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Un incentivo para seguir estudiando

Los alumnos premiados posan con la bandera gitana junto a la concejala de Servicios Sociales tras el acto de entrega. :: andy solé
Los alumnos premiados posan con la bandera gitana junto a la concejala de Servicios Sociales tras el acto de entrega. :: andy solé
  • Los alumnos gitanos más comprometidos con su educación reciben cada año un reconocimiento público

  • El programa de Minorías Étnicas pretende que el acto sirva como refuerzo y ejemplo para los demás estudiantes y familias, y reducir así el abandono

Rubí y Susana Vázquez Prado son dos hermanas que cursan cuarto de primaria en el colegio público Ramón y Cajal. Sus profesores dicen de ellas que son responsables y alegres, con muy buena disposición por aprender, y que además muestran un notable interés por las actividades propuestas por el colegio. Los docentes también destacan que sus padres, Ángel y Fátima, están involucrados en el progreso académico de sus hijas, asisten a las reuniones con los tutores y mantienen una muy buena relación con el profesorado.

Esta descripción de una familia plenamente implicada en la actividad escolar de los hijos sigue sin ser la norma entre la población gitana, y de ahí que Rubí y Susana sean dos de las alumnas placentinas de esta etnia que han visto reconocido su esfuerzo en el acto de entrega de reconocimientos a estudiantes gitanos que se ha llevado a cabo esta semana en Servicios Sociales.

Junto a ellas dos se ha reconocido el trabajo de Alba Suárez Jiménez, que cursa sexto de primaria en el colegio La Paz, a quien sus maestros definen como «trabajadora, ordenada y con mucho interés por las clases». También a Mirella Vargas Montaño, de sexto de primaria en el colegio San Miguel, por ser «muy constante, con ganas de aprender, muy educada y amable con todos», y a Coraima Vázquez Vázquez, que estudia primero de ESO en el IES Santa Bárbara, de quien los docentes alaban que asiste siempre a clase, y tiene buena actitud y unos padres implicados.

El Ayuntamiento y el programa de Minorías Étnicas han querido reconocer también a Fernando Jiménez Manzano, que sus 31 años y con un hijo ha decidido retomar su formación «para consolidar conocimientos y seguir aprendiendo». Con este objetivo asiste todos los martes y jueves, sin excepción, al aula de formación del colegio La Paz. Una situación parecida es la de Santa Fernández Damota, que acaba de ser madre pero aun así no falta a las clases de preparación de exámenes para obtener el título de enseñanza secundaria. A ella se le entregó el reconocimiento en representación de un grupo de jóvenes gitanos que desde el curso pasado se matricularon en educación secundaria para adultos, con «muy buenos resultados» en los exámenes de junio. Se trata de Raquel Suárez, Noemí Vargas, Azahara Vargas, Remedios Suárez, Coraima Vargas, Damaris Vargas, Miriam Vargas y Eva Fernández.

Luis Olivera es el coordinador del programa de Minorías Étnicas, que funciona gracias a un convenio entre el Ayuntamiento de Plasencia y la Federación de Asociaciones Gitanas de Extremadura (Fagex). Explica que estos reconocimientos a alumnos gitanos se entregan cada año porque sirven de «refuerzo» tanto para ellos como para el resto de un colectivo en el que, si bien el absentismo escolar en primaria es ya residual, sí presenta una tasas de abandono muy elevadas a edades tempranas en cuanto los alumnos acceden a la educación secundaria.

«En primaria ahora mismo no existe el absentismo en Plasencia entre la población gitana salvo casos muy puntuales, -señala Olivera- pero en cambio nos encontramos con que, por ejemplo el curso pasado, sólo ha habido una chica que haya terminado la ESO, y es que aquí no tenemos a ningún alumno gitano en Bachillerato ni en ninguna carrera universitaria». El problema no es que abandonen los estudios nada más terminar el colegio, porque de hecho todos se matriculan en la ESO y empiezan a ir al instituto, pero unos antes y otros después, prácticamente todos acaban dejándolo en los primeros cursos.

El técnico apunta que el motivo de este abandono temprano de los estudios es sobre todo «cultural». «Tanto los chicos como las chicas, una vez que llegan a determinada edad, empiezan a tener ya otras prioridades que pasan por buscar una pareja y empezar a pensar en formar una familia», indica. Se trata de una dinámica muy poderosa y muy arraigada en la tradición. Desde el programa de Minorías Étnicas se han puesto en marcha actividades que buscan cambiar esa tendencia, como los talleres de referentes educativos, que imparten en los institutos de Plasencia universitarios gitanos de otras localidades. También funcionan, con un éxito notable, dos aulas de refuerzo que se llevan a cabo en las asociaciones vecinales Río Jerte y Unadata, a las cuales asisten cerca de 70 personas entre escolares y adultos. Las imparten dos voluntarias y dos trabajadores contratados por la Fagex y la Asociación Gitana de Plasencia.

En los seis años que lleva coordinando el programa de Minorías Étnicas, Luis Olivera asegura que se han producido «mejoras», en el sentido sobre todo de que se está consiguiendo una mayor sensibilización por parte de las familias gitanas hacia la importancia de que sus hijos reciban una educación adecuada y lo más completa posible. Queda sin embargo mucho por hacer, sobre todo de cara a que la práctica totalidad de los alumnos siguen abandonando los estudios antes de finalizar la enseñanza obligatoria.