De feria comercial a pura diversión

Charanga 'Los Pocapena' durante las ferias en la Plaza Mayor de Plasencia en los años setenta. :: palma/
Charanga 'Los Pocapena' durante las ferias en la Plaza Mayor de Plasencia en los años setenta. :: palma

La cronista oficial de la ciudad relata la evolución de un evento que ha ido variando de fechas y quedó fijado en el mes de junio hace casi 130 años Plasencia celebra a partir del miércoles unas fiestas con seis siglos de historia

Claudio Mateos
CLAUDIO MATEOSPlasencia

Como pasa en muchas ciudades españolas, las ferias de Plasencia tienen un origen comercial que con el paso del tiempo ha ido derivando en un acontecimiento puramente lúdico. Sin embargo no todas pueden presumir de contar con una historia documentada que se remonta hasta el medievo. La exposición en el Archivo Municipal de un cartel de ferias de 1935 como documento del mes ha sido la ocasión perfecta para que la archivera y cronista oficial de Plasencia, Esther Sánchez Calle, repase la evolución que han ido experimentando con el transcurso de los siglos las ferias más importantes del norte extremeño.

No es nada extraordinario que, como relata la cronista, estas fiestas tenga un origen difuso que se remonta a un gran mercado anual que se celebraba en Plasencia, al que acudían muchos mercaderes que comerciaban con todo tipo de género, en especial productos agroganaderos. Pero sí es menos habitual que exista un documento del 18 de diciembre de 1469 -recogido por la profesora de Historia Medieval Gloria Lora Serrano en su libro 'Ordenanzas municipales de la ciudad de Plasencia'- en el que el duque Álvaro de Zúñiga o Estúñiga concede unas ordenanzas en las que la fecha del mercado, que hasta entonces se celebraba durante 20 días del mes de mayo, pase a ser del 25 de noviembre al 15 de noviembre.

El que fue primer duque de Plasencia no especificaba en su provisión los motivos de este cambio, pero sí los lugares donde debían situarse los mercaderes en función del género que vendían. Así, como apunta Esther Sánchez, los de paños tenían que estar en la calle del Rey, y los joyeros, merceros, buhoneros, cinteros, especieros y cordoneros en la Plaza Mayor. El caso es que el gran mercado anual de la ciudad fue confirmado por los Reyes Católicos en 1494 y se siguió celebrando en esas fechas durante los siglos siguientes con un carácter tan solo comercial, sin atisbo de elementos lúdicos. El privilegio fue sancionado por los reyes posteriores y ratificado por Felipe V en 1725.

La cronista oficial señala no obstante que la feria placentina «debió de ir languideciendo», puesto que un documento de 1803 dice de ella que «no es grande el tráfico que se hace; antes era mayor el concurso y el comercio». Indica incluso que es posible que se dejara de celebrar unos años durante la Guerra de la Independencia.

Fue durante el conocido como Trienio Liberal, de 1820 a 1823, cuando se concedió a Plasencia una feria los días 10, 11 y 12 de mayo, pero la concesión se revocó al regresar el absolutismo en 1823. En 1827 reapareció el antiguo privilegio de la feria de 20 días, que se había extraviado, lo que dio pie a que los dirigentes locales solicitase la «renovación del privilegio y cambio de días y tiempo en que se hace».

De este modo, a partir de 1834 las ferias de Plasencia oscilaron entre mayo y junio, aunque también se llegaron a celebrar algunos años en agosto. Los cambios, como explica Esther Sánchez, solían obedecer a «criterios económicos», siempre en busca de una mayor afluencia de ganaderos y visitantes.

Durante la segunda mitad del siglo XIX la feria empieza a acortarse en número de días y aparecen los primeros elementos lúdicos. Un punto de inflexión en ese sentido lo marca la construcción de la plaza de toros en 1882, que supone una atracción de primer orden para la llegada de visitantes. También aparecen las bandas de música, barracas de atracciones y hasta fuegos artificiales, y contribuye de manera decisiva la llegada a la ciudad del ferrocarril a finales del siglo XIX. En 1889 la feria se fija para los días 13 y 14 de junio, unas fechas que, semana arriba o abajo, se han mantenido ya hasta la actualidad.

Con el siglo XX se van incorporando cada vez más elementos de diversión, como la novedad del cinematógrafo, que en 1908 llegó a sustituir a los fuegos artificiales. Luego irían llegando las actividades deportivas, las atracciones de feria cada vez más grandes y sofisticadas, un importante concurso hípico en La Isla en los años sesenta, y a partir de los setenta las charangas y las casetas. Así hasta el día de hoy, en que el comercio se reduce a los puestos de venta ambulante y el componente lúdico es ya el único que existe, como se podrá comprobar un año más a partir del próximo miércoles, día del pregón y el chupinazo.

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