«Centrifugados ha sido un regalo para Plasencia»

Juan Ramón Santos con un ejemplar de 'El verano del endocrino', su tercera novela. :: andy solé/
Juan Ramón Santos con un ejemplar de 'El verano del endocrino', su tercera novela. :: andy solé
Juan Ramón Santos, escritor y coordinador de la concejalía de Cultura

El autor placentino publica 'El verano del endocrino', novela con la que quedó finalista del último Premio Nadal

Claudio Mateos
CLAUDIO MATEOSPlasencia

Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975) es una referencia indudable de las artes placentinas, no sólo por su trabajo como coordinador del área municipal de cultura y director del teatro Alkázar, sino también por su faceta de autor, a la que regresa con la publicación de 'El verano del endocrino' (Baile del Sol), novela con la que ha sido uno de los seis finalistas de la última edición del Premio Nadal.

-Queda finalista del Nadal y se habían presentado más de 350. Todo un logro, ¿no?

-Hombre, resulta llamativo, y la gente enseguida echa las campanas al vuelo cuando lo comento por ahí. Los premios en general tienen una mecánica rara y uno nunca sabe muy bien cómo funcionan. Estos premios comerciales siempre se tiene la sospecha de que buscan más los intereses de la editorial que los convoca que otra cosa.

-Pero aun así usted se presenta y ha quedado finalista.

-Me presento, pero sobre todo por si dentro de esos comités de selección alguien lee la novela y de repente le interesa. Haber llegado a la final me resulta curioso. El año anterior esta misma novela había llegado a una especie de previa del Herralde, entre 16 de 200 o 300. Eso te da que pensar que la novela está bien, aunque tampoco sabe uno realmente qué grado de excelencia tiene, por decirlo de alguna manera.

-Al igual que en las anteriores, el escenario de 'El verano del endocrino' es un territorio imaginario pero resulta fácil identificarlo con el norte extremeño.

-Sí, la idea de las tres novelas que he publicado, así como de otras que he escrito y no he publicado, y de otras que tengo en mente, es crear algo así como una especie de ciclo de Aracia. Todas están ambientadas en ese territorio ficticio que creé en la primera y que se sitúa en torno al que llamo río Cárdeno. Intento que cada novela ofrezca nuevos elementos con respecto a la anterior y vaya completando ese ciclo de alguna manera. Así, en 'El tesoro de la isla' aparecía una aldea a la que el protagonista iba en verano, Labriegos, y que es donde se desarrolla esta nueva novela. A esa aldea llega un tipo a quien nadie conoce, al que empiezan a llamar el Endocrino por un simple rumor, y que se convierte en una especie de detective que resuelve pequeños misterios del pueblo.

Referencias

-¿Quiénes son sus lectores de referencia? Me refiero las personas a las que da a leer el manuscrito y en cuyo criterio confía a la hora de hacer cambios.

-No hay tantos, porque para algo de ese tipo hay que tener mucha confianza. A mí siempre me lee antes mi mujer, que es una crítica muy dura y siempre me ha dado mucha caña, y suele leerme siempre Gonzalo Hidalgo. De hecho esta novela la escribí dos veces, porque el primer borrador tuvo una estructura muy experimental, con cada capítulo más largo el anterior en una especie de sucesión numérica, una técnica que sirvió para tirar de la novela pero luego vimos que condicionaba demasiado la trama. Es una reescritura que se debe a la lectura de los amigos, y también a la de uno mismo después de dejar el texto reposar en el cajón un tiempo.

-La idea de arranque de un extraño solitario que llega a un pueblo o a una ciudad es muy de Gonzalo Hidalgo.

-Pues sí, y es curioso porque aunque la novela tiene una especie de guiño a 'Nemo' [última novela de Gonzalo Hidalgo, publicada en 2016), yo la había comenzado a escribir antes. Sí quizás tiene más referencias a 'Paradoja del interventor' [Gonzalo Hidalgo, 2004], porque aunque la suya es en una ciudad y la mía en un pueblo, sí que trata un poco del hombre que llega. Sí que hay en 'El verano del endocrino' algo de ese «síndrome del forastero», como le ha llamado el propio Gonzalo, aunque sólo en la primera parte de la novela, en la que parece una especie de protagonista de la historia del pueblo, pero no ya en la segunda. Sí, es evidente que tiene influencias porque Gonzalo es uno de mis escritores de referencia.

-¿Está confirmado que habrá una segunda edición de 'El tesoro de la isla'?

-Sí, y estoy contento. Es la primera vez que un libro de los que he publicado alcanza una segunda edición. Dije que es mi 'best-seller' particular, de broma, porque ya sabemos que estos libros tienen unas tiradas muy pequeñas, pero sí es cierto que ha tenido un ritmo de ventas constante y lo han ido poniendo como libro de lectura en algunos de colegios de Plasencia y también de fuera. Eso hace que todos los años tenga una pequeña venta y que se haya acabado la primera edición.

-¿Qué le ha parecido el anuncio de que Centrifugados se marcha de Plasencia? A usted le afecta directamente como coordinador de la concejalía de Cultura.

-Pues una sorpresa desagradable, la verdad. Cuando Chema Cumbreño nos propuso traerlo nos pareció un regalo para Plasencia, aunque lo cierto es que vino porque en otros sitios no le habían hecho mucho caso. Por una parte lo comprendo perfectamente en el sentido de que la burocracia es agotadora y entiendo su cansancio y que quiera dejarlo. Si es así, lo respeto, y lo de que se vaya a Cleveland me parece maravilloso, que repente un festival así pueda tener una pequeña réplica en Estados Unidos. Lo que me parecería una deslealtad sería que Centrifugados siguiera cerca de aquí sin habernos dado la oportunidad de mantenerlo en Plasencia, porque además me consta que se le ha ofrecido, incluso desde antes de esta edición, mejorar las condiciones para hacérselo todo más fácil, tanto con aportación de dinero como teniendo a alguien del área de Cultura del Ayuntamiento que le pueda ayudar con esa parte de la intendencia que es tan agotadora. Ahora la pelota está en el tejado de Cumbreño y él tendrá que decidir. Sí que me ha parecido además un pelín precipitado, porque a lo mejor no había necesidad de anunciarlo tan radicalmente justo al final del encuentro.

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