Más de un centenar de personas visitaron ayer el Real Convento de Santa Ana gracias a un encuentro concertado por la asociación cultural Amigos de Badajoz. Sor Celina y el arquitecto conservador del monasterio, Francisco Hipólito Ojalvo hicieron de guía a los pacenses que se acercaron hasta el convento de la calle Duque de San Germán, un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).
Las hermanas hicieron ayer una excepción y permitieron a los pacenses que acudieron a la convocatoria traspasar la reja del coro bajo del convento en Cuaresma, una época en la que las monjas suspenden las visitas.
Por este motivo, los ciudadanos solo pudieron conocer la iglesia del Real Monasterio, el coro bajo y el Museo de Arte Sacro, mientras que algunos aprovecharon las ventanas que quedaban a la vista en la escalera para ver uno de los cuatro claustros del edificio.
A las diez, hora en que comenzaba la visita, todos los bancos de la iglesia del monasterio estaban ocupados por más de un centenar de visitantes, a los que se fueron sumando otros ciudadanos durante toda la mañana. Mientras esperaban su turno para comenzar la visita (sólo se podía pasar en grupos de quince personas), los pacenses pudieron contemplar el retablo mayor, realizado en madera tallada y dorada al estilo barroco en el siglo XVII, y que contiene una de las imágenes más importantes para la ciudad. La Virgen de las Virtudes y Buen Suceso fue la Patrona de Badajoz, antes de que este título pasara a la Virgen de la Soledad. La talla pertenece al conjunto de vírgenes negras de finales del siglo XV o comienzos del XVI.
En el Museo Sacro, las hermanas conservan centenares de piezas entre tallas, casullas, cristos o cálices de los siglos XVI al XVII.
Aunque la orden de las Clarisas comenzó en el convento de la calle Joaquín Costa, la peste las obligó a trasladarse a esta zona, según explicó el arquitecto, quien precisó que la fundación del monasterio data de 1518.
Entre los hitos históricos que han vivido sus muros cabe destacar la muerte de la reina Ana de Austria, esposa de Felipe II en 1580, cuando se encontraban en la ciudad haciendo valer sus derechos al trono de Portugal. Los restos de la reina descansaron en el convento hasta que fueron posteriormente trasladados a El Escorial. Sin embargo, no fue Felipe II sino Carlos III quien concedió el título de Real al convento en 1771.
Rehabilitación
Desde que el convento se construyera en el siglo XVI, el paso del tiempo ha ido modificando el edificio. El arquitecto Francisco Hipólito, que dirigió la última modificación, explicó las tres fases que se llevaron a cabo entre los años 1996 y 2000. Primero, realizaron la sustitución de la cubierta y las obras de restauración de los cuatro claustros mudéjares, después construyeron el Museo de Arte Sacro a partir de una terraza y, por último, conectaron las dos estancias del museo con el archivo mediante una escalera con un solo eje central, para lo que se utilizó una viga procedente de un antiguo barco dedicado al transporte de vinos.
Durante la primera fase, se sustituyó la policromía de los claustros por el blanco en las paredes, mientras que en la siguiente etapa vieron que «uno de los paños podía tener algo detrás, así que picamos y encontramos dos arcos. Gracias a eso, conectamos los dos planos y generamos una doble altura para conectar el museo, el archivo y el coro bajo del archivo». En la estancia superior dejaron la piezas de menor tamaño y en la parte inferior se colocaron los mantos, las túnicas y la imaginería.
En opinión del arquitecto conservador del edificio «la ciudad está ávida de ver esto, por el patrimonio de arte sacro que mantienen las religiosas» y cree que «habría que encontrar la solución para que la ciudad pudiera visitar el Museo de Arte Sacro y el archivo sin perturbar la vida monacal». Un punto en el que también coincide el presidente de la Asociación Amigos de Badajoz, Antonio Manzano, quien además apunta que debería buscarse la fórmula para que el Museo de Arte Sacro se convirtiera en otro museo más para la ciudad.
La asociación cultural organizará la próxima visita, en un plazo de dos o tres semanas, al convento de San José, de las Adoratrices, que se encuentra muy próximo a la Alcazaba.