Ni psicosis ni alarma ni nada que se le parezca. La lógica precaución de algunos y poco más. Así se puede resumir el efecto que ha tenido sobre los cacereños la publicación del informe de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) en el que se calificaba al agua de Cáceres como «no potable».
A las cuatro y cuarto de la tarde de ayer, en la sección de bebidas del hipermercado de Carrefour, dos reponedores rellenaban algunas estanterías de agua en las que escaseaban las botellas y garrafas. La imagen de los lineales vacíos no se ha producido, y aunque la escena de los trabajadores reponiendo la mercancía es ilustrativa, sirve también para medir el efecto que ha tenido el estudio de la OCU.
Por la mañana, en una céntrica cafetería, un cliente se ahorraba pedir el vaso de agua del grifo posterior al café. «Alguno hay que ya no quiere la del grifo, pero muy pocos, porque la de botella no se sirve gratis», explicaba el camarero.
En esta situación, quienes han optado por pasarse al agua embotellada tienen una oferta para elegir amplísima, tanto en marcas como en precios.
Los precios más bajos
Quienes otorguen primacía a este último factor a la hora de comprar, podrán encontrar una botella de medio litro por 12 céntimos (a menor tamaño, mayor precio), una de litro y medio por 18, una de dos litros por 27 céntimos o la garrafa de cinco por 0,54 euros, o sea, a 11 céntimos por litro. Si el consumidor se decanta por esta última opción, el gasto medio por persona será de 22 céntimos por día, o lo que es lo mismo, poco más de seis euros al mes (en concreto, 6,16). Trasladado a una familia de cuatro miembros en la que cada uno de ellos consuma cada día dos litros (circunstancia más bien poco frecuente), el coste ascendería a 24 euros mensuales. Siempre quedará, además, un lugar para el capricho: las hay de limón, de naranja y hasta de sabor combinado naranja-melocotón.