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Festival Celta-Folk El Magusto, “Algo más que un festival de música”.

Hubo una vez en el que una joven Asociación Cultural del municipio cacereño de Carbajo denominada El Magusto inició un viaje a Galicia que incluía una visita obligada al Festival da Carballeira de Zas. Allí conocieron entre otros grupos a Luar Na Lubre, su música y el jovial ambiente deslumbró a los allí presentes dando lugar a un acuerdo común: Había que celebrar un festival en nuestro pueblo y cómo no ese festival acabó llamándose 'El Magusto'.

Para poneros en situación, les diré que el evento en cuestión se celebra en un pueblo que cuenta con unos de 224 habitantes, sito en una comarca rica en recursos pero no especialmente favorecida en cuanto a oportunidades de empleo, despoblación o envejecimiento y que dicho certamen se celebra gracias al trabajo altruista de sus vecinos.

En el eje de la labor organizadora de este festival hay que destacar a Felipe Barata y a Jesús Bravo. La magnífica disposición de ambos, su capacidad a la hora de contratar los grupos y su conocimiento en el mundo de la música es fundamental para el desarrollo de este evento.

Pero hay mucho talento, talento anónimo que compagina una tarea no retribuida como es la de planificar un festival de este calado a nivel nacional con el trabajo propio y diario de cada uno. Desde la elaboración previa del presupuesto económico hasta el diseño y confección de carteles y las camisetas, pasando por las funciones de montaje de escenarios, ajustes eléctricos y sonido.

Es miércoles. Quedan pocos días para la cita, y Esteban de forma reiterada le pide un destornillador a su hija de 5 años. Hay que montar la iluminación para la treceava edición del Festival Celta-Folk El Magusto y queda aún mucho trabajo por hacer.

Desde el coche cargado de herramientas, suena a gran volumen I trying to do my best, del grupo Red Beard. Actuarán el sábado por la tarde en el escenario móvil situado en el campo de fútbol municipal que proporciona la Junta de Extremadura. Pocos observadores, casi todos colaborando. Los operarios del Ayuntamiento ultiman la instalación de una enorme carpa para albergar a los asistentes. Pero es que hay que cargar las cámaras de refrescos para la barra, preparar las camas para los músicos, traer leña para alimentar la caldereta de ciervo que servirá de cena el sábado por la noche. Francamente, aquí cada cuál ayuda cómo puede.

Llega el día señalado. Las primeras filas del público ocupadas por nuestros mayores, más de una madre con su carrito de bebé y algún que otro padre con su pequeño a hombros en los primeros conciertos de por la tarde van dejando paso a los jóvenes y no tan jóvenes deseando saltar con un poco de folk y country. Es la tónica habitual. Posteriormente la deliciosa cena, cocinada por la Asociación de Mujeres y preparados para iniciar los conciertos de la noche que una vez finalizados darán paso a unas tradicionales migas extremeñas. Antes, toda una jornada ocupada de actividades, paintball, ruta de senderismo, talleres de artesanía, percusión, mercado medieval y pasacalles. Todo ello sin obviar los momentos mágicos que nos ofrece el atardecer disfrutando de las melodías, las conversaciones con los amigos y los buenos ratos con los asistentes.

Este año contamos con Susana Seivane (Galicia), Red Beard (Canarias), Seiva (Portugal), Chulumi (Extremadura), La Trocamba Matanusca (Comunidad Valenciana), Coros y Danzas de L´Hospitalet (Cataluña) y Santuka (Extremadura).

Indudablemente cualquier melómano disfruta de este evento, pero no solo por motivo de la música, sino porque existe una conjunción perfecta al mezclar gastronomía, tradición y pureza. Abogando por nuestras costumbres frente a toda novedosa celebración anglosajona. Con trabajo y tesón para celebrar otro año el que a día de hoy es uno de los principales festivales en el panorama folk de nuestro país.

De aquel viaje a Galicia, ha transcurrido más de una década. Sin embargo, el XIII Festival Celta-Folk El Magusto está hoy más vivo que nunca.