Hoy

Medio año de sede vacante

Amadeo Rodríguez junto a José María Gil Tamayo (izquierda), cuyo nombre aparece en las apuestas. :: efe
Amadeo Rodríguez junto a José María Gil Tamayo (izquierda), cuyo nombre aparece en las apuestas. :: efe
  • La institución eclesiástica recuerda que la elección del sustituto es un «largo y complejo proceso» en el que no se manejan fechas concretas

  • La diócesis placentina sigue sin obispo desde la marcha de Amadeo Rodríguez a Jaén el pasado mayo

La diócesis de Plasencia cumple este noviembre seis meses sin obispo, medio año desde que Amadeo Rodríguez Magro tomara posesión como nuevo prelado de Jaén y dejara su anterior destino en un estado de transición que en términos eclesiásticos se conoce como sede vacante.

El Obispado de Plasencia, que desde finales de mayo tiene como administrador diocesano al sacerdote Francisco Rico, es consciente de la incertidumbre y ha querido arrojar algo de luz de cara a la que, según afirma, es «la pregunta más frecuentemente repetida en los ambientes eclesiales y sociales de nuestra diócesis». Reconoce que «extraña la demora de los meses que llevamos de sede vacante», y ha aprovechado el último número de su revista quincenal 'Iglesia en Plasencia' para, al menos, explicar con detalle el proceso para la elección del obispo, el cual califica de «largo y complejo».

El Código de Derecho Canónico en vigor, que es el promulgado en 1983, deja claro que el Papa es el máximo elector de los obispos católicos, aunque en la práctica su labor se limita casi siempre a dar el visto bueno a la designación llevada a cabo por las instituciones involucradas, que en el caso de Plasencia son la Conferencia Episcopal española, la Nunciatura Apostólica y la Congregación para los Obispos de Roma.

Primeros contactos

Corresponde a la Nunciatura poner en marcha el proceso de selección cada vez que una diócesis queda en sede vacante. Lo primero es iniciar los contactos con la Conferencia Episcopal y con los miembros de la iglesia en la diócesis de la que se trate, unas conversaciones de las que sale, bajo secreto, una primera lista de presbíteros. De ellos son seleccionados los que compondrán la denominada 'terna', que serían algo así como los tres finalistas fruto de un proceso en el que se recaban sugerencias tanto de miembros de la Iglesia cercanos a la diócesis como a nivel nacional. Sobre estos tres elegidos, que pueden ser tanto sacerdotes como obispos de otras diócesis, se lleva a cabo un «escrutinio», consultando a unas 20 personas cercanas a ellos.

El Obispado placentino señala además que el Código de Derecho Canónico establece una serie de requisitos que debe cumplir el candidato a obispo. Algunas de ellas son un tanto vagas, como que ha de ser «insigne por la firmeza de la fe, de buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata». Otras son más concretas, como que debe tener como mínimo 35 años, haber sido ordenado presbítero hace al menos cinco años y ser doctor o licenciado en Sagrada Escritura, Teología o Derecho Canónico por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos «verdaderamente experto en estas disciplinas».

La terna definitiva, una vez consensuada, es enviada por el nuncio a la Congregación de los Obispos de Roma, una institución creada en 1588 por Sixto V, que se encargará de analizar a los tres candidatos y seleccionar a uno de ellos. El elegido debe ser certificado finalmente por el Papa. Es entonces cuando se le comunica la decisión al nuevo obispo electo, que tiene derecho a aceptar o rechazar el nombramiento. Si lo acepta, hay un plazo de tres meses para llevar a cabo la consagración episcopal. Antes de tomar posesión del cargo, se considera «fundamental» que el nuevo obispo lleve a cabo una toma de contacto previa con el lugar de destino desde un «tiempo prudencial» con el objetivo de que conozca mejor los «problemas y circunstancias» de la diócesis de la que se hace cargo.

El Obispado de Plasencia señala que este «largo y complejo proceso» suele comenzar en las diócesis importantes mucho antes de la presentación de la renuncia por jubilación del obispo dimisionario, con el propósito de que cuando se notifica esa renuncia se pueda anunciar de manera inmediata el nombre del sustituto. El Obispado se pregunta incluso si «sería bueno que también se extendiera esa tradición a las diócesis pequeñas».

El secretismo del proceso es tal que ni siquiera se sabe en qué momento del mismo se encuentra la elección del nuevo obispo de Plasencia, ya que el procedimiento no maneja plazos ni fechas concretas, ni tampoco hay un tiempo máximo durante el que una diócesis puede permanecer en sede vacante.

Posibles candidatos

Como es norma habitual en el nombramiento de los nuevos obispos, no han trascendido nombres de candidatos a ocupar la vacante de Plasencia que hayan podido ser incluidos en la lista inicial de presbíteros, ni mucho menos en la terna final que debe enviarse a Roma. En círculos católicos de la ciudad se han mencionado algunos nombres, entre ellos, y sobre todo, el de José María Gil Tamayo, sacerdote extremeño que actualmente ocupa el cargo de secretario general de la Conferencia Episcopal.

Gil Tamayo estuvo en Plasencia a mediados de mayo, justo en los días previos a la marcha de Amadeo Rodríguez, y al ser preguntado por los periodistas sobre la posibilidad de convertirse en obispo de Plasencia respondió con un protocolario «estaré donde la Iglesia diga».