BIBLIOTECA MENOR Fernán Caballero Cuentos, adivinanzas y refranes populares El pseudónimo Fernán Caballero, que utilizó siempre la escritora española Cecilia Böhl de Faber (1796-1877), no es una peculiaridad anecdótica, sino la constatación de profundas contradicciones. Principalmente, la tensión entre una rígida moral tradicionalista y católica y su condición de mujer políglota, culta y amante de la literatura y el arte.
Formada en lengua francesa, tenía el alemán como idioma paterno, y conoció los ambientes de algunas de las capitales europeas más relevantes de su época: Lisboa, Londres o París; más su estancia adolescente en Görslow, Alemania. El padre fue un hamburgués, Juan Nicolás Böhl de Faber, discípulo de Campe. Había venido a España para atender negocios familiares en Cádiz, y ahí conoció a doña Francisca Larrea, hija de gaditano e irlandesa. Ambos fueron personas instruidas e interesadas intelectualmente. Don Juan Nicolás fue famoso por sus compilaciones de la literatura dramática del Siglo de Oro, cuyo valor defendió, y amante de las tradiciones y costumbres del pueblo que adoptó como propio.
Fue esa huella paterna la que se cultivó en el espíritu de la pequeña Cecilia. Washington Irving, que la conoció en las visitas a los Böhl en su domicilio del Puerto de Santa María, dijo de ella que narraba las vivencias populares con 'wonderful spirits and discrimination', algo así como encantadora sensibilidad y buen juicio. Sin duda, esta relación con Irving impulsó la inquietud de Cecilia por todo lo referente a la literatura popular, en la que encontraba la expresión genuina del volkgeist español, el espíritu del pueblo.
La obra de Fernán Caballero fue apareciendo con éxito hacia la segunda mitad del siglo XIX. En pocos años cobró fama, despertando interés fuera de nuestras fronteras, por lo que las traducciones se sucedieron.
En 1849 habían visto la luz 'La gaviota' y 'La familia de Alvareda'. Y a continuación van apareciendo 'Elia, La farisea', 'Una en otra ' Aunque Fernán Caballero habría ya de crear escasamente a partir de 1850: salvo una novela de tintes autobiográficos, 'Clemencia', junto a 'Un verano en Bornos' y 'Lucas García' poco más debió de producir por entonces.
Su estrella declinó pronto, barrida por el empuje de una concepción literaria de mayor fuste y proyección, el realismo y su posterior exacerbación naturalista. Una de las dedicaciones preferidas de Cecilia fue la recopilación de literatura popular: refranes, adivinanzas, sentencias, cuentos y romances. En especial, prestó atención siempre al valor formativo de la narrativa infantil, influida por el ejemplo los Grimm.
En 1874 publicó el libro titulado 'Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles'. Es de esta edición de la que se extrae más tarde el volumen 'Cuentos, adivinanzas y refranes populares', que se edita en Madrid, por Sáez de Jubera, Hermanos, en 1921.
Libro delicioso
Y es esta última edición la que mañana inaugura la Biblioteca Menor. Tienen los lectores ante sí, por consiguiente, un delicioso instrumento tanto para recordar su infancia como para renovar en la de sus hijos el encanto imperecedero de estas narraciones: lo extraordinario y lo sencillo, traspasado por símbolos universales, ingenuamente siniestros o retorcidamente maravillosos, pero impregnados siempre del sentido profundo de lo que somos o imaginamos ser.
Los acompañan refranes y adivinanzas en las que el lenguaje y la impostura trazan un juego de ocultamientos y sorpresas que enseñan lo dudoso de nuestras concepciones. Todo eso que convierte a este librito en una herramienta fecunda y un agradecido recuerdo de aquellos relatos que constituyeron el mundo de fantasías, deseos y temores de nuestros primeros años.