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Las pintadas del Alkázar

Un trabajador del teatro observa una pared llena de pintadas en la que destaca un dibujo realizado por el grupo Tennessee. :: andy solé
Un trabajador del teatro observa una pared llena de pintadas en la que destaca un dibujo realizado por el grupo Tennessee. :: andy solé
  • Los artistas que han pasado por el teatro dejaron entre bastidores cientos de firmas, dedicatorias y dibujos

Las entrañas del teatro Alkázar guardan una curiosidad que permanece oculta a los espectadores y que se ha convertido ya en un pedazo de la historia de este recinto. Son las cientos -quizás miles- de pintadas que se encuentran entre bastidores, en la zona de los camerinos, y que muchos de los actores, músicos, compañías, grupos y artistas de todo tipo han ido dejando allí a lo largo de los años.

Les llamamos pintadas, pero hay de todo: dedicatorias, poemas, dibujos, firmas, citas célebres y hasta reivindicaciones políticas y alguna que otra palabra soez. Han dejado su impronta en las paredes interiores del Alkázar desde artistas famosos hasta niños de las obras escolares, la mayoría en español, pero también en otros idiomas. Se puede decir que sobre estos muros se encuentra una gran parte de la historia del teatro desde su reapertura tras la gran remodelación a la que fue sometido a finales de los años noventa.

Resulta emocionante descubrir juntas en uno de los rincones las dedicatorias de dos artistas hoy fallecidos que fueron de los primeros en dejar sus firmas en las paredes, en el año 1999. Son las del mago Pepe Carrol y el actor Juanito Navarro, que tantas ferias de Plasencia amenizó con sus espectáculos cómicos. Hay muchos más nombres conocidos, o que lo fueron en su momento, como los de Josema Yuste, Hilario Camacho, Rody Aragón, Eloy Arenas, Remedios Cervantes, Javier Veiga o el cantante placentino Paco Arrojo, grupos como Golden Apple Quartet, Académica Palanca, El Desván del Duende, Acetre o Teneessee (con un gran dibujo de sus cuatro componentes) y un sinfín de compañías nacionales e internacionales de teatro, danza, musicales y todas las artes escénicas imaginables.

El director del Alkázar, Juan Ramón Santos, señala una de las pintadas a las que más cariño tiene el personal del teatro. Se trata de una de marzo de 1999, firmada por el actor placentino Chema Trujillo, en la que se inmortaliza el primer lleno absoluto de público que hubo el teatro tras la remodelación, con la obra 'Crimen perfecto', algo nada fácil en un recinto de más de 700 butacas que se encuentra en una ciudad del tamaño de Plasencia. Muchos de los mensajes son felicitaciones y agradecimientos al personal del Alkázar, piropos a la ciudad de Plasencia y, cómo no, declaraciones de amor al arte del teatro y a sus gentes. «El teatro es la capacidad que tienen los hombres de transformar los sueños en realidad», reza una inscripción de 2005 cuya firma resulta ilegible.

Prohibición

«El problema es que llegó un momento que algunos se empezaron a pasar de la raya y hubo que cortar», apunta Santos. Comenzaron a aparecer dibujos y expresiones de mal gusto que no respetaban el espíritu de la tradición, y además lo cierto es que las pintadas empezaban a amontonarse unas sobre otras, desde el suelo hasta el techo, y apenas quedaba espacio. Los responsables del teatro optaron entonces por colocar un cartel avisando de que quedaba prohibido escribir y dibujar en las paredes, aunque tuvieron la precaución, el detalle, y quizás la visión histórica, de colocar unos paneles de metacrilato sobre las pintadas que ya existían con el objeto de conservarlas para la posteridad. No obstante, algunas, las que había en la parte baja de las paredes, se perdieron al pintar de nuevo el zócalo. En caso de incumplimiento se hace responsable a la empresa organizadora del espectáculo, pero en la práctica no se han tomado medidas contra ninguna de ellas.

Lo cierto es que desde que se adoptó esta medida la situación está más controlada y el número de pintadas se ha reducido de manera considerable, aunque sigue habiendo quienes se resisten a las prohibiciones y han comenzado a escribir y dibujar sobre el metacrilato. Juan Ramón Santos se lo toma con humor, porque en el fondo a él le gusta esta especie de tradición que se han implantado con los años entre los artistas que visitan el Alkázar.