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Un grupo de investigación intenta probar que la presa de Proserpina es romana
El trabajo, elaborado por un equipo multidisciplinar, será presentado mañana en el Centro Universitario de Mérida Además de datos arqueológicos y constructivos, manejan estudios sobre consumo y calidad del agua en época romana
Un grupo de investigación intenta probar que la presa de Proserpina es romana
Vista del pantano de Proserpina en Mérida
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LOS AUTORES
Fernando Aranda Gutiérrez: Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Director de explotación de las presas de Proserpina y Cornalvo, y director de obra de diversas actuaciones realizadas sobre las mismas. Es autor de varios trabajos sobre presas romanas, y concretamente, sobre el sistema hidráulico romano de abastecimiento a Toledo.

José Luis Sánchez Carcaboso: Ingeniero técnico de Obras Públicas en la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Director adjunto de explotación de las presas de Proserpina y Cornalvo, y director adjunto de diversas actuaciones realizadas sobre las mismas. También es autor de varios artículos, comunicaciones y ponencias sobre las presas romanas.

Esperanza Andrés Díaz: Ingeniera técnica de Obras Públicas en la Confederación Hidrográfica del Guadiana en Mérida. Fue directora adjunta de los trabajos realizados por dicha Confederación en la presa de Proserpina (1996) y de las conducciones romanas de Mérida (1997).

Germán Rodríguez Martín: Doctor en Arqueología, miembro de la École des Hautes Études Hispaniques, Casa de Velázquez (Francia). Director de las excavaciones de la villa de Torre de Águila, y codirector del proyecto sobre Regina y su territorio.

María Eugenia Polo García: Ingeniera en Geodesia y Cartografía. profesora Titular de la Escuela Universitaria de la Universidad de Extremadura. Autora de diversos artículos sobre obras de ingeniería romana y las técnicas topográficas utilizadas en las mismas.

Rafael Sánchez Crespo: Ingeniero técnico industrial, jefe del servicio del Laboratorio de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica en Ciudad Real. Miembro de diversas asociaciones científicas, como la New York Academy of Sciences, el Instituto de Hidrología del CSIC, la Comisión Interministerial de Ordenación Alimentaria y la Real Sociedad Española de Química, entre otras.

José Antonio Gutiérrez Gallego: Doctor por la Universidad de Extremadura, en el departamento de Geografía y Ordenación del Territorio. Ingeniero en Geodesia y Cartografía. Profesor titular en el Centro Universitario de Mérida. Autor de varios artículos sobre obras de ingeniería romanas y las técnicas topográficas utilizadas en las mismas.

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Un grupo multidisciplinar de investigadores ha trabajado durante varios meses en la elaboración de un trabajo con el que pretenden demostrar que las presas de Proserpina y Cornalvo son romanas, al contrario de lo que concluyó el último estudio publicado sobre el tema, que aseguraba que estos dos embalses son de factura altomedieval y que en ningún caso fueron utilizados para el consumo humano en épocas anteriores.

Este estudio, realizado por el arqueólogo Santiago Feijoo, provocó una pequeña revolución en la comunidad científica y también un profundo impacto en la sociedad emeritense, que siempre había creído, a pies juntillas, que Mérida albergaba una de las principales joyas de la ingeniería romana en Hispania.

El nuevo trabajo, impulsado principalmente por ingenieros y técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, será hecho público mañana, en el transcurso de una conferencia que se impartirá en el Centro Universitario de Mérida, a las 19.30 horas.

La charla se enmarca dentro del programa de actividades de la Semana Cultural del CUM, dos de cuyos profesores, María Eugenia Polo y José Antonio Gutiérrez, han participado en la citada investigación.

Directores de la presa

Los responsables de su presentación, Fernando Aranda y José Luis Sánchez, son profundos conocedores y amantes de las presas de Proserpina y Cornalvo, de cuya explotación son director y director adjunto, respectivamente.

Ambos habían elaborado con anterioridad investigaciones sobre presas romanas y también trabajaron de cerca en el estudio que se realizó de la estructura de Proserpina coincidiendo con el vaciado del embalse.

De hecho, una de las principales aportaciones de este estudio es el conjunto de datos obtenidos durante los análisis estructurales y constructivos de la presa que se realizaron durante los años 1996 y 1997, en colaboración con la empresa 'Ingeniería 75', nunca publicados hasta el momento.

También recopila parte de los trabajos realizados por la Escuela de Topografía de Mérida, algunos de cuyos profesores han realizado actuaciones de identificación y prospecciones geofísicas en las conducciones romanas.

Pura necesidad

Otra aportación novedosa es el estudio de los caudales de Rabo de Buey y de San Lázaro, que se contrasta con el estudio de la cuenca hidrológica, de la climatología y de la geografía de la zona.

Según sus conclusiones, la escasez de acuíferos y de lluvias en la zona obligó a los romanos a buscar fórmulas para garantizar el abastecimiento de la ciudad, para lo que tendrían que construir, inevitablemente, los embalses de Proserpina y Cornalvo, al igual que hicieron en otras zonas áridas de su influencia, como el norte de África, entre otras.

Agua potable

Y como punto fuerte de la tesis que sostiene el origen romano de ambas presas, destacan los análisis de la calidad del agua de ambos embalses que certifica que, incluso en la actualidad, es perfectamente apta para su consumo directo, sin necesidad de cloración previa, teniendo en cuenta además que, en época romana, no sufrirían el impacto del uso social y ganadero que experimentan en la actualidad.

Hay que recordar que uno de los principales argumentos de Santiago Feijoo es que los romanos nunca consumían el agua embalsada, sino que la captaban preferentemente de manantiales subterráneos y la protegían con canalizaciones y conducciones para mantenerla a salvo de la luz y de la contaminación.

Además, y según concluyen los investigadores, un «embalse tiene cierto efecto autodepurador de sus aguas, mediante los fenómenos de dilución y dilución-equivalente, por lo que si no existen aportes de contaminación importantes, debidos a actividades humanas y ganaderas, las aguas del mismo pueden tener una calidad adecuada».

Junto a esto, los informes de los análisis del carbono 14 realizados a algunos de los elementos encontrados en los limos que se retiraron durante la limpieza de Proserpina, y el elevado número de construcciones similares que hicieron los romanos para abastecer a sus poblaciones, de los que se ofrece un breve resumen, son otros de los argumentos que confirman, en opinión de este grupo de investigadores, que ambos embalses fueron construidos en época romana, cuya fisonomía sería «muy parecida» a la actual, aunque con «algunos arreglos» hechos en los siglos posteriores.



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