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Y al final, el 'puente tuneado' ganó al viento
Y al final, el 'puente tuneado'  ganó al viento
Panorámica del puente 'Arcos de Alconétar', de 400 metros de largo y 220 de alto, en el tramo Cañaveral-Hinojal
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LOS DATOS
Tramo Cañaveral-Hinojal:

Longitud: 14,4 kilómetros.

Pendiente máxima: 3,6 por ciento.

Viaductos: 3.

Pasos inferiores (caminos y pasos de fauna): 13.

Actuación más compleja: 'Arcos de Alconétar' (el 'puente tuneado'). 400 metros de largo y 220 de alto.

Enlaces: 2 (uno para acceder a Cañaveral y otro para entrar en Hinojal).

Inversión total: 68 millones de euros.

Tramo Hinojal-Cáceres.

Longitud: 21,4 kilómetros.

Pendiente máxima: 4 por ciento.

Pasos inferiores: 12.

Pasos superiores: 7.

Enlaces: 4 (un cambio de sentido, con acceso a Santiago del Campo; entrada a Casar de Cáceres Norte, y Casar de Cáceres Sur y enlace de Cáceres norte, junto a la glorieta situada al lado del Centro de Conservación de la Carretera, que conecta con la N-630).

Inversión total: 92 millones de euros.

Inversión total final entre los dos tramos: Alrededor de 170 millones de euros.

Cáceres-Madrid por Trujillo:

Cáceres-Trujillo: 47 kilómetros por la carretera nacional 521.

Trujillo-Madrid: 258 por la A-5 (66 hasta Navalmoral y 192 desde allí hasta la capital española).

Cáceres-Madrid por Plasencia



Para ir a Madrid: Por Plasencia (opción válida desde ayer).

Cáceres-Plasencia: 58 kilómetros por la A-66 (contados desde la rotonda situada justo antes del Centro de Conservación, una vez pasado el Polígono de Las Capellanías). La autovía se acaba con el final del tramo Cañaveral-Plasencia, desde donde hay 5,3 kilómetros hasta la rotonda de Fuentidueñas, en la que se toma la EX-A1. Los 58 kilómetros del tramo Cáceres-Plasencia están divididos en tres tramos: Cáceres-Hinojal (21,4 kilómetros), Hinojal-Cañaveral (14,4) y Cañaveral-Plasencia (22,3).

Plasencia-Navalmoral: 52 kilómetros por la autovía regional EX-A1, inaugurada el pasado mes de mayo.

Navalmoral-Madrid: 192 por la A-5 (Autovía de Extremadura).

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Lo dijo el presidente Rodríguez Ibarra, y lo refrendarán los técnicos. Los dos tramos inaugurados ayer son los más difíciles de la Autovía de la Plata a su paso por Extremadura. Y gran parte de la 'culpa' hay que atribuírsela al puente sobre el río Tajo.

Su historia la han podido seguir en varios reportajes publicados en HOY, y desde ayer, cualquiera con un punto de curiosidad lo puede ver. Merece la pena. Al llegar a su inicio, en un sentido o en otro, saluda con un cartel: 'Río Tajo. Arcos de Alconétar. 400 metros'. O sea: el cauce que salva, el nombre que le han dado y su dimensiones a lo largo. Esa es su denominación oficial, la de los carteles, la que aparecerá en los mapas.

Pero ese viaducto (en realidad son dos, uno para cada sentido) tiene otro nombre. Es el 'puente tuneado'. No es un invento de literatura facilona. Los propios técnicos que han trabajado durante meses en su montaje, que han padecido en primera persona el quebradero de cabeza de su complejidad, lo bautizaron así hace tiempo. Y el nombre, claro, esconde una historia.

Si por algo se distingue no es por su altura o por lo ancho del cauce que salva. Su arco de luz (la altura en su punto más elevado) es de 220 metros, una cantidad nada despreciable que le sitúa entre los primeros de España, pero lo que de verdad le distingue de cualquier otro es su montaje. «Pionero», lo calificó el Ministerio de Fomento desde el principio.

Sus dos arcos (uno por tablero o sentido) se elevaron al cielo divididos en dos partes cada uno. Y fueron descendiendo hasta juntarse. Se podía ver desde uno de los puentes de la carretera nacional 630, en una imagen ciertamente llamativa. Tanto que entre los vecinos de Hinojal, el municipio más próximo a esa infraestructura, se extendió la costumbre de «ir a ver cómo va el puente». Una vez completado el primer arco, surgió el problema: resonancias. Por uno u otro motivo, el caso es que la estructura se movía más de la cuenta. Y la opción que tomaron los especialistas fue 'tunearlo', o sea, ir soldando unos deflectores (solapas metálicas) a lo largo de todo el arco. Así se conseguía 'engañar' al aire y que no se produjese el denominado 'efecto túnel de viento', causa de la vibración excesiva.

La intrahistoria del puente tiene mil detalles que han alimentado la rumorología en Cañaveral e Hinojal. La última, que no se apagó hasta ayer por la tarde, decía que sólo se iba a abrir un tablero, porque el otro no estaba acabado. Al final, el 'puente tuneado' se impuso. Ganó él. Perdió el viento.



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