Las organizaciones sindicales y estudiantiles francesas organizan hoy la quinta jornada nacional de lucha en contra del polémico Contrato de Primer Empleo (CPE), promulgado el domingo por Jacques Chirac con la consigna de no aplicarlo. El revisado objetivo de la movilización, iniciada hace dos meses, es ahora el entierro definitivo de una reforma laboral que la mayoría de los observadores dan por muerta y cuyos funerales en el Parlamento prepara la UMP, el partido gobernante, oficiados por su presidente y número dos del Gobierno, Nicolas Sarkozy.
Más que negro el día de hoy se perfila como de un gris oscuro. A la vista de los preavisos de huelga, los paros en los transportes y la enseñanza parece que serán menores que el pasado 28 de marzo. Aquel día salieron a la calle entre uno y tres millones de personas, según las fuentes, un hito histórico sin precedentes desde 1968.
Esta vez el desafío sindical consiste en igualar al menos aquella marea humana en los 150 desfiles previstos en todo el país. El de París contará con la presencia de John Monks, secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos. «La única disposición válida es la derogación del CPE», advirtió ayer la CGT.