La historia en imágenes de un icono placentino

Imagen del solar que compró Caja Plasencia en los años cuarenta, donde hoy se levanta el hotel. :: palma/
Imagen del solar que compró Caja Plasencia en los años cuarenta, donde hoy se levanta el hotel. :: palma

El establecimiento fue durante décadas la gran referencia para eventos sociales y un punto de reunión de las fuerzas vivas de la ciudad Un antiguo empleado reúne en una exposición 150 fotografías que repasan 60 años del hotel Alfonso VIII

Claudio Mateos
CLAUDIO MATEOSPlasencia

Cualquier placentino de cierta edad conoce la importancia ha tenido el hotel Alfonso VIII como icono de la vida social de la ciudad. Desde su inauguración en 1951 y durante varias décadas ha hospedado a multitud de personalidades y acogido muchos de los eventos más importantes que se han celebrado en Plasencia. Toda esa historia, y la de la gente que ha trabajado allí, es la que repasa un antiguo empleado del hotel, Domingo Rubio Gámez, en una exposición fotográfica que inauguró el viernes por la noche y que podrá verse en la cafetería del Alfonso VIII hasta el día 4 de marzo.

Para Domingo Rubio los 13 años que fue camarero en 'el Alfonso' entre 1965 y 1978 son uno de los orgullos de su vida. «Trabajar en el Alfonso VIII daba un nivel y una prestancia que luego se quedaban asombrados en otros sitios», señala. Él lo comprobó cuando se marchó a Mallorca a finales de los setenta y sus nuevos jefes vieron la manera que tenía de desenvolverse en el oficio. «Se admiraban de que en un pueblo en el que no había casi nada pudiéramos haber aprendido esa profesionalidad», recuerda, al tiempo que destaca la importancia social que en la Plasencia de la época tenían el hotel y lo que en él ocurría.

No es el único que lo piensa. «Bien podría ser el Hotel Alfonso VIII fuente de inspiración para incontables expresiones de la vida placentina durante más de medio siglo», apunta en el folleto de la exposición Gonzalo Sánchez-Rodrigo, quien conoció de primera mano el funcionamiento de este lugar durante su larga etapa en la obra social primero de la Caja de Ahorros de Plasencia, la institución que lo construyó, y luego de Caja Extremadura, que lo siguió gestionando hasta que, tras la fusión en Liberbank, cedió la explotación en 2014 al grupo hotelero Hotusa, aunque el banco sigue conservando la propiedad del inmueble.

Sánchez-Rodrigo destaca la importancia del Alfonso VIII, conocido durante muchos en Plasencia simplemente como 'el Hotel', como «signo distintivo» de la ciudad, donde tuvo por varias décadas «una importante relevancia social».

Dentro de ese rol de lugar de encuentro y referencia ocupaba un lugar destacado la barra del bar, que Sánchez-Rodrigo recuerda «discretamente apartada de la instalación y de los salones», y donde se reunían las «fuerzas vivas» de la ciudad a la hora del vermut. «Lo mismo se programaban partidas de caza mayor, se 'filtraban' las decisiones del Consejo de la Caja, o se ponía la semilla de propósitos colectivos como la creación del Centro de Iniciativas Turísticas o del Club Náutico 'Gabriel y Galán'», apunta sobre este «lobby pequeño burgués» que «procuraba igualmente intereses propios como proyectos de interés general», y que tenía en el bar del Alfonso VIII uno de sus espacios habituales de reunión.

Entre las fotos recopiladas por Domingo Rubio el bar es uno de los lugares de referencia, y de hecho recuerda bien la presencia de aquellos hombres, algunos de los cuales «se enfadaban muchísimo» si al llegar veían que su mesa habitual estaba ocupada por algún extraño.

Pero además de los espacios físicos, en la muestra ocupan un lugar central los trabajadores que han pasado por el Alfonso VIII a lo largo de más de medio siglo. No están todos, pero sí una parte importante de quienes contribuyeron a la fama de «seriedad y rigor profesional» que, como apunta Gonzalo Sánchez-Rodrigo, tenía el hotel. Domingo Rubio lo corrobora: «Echábamos muchas horas, prácticamente vivíamos aquí, pero estabas a las órdenes de unos grandes profesionales que de verdad te enseñaban a trabajar».

Durante sus 13 años de servicio en el hotel Domingo Rubio tuvo ocasión de atender a todo tipo de personalidades, desde políticos como Manuel Fraga Iribarne hasta artistas como Lola Flores o Paco Rabal, sin contar a todos los toreros importantes de la época, ya que una de las señas de identidad del Alfonso VIII es que desde su apertura ha sido el hotel donde se han vestido los matadores que han toreado en Plasencia. «Anécdotas con los famosos hay muchas, pero a mí se me ha quedado Espartaco Santoni, que venía mucho y siempre había que tenerle preparado un plato de cebolla frita que se comía sola, sin acompañarla de nada más», recuerda entre risas.

Las cerca de 150 instantáneas que componen la exposición recorren el periodo desde la apertura en 1951 hasta aproximadamente el año 2010.

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