Navidades de 1693. El 27 de diciembre parte de Inglaterra el galeón HMS Sussex. Navega hacia el Mediterráneo. Mide 157 pies, lleva 500 marineros a bordo, está armado con 80 cañones, lo escoltan 40 navíos de guerra, lo gobierna el almirante sir Francis Wheeler. ¿A qué viene tanta parafernalia?
El Sussex navega en misión secreta. Debe llegar a un puerto francés para entregar un millón de libras esterlinas en monedas de oro y plata al Duque de Saboya. Es el soborno para garantizar su lealtad a la corona británica y su opoisición a Luis XIV de Francia, el famoso rey Sol, en la llamada Guerra de los Nueve Años. Al llegar a las aguas de Cádiz, el Sussex divisa navíos enemigos, pero rehúye el combate: lo primero es cumplir la misión encomendada.
La situación se complica. Estalla una tormenta inmisericorde. El Sussex se faja duramente contra olas y vendavales, pero al tercer día, sucumbe a la tempestad. El 19 de febrero de 1694, el galeón se hunde. Del naufragio sólo se salvan dos de sus 500 tripulantes. Del resto de la flota se hunden otros 13 barcos. Unos días después, aparece en las costas gaditanas el cuerpo del almirante Wheeler. Viste camisa de dormir... ¿Lo sorprendió la tormenta, fue asesinado mientras descansaba?
3.100 millones
La empresa Odissey Marine Exploration estima que el navío transportaba unas 10 toneladas de oro y plata. El valor de este tesoro podría llegar a 3.100 millones de euros. No es de extrañar que esta empresa americana, contratatada por el Ministerio de Defensa Británico, busque este tesoro a un paso de las playas de Cádiz. Comenzó los trabajos el pasado mes de septiembre, en cuanto los extremeños dejaron las playas donde habitualmente veranean. En estos arenales gaditanos, a unas brazadas de donde cacereños y pacenses se bañan cada verano, están hundidos decenas de galeones desde los tiempos de los fenicios hasta el siglo XIX. Entre los más destacados se pueden señalar el San Hermenegildo y el San Francisco, frente a Chiclana. En los fondos de Zahara de los Atunes reposa el Santa Cruz. El Veracruz, el San Juan Bautista y el San Francisco se hundieron viendo Conil y el San José y el Nuestra Señora de la Soledad, a unas millas de Tarifa.
Sorprende que sea precisamente un extremeño de secano, de Salvaleón, una de las máximas autoridades en tesoros submarinos del siglo XVII. Se trata de Fernando Serrano Mangas, profesor de Historia de América de la Universidad de Extremadura. A Fernando Serrano le interesaron estos temas desde niño. Su padre no era marino, sino electricista. Leía historias de flotas y galeones e hizo su tesis sobre las armadas y la flota de la plata en tiempos de Felipe IV. El centro de sus investigaciones era el Archivo de Indias de Sevilla, el mejor depósito de información que existe para informarse sobre naufragios en la época moderna. Este tema de los tesoros submarinos se puso de moda a raíz de la novela 'La carta esférica' de Arturo Pérez Reverte. Ahora vuelve a estar de actualidad por la oposición de la Junta de Andalucía a que la empresa Oddisey extraiga los posibles 9.000 kilos de oro del Sussex. La comunidad científica británica también se opone a lo que considera un expolio que va en contra de los principios de la arqueología. El profesor Serrano sabe mucho de estos temas. Hace años fue tentado por buscadores de tesoros americanos. Pagaban bien. Él ha conocido a míticos rastreadores de galeones. Son personajes novelescos como Robert Marx, Fisher, que encontró el galeón Atocha, el italiano Claudio Bonifacio, capaz de trabajar para varios gobiernos a la vez, o el puertorriqueño Walter Cardona, protagonistas de episodios de espionaje y sobornos. Mientras tanto, ajenos a expolios, misterios y tesoros escondidos, cada verano, miles de extremeños se bañan en las playas de Cádiz, a un paso de 800 galeones hundidos.