Las temperaturas se afianzan en los 30 grados de máxima y las heladerías comienzan en mayo a hacer su agosto. José Cruz trabaja en un local recreativo en el que la repostería y los helados son ofertas complementarias con mucho gancho.
-Llegó el mes de mayo y se abrió la veda para los helados.
-Se ha abierto gracias a Dios, aunque ya lo hicimos por Semana Santa, que es la época, si el tiempo lo permite y si cae a mediados de abril, en la que se empiezan a consumir helados. La lástima es que sólo se consuman de abril a octubre, a más tardar.
-¿La estacionalidad del producto es lo menos positivo?
-Sí. Ójala hiciésemos aquí como hacen los alemanes, que están habituados a consumir helados durante todo el año. Bueno, los alemanes y yo, que también lo hago.
-¿Tiene fijado el perfil de persona que consume helado?
-Son casi siempre de entre 25 y 35 años, que sobre todo lo hace cuando sale por la noche. Hay pocos adolescentes que toman helado, porque prefieren el polo.
-¿Se toma mucho helado en Mérida?
-Normalmente sí, aunque depende de la situación económica. Diría que esto influye casi más que la época del año, porque si se tiene empleo y un buen sueldo apetece salir más y gastar. En caso contrario, no es así.
-¿Qué es lo que más se pide en su tienda?
-El helado de nata con chocolate. Después, los sabores habituales de limón, vainilla o fresa y el de turrón. Se sirven en distintos tamaños. El cono pequeño cuesta un euro, el mediano, un euro y medio y el grande dos euros y medio.
-¿La granizada gana adeptos?
-Bastante en los últimos tiempos. Aquí tenemos de naranja y limón, pero la de limón sigue siendo la estrella con diferencia.