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Spielberg desata un debate sobre el terrorismo con su película 'Munich'
El filme sobre el grupo 'Septiembre negro' cuestiona algunas de las tácticas de la Casa Blanca desde el 11-S
«Toda civilización se ve en la necesidad de negociar compromisos con sus propios valores». Aunque parezca un argumento pronunciado en el transcurso de alguna decisiva reunión en la Casa Blanca para justificar todas esas prerrogativas en la lucha contra el terrorismo asumidas por la Administración Bush desde el 11-S, la frase en cuestión es parte del guión cinematográfico de 'Munich', la última película de Steven Spielberg, que pese a haber sido teóricamente concebida como una «oración por la paz», viene desatando desde su navideño estreno en Estados Unidos una llamativa polémica a múltiples bandas sobre límites, tácticas y retribuciones.

Este llamativo pronunciamiento sobre 'compromisos' forma parte en el largometraje de Spielberg de la vengativa lógica supuestamente aplicada por la primera ministra de Israel, Golda Meir, al dar luz verde para la formación de un comando ultra-secreto del Mossad destinado a eliminar, uno por uno, a los responsables del grupo 'Septiembre Negro', la banda terrorista que en 1972 protagonizó un sangriento ataque durante los Juegos Olímpicos de Munich en el que mataron a once atletas de Israel.

Formalmente, el Gobierno de Israel nunca ha aceptado responsabilidad por los nueve asesinatos de cabecillas palestinos vinculados a la masacre de Munich. Pero la película de Spielberg postula que esa mentalidad de 'ojo por ojo' no ha hecho más que alimentar y perpetuar el conflicto entre israelíes y palestinos, desbordando el odio de radicales musulmanes hasta salpicar a Estados Unidos. Además, el popular cineasta -maestro a la hora de jugar con emociones humanas- plantea que estas tácticas extrajudiciales con sus casi inevitables víctimas inocentes generan a la postre más terrorismo.

Estas tesis no han gustado nada al Gobierno de Israel, cuyos representantes califican la película de Spielberg de «superficial y pretenciosa» pese a las enormes simpatías en círculos judíos generada por 'La lista de Schindler'. Aunque el Ministerio de Exteriores de Isarel ha dejado saber que entre sus funciones no figura la crítica cinematográfica, sí que ha respaldado los reproches expresados por su cónsul general en Los Ángeles, Enod Danoch. Para el representante diplomático, «intentar abarcar este problema a través de unas pocas frases en un gran monólogo es una burla a un conflicto que ha costado tantas vidas y tantos años. Es pretencioso, incluso si se trata de Spielberg». En su opinión, resulta sumamente «injusto» colocar en un plano moral equivalente a los terroristas palestinos y a los agentes del Mossad.

La película también está sugiriendo inquietantes reflexiones sobre algunas de las más cuestionadas tácticas utilizadas por la Administración Bush desde el 11-S. Incluidos ataques selectivos, cárceles secretas de la CIA, prácticas de tortura fuera de Estados Unidos, internamientos 'sine die' en Guantánamo y espionaje doméstico sin autorización judicial. Además de alentar incluso discusiones sobre si la presencia militar del Pentágono en lugares como Irak sirve para contener el extremismo o avivarlo.

Basada en un libro

Como problema habitual de Hollywood, la veracidad de la historia contada en 'Munich' se encuentra bajo sospecha. La película -cofinanciada por DreamWorks y Universal- está basada en el libro 'Venganza', publicado por George Jonas en 1984. El propio autor, un periodista canadiense, ha reconocido que parte de su trama está basada en una sola fuente y que fue incapaz de verificar ciertos detalles de esta historia, rechazada desde un primer momento por los responsables de los servicios de inteligencia de Israel, país donde la película está siendo promocionada como «una obra de ficción, inspirada por hechos reales».

En cierta manera, Spielberg ha promovido esta polémica al rechazar la posibilidad de promocionar su película como otras grandes producciones de Hollywood. El director ha contratado a Dennis Ross, jubilado mediador entre palestinos e israelíes, para presentar esta historia épica de 167 minutos entre 'think tanks', instituciones y protagonistas de la diplomacia de Estados Unidos. Organizando coloquios y debates sobre el mensaje de una película en la que el protagonista se pregunta angustiado sobre si ha merecido la pena tanto baño de sangre y su contacto en el Mossad le intenta calmar diciéndole: «Las uñas de mis dedos siempre vuelven a crecer, ¿eso significa que debo dejar de cortarlas?».



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