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Aprende a cuidar de tu perrito

Ilustración del cuento 'Miriam educa a su cachorro'.

Ilustración del cuento 'Miriam educa a su cachorro'.

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  • Dos cuentos ayudan a los más pequeños a entender la importancia de tener una mascota y les dan consejos sobre cómo deben aprender a cuidarles correctamente

'La niña que sabía de perros' y 'Miriam educa a su cachorro', de KNS ediciones, son dos cuentos muy especiales. En ellos la educadora canina Sumara Marletta, experta en reeducación de perros y dueños, muestra a los más pequeños las normas básicas para saber tener y cuidar una mascota.

A través de una historia y de actividades añadidas, los niños podrán tomar conciencia de la responsabilidad que conlleva tener un cachorro y aprenderán que no es un juguete que se coja y se deje por capricho.

Al final, cada cuento lleva una guía de convivencia para niños y perros felices entre los que destacan algunos consejos muy interesantes:

–Antes de tocar a un perro siempre hay que pedir permiso al dueño.

—Si levantamos los brazos, es fácil que el perro nos salte encima.

—Hay que acariciarlos despacio, suave y sin apretar.

—Es mejor hablarles bajito y evitar gritos que puedan asustarlos.

—El oído de los perros es mucho más sensible que el nuestro. Si suenan fuegos artificiales u otros sonidos fuertes llévalo a un lugar en el que se sienta seguro, intenta darle premios para que asocie el ruido a algo positivo y quédate a su lado hasta que cabe.

—Nunca se debe correr de frente hacia los perros, acercarnos mucho a su cabeza ni abalanzarnos encima de ellos.

—Al agacharnos les invitamos a acercarse, y cuando bostezamos les transmitimos tranquilidad.

—Hay que dejarles tranquilos mientras comen o duermen.

—Si el perro gruñe inmediatamente lo dejamos tranquilo.

—Cuando veamos a un perro enfadado, permaneceremos quietos sin levantar la mirada y con las manos pegadas al cuerpo.

—A los cachorros, si al salir a la calle retroceden, tiemblan, se paralizan o jadean no los fuerces. Para que pierda el miedo ofrécele premios muy sabrosos mientras él observa a su ritmo el entorno que lo rodea. Él debe decidir cómo y cuánto avanzar.

—Si te muerde la ropa mientras caminas junto a él, no luches. Ofrécele una alternativa. Cuando un cachorro muerde durante mucho tiempo y no reduce la intensidad hay que analizar cómo estamos jugando con él. Es posible que el tipo de juego lo altere y no sea adecuado para él.

Los adultos deberán supervisar en todo momento las interacciones entre niños y perros.

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