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Lunes, 2 de enero de 2006
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Un viaje a la España de postguerra
El primer viaje de Bellow a Europa, en 1947, tuvo como destino España. El escritor, entonces profesor adjunto en la Universidad de Minnesota, encabezaba un grupo formado por un puñado de estudiantes, en lo que podía entenderse como una excursión mitad académica, mitad turística, que se financiaba con una beca de la Fundación Guggenheim. Bellow pasó unos días en París, antes de encaminarse a Irún y allí coger el expreso de Madrid. Dejando a un lado la confusión geográfica del escritor (dice que el tren pasa por Santander), lo primero que le llama la atención «antes que la gente, las calles y el paisaje, es la policía».

En Madrid se aloja en una pensión regentada por una vasca y la capital le parece recién salida de la última batalla de la Guerra Civil, con edificios semiderruidos y una tristeza general que describe en un artículo que publicó en 'Partisan Review'. Bellow conoce cafés que parecen el mismo en el que tienen lugar algunas de las escenas más conocidas de 'La colmena' de Cela. Toma nota también del rancio clasismo de la capital y asiste, con estatus de diplomático, a un juicio en Alcalá de Henares contra diez trabajadores del tranvía acusados de distribuir 'Mundo obrero'. El futuro Nobel aprovechó su estancia para algo más que describir la sordidez de la vida española. Conoció a Baroja, visitó en numerosas ocasiones El Prado, «que por entonces estaba vacío y mugriento», y en general disfrutó del país, pese a que, como reitera una y otra vez, estaba «deshecho». «Me encantaba todo, absolutamente todo. Hasta el aire parecía distinto. Tenía una cualidad especialmente tonificante», explica.



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