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Caracol de marca Extremadura
Seis productores del Campo Arañuelo y el Alagón fundan una cooperativa centrada en la producción de caracoles
Caracol de marca Extremadura
Caracoles recolectados en esta explotación
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El primer paso ya se ha dado: la constitución de una cooperativa de productores de caracoles, con el objetivo de aunar esfuerzos y experiencias en pro de una cría y posterior comercialización más efectiva. El siguiente, tras la consolidación y normalización de la producción, será la creación una marca propia, un sello de calidad que identifique el producto a los consumidores a modo de denominación de origen.

La iniciativa parte de cinco productores de caracoles ubicados en el Campo Arañuelo y el Alagón, que ven un negocio emergente en la cría y comercialización de estos moluscos terrestres. Recientemente se constituyeron en cooperativa bajo el nombre de Rosacol, estando abiertos a nuevas incorporaciones.

Objetivo 60.000

Por el momento las granjas, aun en fase experimental y de toma de conocimientos, se encuentran en Almaraz, Rosalejo, Navalmoral de la Mata y Montehermoso, cuyos promotores son Elena Morales, Almudena Martín, Santiago Carrasco, José Fernández, José Manuel Hernández y Mariano González. Entre los seis suman 7.000 metros cuadrados, esperando alcanzar producciones en torno a los 60.000 kilos anuales.

Los emprendedores apuntaban que la cría del caracol es lenta y que precisa de muchos cuidados, máxime teniendo en cuenta que se trata de un animal que se estresa con facilidad y que esta alteración provoca que se desarrolle aun con más lentitud. «Se trata de un proceso largo, que tiene muchos requerimientos y en el que has de invertir mucho tiempo y dinero», señalaban. No obstante se mostraban ilusionados con la iniciativa, habida cuenta de la gran demanda de este producto existente en el mercado. José Manuel Hernández señalaba que solo en España el 50% de la demanda queda sin satisfacer, a pesar de las importantes importaciones provenientes, principalmente, de Argentina y Marruecos. Este déficit -continuaba Hernández- visto de aquí a 2010 supondrían 1,5 millones de toneladas.

De ahí que estén empeñados en rentabilizar al máximo sus respectivas granjas y sacar adelante la cooperativa Rosacol, como un pilar de apoyo tanto para ellos como para nuevos socios que se quieran incorporar. Aquí insistían en que están abiertos a nuevos socios, en contra del cierto secretismo que en otros lugares envuelve este desconocida labor. «Siempre y cuando sean productores que reúnan las condiciones necesarias estamos abiertos a ellos, ya que así haremos más fuerza», manifestaban.

Producto homogéneo

En este sentido los nuevos socios deberían ser conocedores, al menos en la base, del proceso de cría del caracol a fin de estandarizar su alimentación y cuidados para obtener un producto homogéneo, teniendo como objetivo final que el caracol llegue vivo al consumidor.

Una vez alcanzados estos objetivos con el consiguiente estándar en la calidad del producto, estarían listos para registrarse y comercializar bajo una marca. «Tenemos varios nombres pensados, aunque nos gustaría que finalmente fuese algo así como 'Caracol de Extremadura'», concluían los productores.
Hasta 10.000 euros de inversión por cada hectárea de cría
En lo que se refiere a las cifras, la cría de caracoles contempla una inversión inicial alta, si bien la demanda y el precio que alcanza en el mercado auguran que ha de amortizarse en menos de cuatro años. Cada hectárea de cría en invernadero precisa de una inversión de unos 8.000 a 10.000 euros.

Una hectárea bien tratada puede producir de 3 a 5 kilos por metro cuadrado (en caso de engorde intensivo la rentabilidad del metro cuadrado sube hasta los 12 kilos), incluyendo unos 800 ejemplares también por metro. Su ciclo vital (desde que nace hasta que está listo para comercializar) ronda los siete meses, alcanzando un peso unitario de 6 a 12 gramos. En función de ese peso se clasificará, atendiendo siempre al calibre que demande cada tipo de cliente.

Dependiendo de la época variará la demanda del mercado y por tanto su precio, oscilando entre los 4 y 6 euros el kilo. Si todo marchase según las previsiones, la inversión podría estar amortizada incluso en dos años. En cuanto a la alimentación, en principio no supone un gran desembolso, toda vez que al margen del pienso que consumen a base de cereales y calcio los caracoles se alimentan de vegetales como el nabo o los tréboles, que se siembran en el mismo invernadero.

Entre los peligros que acechan a cualquier producción se encontrarían las enfermedades y los depredadores, tales como pájaros o roedores, contra los que se protegen los invernaderos.



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