Llega el verano y las posibilidades de deshidratación se multiplican, principalmente, entre los niños y ancianos, que son los más afectados por este tipo de desequilibrio en el balance hidroelectrolítico. La gran paradoja de la deshidratación es que, a pesar de la gran morbilidad y mortalidad que desencadena, prevenirla es sencillo y barato, basta con un especial cuidado en la hidratación.
La deshidratación es la situación que sobreviene por la pérdida de agua del organismo. En situaciones normales, a pesar de que las pérdidas de agua se vean aumentadas, el individuo experimenta sed por lo que tiende a ingerir mayores volúmenes de líquido para compensar las pérdidas y es difícil que aparezca la deshidratación. Sin embargo, si la ingesta de agua no puede superar estas pérdidas aparece la deshidratación.
Causas
Las causas de la deshidratación se pueden clasificar en dos grandes bloques: por un lado, la disminución de la ingesta de agua y, por otro lado, el aumento de las pérdidas de agua que puede darse por incremento de la eliminación digestiva, de la eliminación cutánea, eliminación respiratoria, eliminación renal y secuestro de líquido.
La diarrea aguda es la responsable del mayor número de casos de deshidratación, ensañándose especialmente con los niños pequeños y sobre todo en zonas con condiciones higiénico-sanitarias deficientes. Además, es frecuente que aparezcan casos de deshidratación en personas aquejadas de vómitos repetidos y abundantes.
Etapas
La deshidratación es un proceso paulatino, en las primeras 24 se pierde el 2% del peso húmedo del cuerpo, cuando se pierde alrededor del 15% del peso corporal húmedo, sobreviene la muerte.
Todo este proceso de deshidratación se puede ver agravado por varios factores: temperatura del medio ambiente, ingesta de agua de mar, en pacientes con enfermedades renales, la edad (en niños y ancianos estas pérdidas son más rápidas) y por la ingesta de alimentos, aunque estos aportan líquidos producen distintos metabolitos de deshecho que fuerzan al riñon a eliminarlos.
Tratamiento
Antes de instaurar un tratamiento, se debe conocer la gravedad de la deshidratación. El tratamiento de la deshidratación leve puede llevarse a cabo ambulatoriamente con soluciones de rehidratación oral. En los casos más graves se requiere hospitalización y tratamiento con soluciones parenterales.
Se recomienda evitar la utilización, bastante común, de refrescos comerciales para prevenir o tratar las deshidrataciones leves, especialmente en los niños. De igual manera, es aconsejable que el farmacéutico derive al médico a los pacientes graves.