Sepulcro acordó el miércoles en una reunión urgente hacer pública su «indignación» por el traslado al Museo Catedralicio del gran retablo de azulejos talaveranos del siglo XVI que se encontraba en la sacristía del templo cofrade de San Vicente Ferrer (conventual de Santo Domingo), una vez que ha sido restaurado por la Junta de Extremadura.

La Soledad considera este traslado un «expolio», ya que la Ley de Patrimonio de Extremadura establece que cuando se restaura una pieza debe ser devuelta a su lugar de origen «salvo que el edificio esté en ruina o muestre estado de derrumbe», condiciones que, a juicio de la cofradía, no cumple la sacristía de Santo Domingo.

En su escrito de protesta, La Soledad mantiene que el retablo fue sacado de Santo Domingo hace algo más de un año para proceder a su restauración «con nocturnidad y alevosía», lo que califica como «una acción innoble para que las cofradías no conociesen el día y la hora, y con la presunta connivencia del presidente de la Unión de Cofradías, que seis meses después informó de ello a la comisión permanente de la Unión». Asegura además que el hecho de que la puerta de la sacristía se mantuviera cerrada respondía a una «estrategia» para que las cofradías no pudieran informar de las goteras y el embalsamiento de agua que se producía cuando llovía, y reforzar así el argumento que se ha usado finalmente para llevarse el retablo, que ha sido el peligro que corría su correcta conservación a causa de la humedad.

Según La Soledad, «se repite la misma estrategia que se hizo con el friso de azulejos de la ermita de San Lázaro, que la cerraron por las inundaciones y goteras, restauraron el friso de azulejos y los llevaron en depósito a San Martín, y cuando la ermita se abrió de nuevo al culto los azulejos se llevaron al Museo Catedralicio», al igual que se ha hecho ahora con los de Santo Domingo.

En todo caso, esta cofradía espera que una vez que se acondicione la sacristía de Santo Domingo el retablo vuelva. Esa es la intención que ha manifestado el Obispado a través de su delegada de Patrimonio, Mercedes Orantos, quien el lunes dijo que la instalación del retablo en el Museo Catedralicio es «totalmente reversible», y aseguró que el único motivo del traslado ha sido el afán por «salvaguardar» un patrimonio valioso que estaba en peligro.

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