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Domingo, 14 de mayo de 2006
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OPINIÓN
Ficción y realidad histórica en la literatura
LA calificación de «históricas» para referirse a un determinado tipo de novelas es útil, pero no obligada. Surge de la necesidad de parcelar en subgéneros un amplio terreno de la creación literaria, la novela. Así nos encontramos con numerosos apartados muy cómodos, pero no determinantes, para clasificar la producción del extenso campo de la ficción. Pero, frente a la pedantería de algunos críticos que le niegan valor a este género tan de moda hoy, se hace necesario poner de manifiesto que el juego ficción-realidad es inherente al cosmos literario desde sus orígenes.

A los hombres les gustó siempre contar los hechos del pasado. La literatura se dedicó desde el principio a narrar lo que había sucedido en las épocas precedentes. Así surgieron las sagas de héroes y reyes que transmitían de manera bella las grandes hazañas, gestas y acontecimientos de la historia de los pueblos. La realidad se mezclaba con la ficción, los sucesos se magnificaban y los personajes se revestían de las características propias de los seres que sólo moran en la imaginación de los hombres; los mitos. A nadie se le ocurriría hoy decir que lo que escribió Homero era «literatura histórica», sin embargo, cuando se descubrieron las ruinas de Troya, supimos que no todo lo que contó el poeta griego en sus fascinantes poemarios provenía única y exclusivamente de su imaginación, sino que ficción y realidad se mezclaban en sus relatos, como en tantos otros escritos de la antigüedad. El punto de genialidad homérica radica en el valor que el escritor le dio a la ficción, por encima de la realidad: no importa que Odiseo no haya clavado nunca una lanza en el ojo del cíclope ni que sus compañeros hayan sido realmente convertidos en cerdos, lo que importa es el valor épico de la historia. Pero su proceso de creación es muy semejante a lo que hoy consideramos como «novela histórica», porque se trata de historias que sucedieron 500 o 600 años antes de que las retomara Homero y las convirtiera en literatura épica, pasando después como fuente al teatro de Esquilo, Sófocles y Eurípides.

De la misma manera, en los llamados «libros históricos de la Biblia», como el Libro de Samuel o en el de los Reyes, se narra literariamente la vida del rey David, por ejemplo. En la Biblia hay diversos escritos, y es muy importante conocer en qué Género Literario esta escrito un pasaje de la Biblia, para entender qué es lo que allí el autor quiso decir y encontrar el significado más completo. Por ejemplo: si el pasaje está escrito en género Épico (épico o epopeya es la narración de hechos muy gloriosos) usará números y comparaciones en superlativos que no pretenden ser entendidos matemáticamente: «Los israelitas eran tan numerosos como las arenas del mar». La plata en tiempos de Salomón era «tan abundante en Jerusalén como las piedras». O sea, son puras «metáforas», recursos literarios; maneras especiales de decir las cosas y de narrar los acontecimientos. Diversos autores escribieron el conjunto de la Biblia en el transcurso de más de mil años, sirviéndose de escritos anteriores y tradiciones orales. Y es importante conocer en qué género literario esta escrito un pasaje de la Biblia. También en Las Mil y una noches la ficción y la realidad están unidas. Y en muchas otras obras los autores no pretendían hacer una crónica histórica como la que se haría hoy en un ensayo. Daban rienda suelta a su imaginación y creaban espacios y circunstancias puramente literarias.

Precisamente por esto, es muy difícil dar una definición de «novela histórica» que satisfaga a todos. Aunque es el pasado la fuente de inspiración y el elemento esencial que determina la especialidad de este género. También el pasado puede llegar a configurarse como una especie de refugio o evasión que a la vez permite una crítica a la historia del presente. Por lo que es frecuente en las novelas históricas encontrar una doble lectura o interpretación no sólo de una época pasada, sino de la época actual. Pero hoy se suele estar de acuerdo en que la buena novela histórica exige del autor una gran preparación documental y erudita, ya que de lo contrario lo escrito pasaría a ser otra cosa; una novela de aventuras o amorosa, subgéneros en que lo histórico se convierte solamente en un pretexto para la acción.

¿Es cierto que la novela histórica es sólo un fenómeno actual, o un boom, como tanto se dice por ahí? Si es así, la «moda» viene durando demasiado, ya que este subgénero narrativo es muy característico del Romanticismo, muy abundante en el siglo XIX y alcanza su máxima vitalidad durante el siglo XX. En Francia, Victor Hugo nos dejó Nuestra Señora de París; en Rusia, el romántico Alexander Pushkin compuso La hija del capitán; y Lev Tolstói la monumental Guerra y paz. Los escritores realistas la cultivaron, como Gustave Flaubert, en Salambô, o Benito Pérez Galdós en sus Episodios nacionales. Se aproximan al género las Memorias de un hombre de acción de Pío Baroja, centradas en la trayectoria de un antepasado suyo, el conspirador Eugenio de Aviraneta; también Valle-Inclán a través de dos trilogías mezcló pasado y ficción. Más tarde, la restauración democrática supuso una revitalización del género. Iniciaron esta corriente autores como Jesús Fernández Santos con Extramuros, Cabrera o El griego.

En el siglo XX, la novela histórica, lejos de decaer, nos dejó los autores más determinados hacia ella: Mika Waltari (Sinuhé, el egipcio o Marco, el romano); Robert Graves, (Yo, Claudio); Winston Graham, quien compuso una docena de novelas sobre Cornualles a finales del siglo XVIII; Mary Renault (El muchacho persa, Alexias de Atenas, La máscara de Apolo ). Y puede hablarse asimismo de una novela histórica hispanoamericana que se halla representada por el cubano Alejo Carpentier (El siglo de las luces o El reino de este mundo, entre otras), el argentino Manuel Mújica Láinez (Bomarzo, El unicornio y El escarabajo), el colombiano Gabriel García Márquez, (El general en su laberinto, acerca de Simón Bolívar), el peruano Mario Vargas Llosa (La fiesta del chivo, sobre el dictador de la República Dominicana Leónidas Trujillo y El paraíso en la otra esquina, sobre la escritora peruana del siglo XIX Flora Tristán) etc...

En España, algunos autores se consagraron especialmente al género, como Juan Eslava Galán, Terenci Moix, Arturo Pérez Reverte, Antonio Gala o Francisco Umbral. Incluso Miguel Delibes se acercó al siglo XVI con la novela El hereje

¿Quién dice que todo esto no es literatura? ¿Ay, Dios, cuánta tontería hay que escuchar!



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