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Miércoles, 4 de enero de 2006
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PROVINCIA DE CÁCERES
Caceres
La Ley Antitabaco se respeta de forma rigurosa en las empresas
Los fumadores cacereños superan con resignación y descontento la primera jornada laboral sin humos Están obligados a salir a la calle si quieren echarse un cigarrillo
El tabaco está en la calle. No sólo se ha convertido en el protagonista indiscutible de las conversaciones callejeras. Las colillas toman las puertas de gestorías, bancos y administraciones públicas. Los fumadores cacereños superaron ayer su primera jornada laboral sin humos. Acataron la nueva normativa, que prohíbe echarse un cigarrillo en los centros de trabajo, con resignación y descontento. Hubo impresiones para todos los gustos. La controvertida Ley Antitabaco se dio a respetar el día de su estreno de forma rigurosa en las empresas de la ciudad. Ni una calada en el despacho. El cenicero ha desaparecido del mobiliario de oficina.

A eso de las once y media de la mañana Francisca Barroso apuraba el primer pitillo del día en 'La Cafetera'. Trabaja en el edificio de Múltiples y ayer, como otros muchos cacereños, se topó de bruces con la medida sanitaria. Asegura esta mujer, que empezó a fumar a los catorce años de edad, que la entrada en vigor de la Ley no la ha pillado en su peor momento. «La verdad es que no lo llevo mal del todo porque estos días ando constipada y no puedo fumar mucho», comentaba mientras daba un sorbo a su café.

Toñi Alvarado salió de la sede de Comisiones Obreras -donde trabaja para la Federación de Enseñanza- para comprar un cartón de tabaco en el estanco de Múltiples. Al salir del edificio oficial, donde está prohibido fumar, echa mano del bolso. Saca la cajetilla y el mechero. Y da la primera calada. «Esta mañana antes de entrar a trabajar me he fumado cinco. Pero bueno, de momento, no me ha entrado mucho mono», dice en compañía de Ángel Luis Sánchez. «Creo que ha habido algo de dictadura al aplicar la Ley porque a los fumadores no nos han consultado», apostilla Toñi.

«Totalmente en contra»

María Calle no estaba de humor. «Estoy totalmente en contra. No estoy de acuerdo con todo lo que sean prohibiciones y restricciones. Considero que el no fumador tiene sus derechos y yo, como fumadora, tengo los míos. No me parece justo que no me habiliten un espacio y que me tenga que ir a la calle», indica tajante desde uno de los pasillos de la Subdelegación del Gobierno.

Echarse el cigarro en plena avenida Virgen de la Montaña, y con el frío de enero, no es plato de gusto para María. «En la calle me siento como una apestada. Si está prohibido fumar, pues que se prohíba la venta, la producción, las ayudas a los productores...». O todo o nada. «Que se tomen medidas a todos los niveles», propone.

Lo cierto es que María redujo ayer su dosis diaria de nicotina. Al menos, la que consumía en horario de oficina. «Me siento como una adolescente metida en el baño de un instituto. El cigarro no me sabe igual. Es igual que cuando me escondía de mami y papi para que no me pillaran con el cigarrito. Y ahora estamos en estas condiciones. ¿Dónde están mis derechos», se pregunta con tono retórico esta cacereña.

Sólo unos pasos separan el despacho de María de la puerta de Rosario Medialdea, que ayer también estrenó condición de no fumadora por imposición. Se inició en el hábito a los 16 años. «Yo me fumaba un paquetillo diario. Me echaba doce cigarros, más o menos, por la mañana. Y hoy llevo tres. Uno me lo he fumado en la puerta, otro tomando café y el último, en el patio». A diferencia de su compañera, llega a encontrar el lado bueno de la Ley. «Me parece bien si hace que fumemos menos», razona mientras reconoce que lleva bastante tiempo con el deseo de dejar el tabaco.

El fumador pasivo

Miguel Tena tomó ayer su café matutino en 'El Puchero', uno de los pocos establecimientos de la ciudad donde se ha prohibido el consumo de tabaco. No fuma y ha sido durante muchos años fumador pasivo. «En la oficina hoy están un poco tristes los que no pueden fumar, pero a mí me viene bien la norma. No me gusta que fumen a mi lado, sobre todo, en verano con el aire acondicionado. Ahora, en invierno, se soportaba mejor porque abría la ventana un rato y ya está», describe.

Mientras los fumadores se adaptan a la nueva realidad, las administraciones tienen aún muchos cabos sueltos por atar. Desde la Subdelegación del Gobierno en Cáceres se interpreta que la Junta de Extremadura es el órgano competente en la materia, a través de la Consejería de Sanidad. No obstante, se aclara que cualquier ciudadano puede presentar su denuncia por incumplimiento de la Ley en las instalaciones de la Subdelegación, que se encargará de elevar la queja hasta la administración regional. Hasta el día de ayer no se ha cursado ninguna denuncia.

Dar una calada delante del ordenador en el lugar de trabajo se considera falta leve y, por lo tanto, sancionable con una multa de 30 a 600 euros. Pero si se acumulan tres faltas leves, la infracción pasa a ser grave. El importe se eleva y la multa iría desde los 601 hasta los 10.000 euros, según se contempla en la Ley 28 /2005 de 26 de diciembre.



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