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INFORMACIÓN
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Oficina de Información Turística:
e-mail: turismo@jerezdeloscaballeros.e.telefonica.net. Tlf./Fax: 924- 730 372. Web: jerezdeloscaballeros.es
Coche
Madrid: A5 hasta Mérida, luego A6/N630 hasta Zafra, después de la Plaza de Toros, seguir la EX 101, hasta Jerez.
Sevilla: A6/N630 hasta Zafra, seguir recorrido anterior. A6/N630 hasta el cruce Aracena/Portugal (Venta del Alto), tomar la N433 pasando por Aracena hasta Galaroza y, luego, la N435 hasta Jerez de los Caballeros.
Salamanca: A6/N630 hasta Mérida, y seguir recorrido primer punto.
Autobús
Estación de Autobuses: Tlf.: 924 730 683.
IMPRESCINDIBLE
Admirar todo lo que ofrece el 'Salón del Jamón Ibérico' y seguir su programa de actos.
Comprar los excepcionales jamones ibéricos de bellota 'D.O. Dehesa de Extremadura'.
Perderse, sin prisas, por sus calles y plazas.
Comprar los monjiles dulces del convento de Ntra. Sra de Gracia, c/ Las Monjas s/n. Tlf.: 924 739 165.
La Jamonería Delicatesen. Templarios, 8.- Tlf.: 924 731 831.
Cosinas de Jerez, recuerdos. San Agustín, 4 bajo.
El Estribo (equitación/piel). Pl. Constitución, 3.- Tlf.: 924 750 412.
Piedra (regalos étnicos). C/ Pepe Ramírez. Tlf.: 636 873 657.
La Ermita, original bar en una antigua ermita, tapeo y comida buena y distinta. Doctor Benítez s/n. Tlf.: 924 731 476.
Balboa, Pl. Vasco Núñez de Balboa, 14. Tlf.: 924 750 711.
La Cazuela. Ericas, 12. Tlf.: 924 731 904.
Mesón La Callejita. Jesús y María, 7.
Bar La Espeual. Barriada Ntra.Sra.Rosario, 51ª. Tlf.: 924 750 600.
Mesón la Bodega de Heronilio. Aguasantas, 128. Tlf.: 924 751 042.
H. Oasis. Campo, 16. Tlf.: 924 731 244.
H. Los Templarios. Ctra.Villanueva s/n. Tlf.: 924 731 636.
H. Oasis.
H. Los Templarios.
Casas de Turismo Rutal. Dirigirse a la Oficina Municipal de Turismo. |
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ESCÁPATE JUAN PEDRO PLAZA-CARABANTES, GERENTE DEL PATRONATO DE TURISMO DE LA DIPUTACIÓN DE BADAJOZ Desde el 4 al 7 de mayo, en Jerez de los Caballeros, se celebra -y qué celebración- el XVII Salón del Jamón Ibérico. Toda una fiesta para los sentidos, todo un pueblo, una región, volcada en la organización y disfrute de un gran homenaje a nuestro producto estrella: el jamón ibérico de bellota con D.O. 'Dehesa de Extremadura', casi nada. La mayor, exquisita y cuidada concentración de las excepcionales patas del cerdo ibérico; el que pasta en libertad por la bellísima dehesa extremeña, milagro ecológico envidiable. D urante esos días se realizan muchos actos para los profesionales: jornadas de comercialización, actividades paralelas, catas y degustaciones... Y en el espacio de un recinto ferial diseñado a la medida de esta joya, para darle más realce aún.
Con ser ya esto mucho, en su desplazamiento hasta Jerez de los Caballeros, además se empaparán de historia y arte: el «Monte Dorado», hacia el que miraban prehistóricos hombres y mujeres admirados del espectáculo diario de la salida de su dios, el Sol, que nos legaron los dólmenes de Palomilla, Valcarado y el impresionante del Toriñuelo; el turdetano 'Ceretanus' -parece que deriva del fenicio Ceret-, al que Ptolomeo llamaba 'Caerina'; la romana 'Fama Iulia', que nos dejó los 'Mosaicos de la villa de Pomar'; la calza del Alto Empedrado, el puente viejo del Pontón, el romano de Brovales...
Llegaron luego los visigodos, luego los árabes -Xerixa- y la convivencia entre judíos, árabes y cristianos. La Jerez mágica de los templarios -Xere Equitum-, cuya defensa otorgó Alfonso IX a los caballeros de la Orden del Temple, creando el 'Bayliato' y el 'Fuero del Baylio' (s. XIII), conjunto de leyes por las que -todavía- se rigen sus habitantes.
Los monjes-soldados, los guerreros terribles en el campo de batalla, refuerzan las defensas de Jerez de los Caballeros ante el empuje del Islam, sin olvidar sus oraciones. ¿Qué ocurriría para que todos murieran degollados en la 'Torre Sangrienta', por los oficiales del rey, cristianos contra cristianos, que esperaban encontrar grandes cantidades de oro y plata? Nunca lo sabremos porque forma parte de la leyenda mágica que persigue a estos monjes-soldados.
Ese halo de misterio, ése aura sutil, sigue envolviendo a Jerez, a sus iglesias y conventos; a sus bellas, blancas y empinadas calles; a su potentísima Semana Santa, religión y espectáculo a la vez; a la nebulosa matutina de la dehesa...; que el visitante descubrirá en su asombrado deambular, lento y con el ojo y la cámara avizor, tomando resuello en sus bares y mesones, con buen vino y mejor jamón, o cualquiera de las exquisitas porciones del cerdo ibérico; y muchas cosas más, que de todo hay en los campos, ríos, montañas, pantanos... de su bellísimo término.
Repuestos ya, retomamos el paseo, al que me presto de lazarillo, porque ¿hay tanto que ver! ¿Cómo irnos de Jerez de los Caballeros sin recorrer calles de nombres evocadores como Calzada, Corredera, Cuesta Arriba, Lagares, de los Ahorcados..., llegando hasta nuestras retinas panorámicas insospechadas; balcones floridos, un púlpito en plena calle; el lienzo de la muralla medieval, o el recuerdo de otros tiempos en los blasonados palacios y casonas solariegas?
¿Hemos terminado el paseo jerezano? Sacrilegio sería, y de los grandes, que no invirtiéramos nuestro bien más preciado, el tiempo, en visitar la Iglesia de Santa María de la Encarnación -posible basílica visigoda-; la iglesia de San Bartolomé, en uno de los cogollos del pueblo, con preciosista decoración cerámica cubriendo fachadas y torre y de un excepcional interior; la de San Miguel, con torre barroca de soberbia factura, como su bóveda de crucería estrellada y sus portadas del Perdón y la Epístola; o la iglesia de Santa Catalina, de equilibrada arquitectura.
Aquí se me acaba el papel, el espacio. ¿Hemos terminado el paseo jerezano? Ni mucho menos. Tan solo pido mi sueldo de lazarillo: que usted, viajero amigo, lo siga por mí.