Así daña el cerebro de un niño los malos tratos

Cerebro humano visto a través de rayos x./Archivo
Cerebro humano visto a través de rayos x. / Archivo

Provocan daños irreparables que deterioran funciones neuronales y derivan en secuelas que pueden llegar a incitar el suicidio y explican otras conductas negativas

ÁLVARO ROMERO

El maltrato infantil afecta gravemente a los circuitos cerebrales afectando de forma directa a las funciones de las neuronas y dando origen a secuelas que van desde la depresión hasta el suicidio, pasando por altos niveles de impulsividad, agresividad o ansiedad. Esta es la conclusión a la que han llegado científicos canadienses tras estudiar a fondo el cerebro de perdonas que sufrieron malos tratos en la infancia.

Los expertos han conseguido detectar cambios en áreas concretas de las estructuras neuronales de los pacientes estudiados, en especial aquellas que se dedican al tratamiento afectivo de la información. La investigación ha sido llevada a cabo por la Universidad de McGill, concretamente por el Grupo de Estudios sobre el Suicidio, con sede en el Instituto Universitario de Salud Mental Douglas y el Departamento de Psiquiatría de la propia universidad.

Los efectos de experiencias infantiles traumáticas, en especial violencia física o sexual, provocan deficiencias estructurales y funcionales de las células del córtex, afectando a las emociones y estados de ánimo. Según la Universidad de McGill, entre el 5 y el 15% de los niños occidentales menores de 15 años sufren malos tratos de forma continua, las dos primeras décadas de vida son las más delicadas en este aspecto.

Procesos cerebrales dañados

En la organización cerebral las señales eléctricas utilizadas por las neuronas pueden necesitar recorrer largas distancias para comunicarse con las células de otras regiones. Los axones, (prolongación de las neuronas para conducir el impulso nervioso) fundamentales en este proceso, generalmente están cubiertos por un recubrimiento graso llamado mielina.

La mielina protege los axones y les ayuda a conducir señales eléctricas de manera más rápida y eficiente. Dicha sustancia se acumula progresivamente, en un proceso conocido como mielinización, que tiene como etapa base la edad infantil y luego continúa madurando hasta el periodo adulto. Las personas que habían sufrido maltrato infantil mostraron anomalías en la masa blanca de sus cerebros, una masa formada principalmente por axones mielinizados.

Conclusiones obtenidas

Los investigadores canadienses han conseguido comparar las muestras de cerebros post-mortem de tres diferentes grupos de adultos: personas que se suicidaron, sufrieron de depresión y tenían un historial de abuso severo en la infancia (27 personas); personas con depresión que se suicidaron, pero que no tenían antecedentes de abuso en niños (25 personas) y, el tejido cerebral de personas que no tenían ni enfermedades psiquiátricas ni antecedentes de abuso infantil (26 personas).

Los investigadores descubrieron que la capa de mielina era inferior o de menor espesor en los cerebros que habían sufrido abuso infantil, encontrando alteraciones en las células encargadas de la generación y mantenimiento de la mielina. Todo ello unido al aumento del diámetro de algunos axones provoca la alteración emocional y los problemas que todo ello conlleva.

Los expertos afirman que la adversidad en la vida temprana puede interrumpir de manera duradera una serie de funciones neuronales. Los científicos canadienses siguen analizando los casos para concretar en que parte exacta del cerebro, en que momento concreto del desarrollo aparecen estas alteraciones y porqué tienen impacto en las emociones y estados de ánimo.

Fotos

Vídeos