Manuel Moraga lleva 33 años dedicado al oficio de panadero. Un negocio en el que desembarcó por tradición familiar. Su abuelo fue panadero, mientras que Manuel cogió el relevo a un tío suyo. Su panadería sigue en el mismo sitio de siempre, en la calle Huerto, número 32. Como recuerda, cuando él empezó en la profesión había diez panaderías en la ciudad y ahora sobreviven justo la mitad.
--El de panadero es un oficio sacrificado, ¿no?
--Pues si, es bastante sacrificado, sobre todo porque hay que trabajar de noche. Yo, los días normales empiezo a trabajar a las dos de la madrugada y hasta las tres del mediodía no termino, después de que cierro el despacho de pan que tengo aquí. Los días de fiesta, como solo hago pan para restaurantes o bares, me suelo levantar más tarde, sobre las siete. Además, en todo el año, solo libro dos días: el día de la Virgen de Guadalupe, 8 de septiembre, y el día de la Jira.
--Esto significa que duerme durante el día...
--Sí, ya me he acostumbrado. Suelo dormir de cinco a ocho de la tarde, a lo mejor luego salgo un poquillo, y otra vez me vuelvo a acostar sobre las once de la noche y hasta las dos de la madrugada. Al final, el cuerpo se acaba adaptando.
--¿Cuántos panes puede hacer en una noche?
--Muchos. Seguro que más de mil panes, de todos los tipos. Panes enteros, medios panes, bollos, roscas, integrales, sin sal ..
--¿Cuál es el secreto para elaborar un buen pan?
--El secreto está, sobre todo, en la fermentación y en trabajar con una buena harina. Yo la traigo de Valladolid, Albacete y Guadalajara.
--¿Le gusta a la gente de Villanueva el pan de toda la vida?
--Antes gustaba más. Ahora la gente prefiere más las baguettes o el que viene congelado, antes que el pan común o candeal que es el que yo hago. Esto, luego, se nota en la pérdida de venta.