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Lunes, 2 de enero de 2006
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PROVINCIA DE BADAJOZ
Badajoz
Resaca tranquila
La mayoría de los jóvenes pacenses se marcharon a casa antes de las ocho, por lo que las calles de la ciudad amanecieron desiertas
La imagen de una joven pareja, paseando acaramelada por la carretera de la Granadilla después de pasar la noche en un cotillón, resumía lo que fue un Año Viejo sin excesivas novedades: decenas de fiestas en bares y discotecas, y miles de badajocenses despidiendo el año de casa en casa o de bar en bar.

Hasta pasadas las 10.30 horas, Badajoz dormía. Poco a poco fue desperezándose y a media mañana, en la zona de la Plaza de España, ya era considerable el número de viandantes que salieron a pasear a sus perros o a hacer un poco de deporte.

Por la avenida Juan Sebastián Elcano a las nueve de la mañana sólo se avistaba a una pandilla de veinteañeros trajeados. Un par de adolescentes agitaban en el aire sus corbatas al tiempo que parecían divertirse recordando la anécdota más sonada de la noche. Pero fueron pocos los badajocenses que vieron amanecer en la calle. Avenidas como Sinforiano Madroñero no recobraron el ritmo dominical hasta el mediodía. Y es que casi todo el mundo se batió en retirada antes de que saliera el sol.

No en vano, a la salida de las salas de fiestas que organizaban cotillones aún se podía ver algún grupo de jóvenes. En las proximidades del Complejo Alcántara, dos chicas caminaban descalzas y con cara de sueño. Con los maltrechos tacones en la mano, parecía que el paso de las horas había devorado la elegancia del recogido, las lentejuelas y el estudiado maquillaje de gala.

Mientras ellas intentaban dar un paso en firme, un acompañante masculino apuraba los últimos tragos de su copa.

Los únicos vehículos que circulaban a primera hora de la mañana por las calles de la capital pacense eran los taxis. En Ricardo Carapeto había un incesante ir y venir de taxistas que pudieron hacer su particular agosto acercando a casa a los más rezagados. Ya eran las diez de la mañana y en la carretera de Olivenza, a la altura de la barriada de Llera, varios corrillos de jóvenes seguían esperando la llegada de algún taxi entre carcajadas y bostezos.

En la Plaza de España, epicentro de los festejos, una cuadrilla de barrenderos municipales se afanaba en recoger los restos de la celebración. Sólo algún vaso o algún gorro de cartón daban cuenta de lo que horas antes había sido la zona cero de la diversión.

«Hemos tardado un par de horas en limpiarlo todo. No hemos llenado muchas bolsas. Casi todo eran serpentinas y restos de las uvas», dijo Miguel Sierra, operario del servicio municipal de limpieza.

A ellas no les gustan las aglomeraciones ni los agobios, por eso han huido de los famosos cotillones. Sandra y Lorena asistieron en Nochevieja a la fiesta que organizaba un amigo en su casa de Huerta Rosales. «Este año hemos preferido un plan tranquilo... El cotillón del año pasado fue un desastre y nos dejó mal sabor de boca», comentaba Lorena de camino a casa.

Para muchos jóvenes, tomar un buen desayuno fue la mejor idea antes de meterse en la cama. Las pocas cafeterías abiertas a primera hora fueron parada obligatoria de los más trasnochadores. Rubén, Jaime y Carlos tomaron el primer Cola-Cao del año en la cafetería 101 de la plaza de Santo Domingo. «La fiesta del Complejo Alcántara ha sido espectacular. Creo que hemos asistido alrededor de 1.200 personas. Nosotros lo hemos pasado muy bien y no hemos tenido que soportar ninguna bronca. Además, el servicio ha sido muy bueno, a pesar de que han tardado un poco en servirnos las copas. Hasta nos han dejado estar una hora más», decía satisfecho Jaime Lijarcio, mientras el camarero le servía unas tostadas con mantequilla.



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