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El éxito escolar de tu hijo también depende de ti

Para estudiar es necesario crear una rutina efectiva.
Para estudiar es necesario crear una rutina efectiva. / AFP
  • La periodista Susana Pérez de Pablos recoge en un libro las pautas para que los padres sean una ayuda en el éxito escolar de los alumnos

Detrás de un niño que va bien en el colegio siempre hay unos progenitores que se interesan por su rendimiento. Pero ¿de qué forma hay que preocuparse por la educación de los pequeños? ¿Cuánto tiempo hay que dedicar a hacer los deberes con ellos? ¿En quién se debe delegar si uno está trabajando y no puede pasar la tarde supervisando las tareas? La periodista experta en educación Susana Pérez de Pablos ha reunido las respuestas a todas estas cuestiones en el libro ‘El papel de los padres en el éxito escolar de sus hijos’ (Catarata).

La autora ha basado su trabajo en entrevistas con expertos y padres. Y en primer lugar, ofrece una pauta sobre el tiempo que los alumnos deben estudiar cada día fuera del horario escolar: “10 minutos más por curso empezando por 1º de Primaria”. Es decir, 10 minutos en 1º de Primaria, 20 en 2º, 30 en 3ª… y una hora en 6º. El objetivo es crear unas rutinas que permanezcan durante toda la vida del niño, que le sirvan hasta la universidad. “Una de las claves del fracaso escolar es que cuando llegan a Secundaria, especialmente al curso más difícil, que es 3º de la ESO, los niños no tienen hábitos de estudio adecuado”, destaca Pérez de Pablos.

Una vez establecido el cuánto, llega el cómo. ¿Tienen que ser los padres muy ‘pesados’ durante todo el tiempo que sus hijos están estudiando? “Al principio, cuando son pequeños, hay que trabajar con ellos y enseñarles a estudiar. Saber estudiar es saber estructurar unos contenidos para luego ser capaz de explicarlos. Pero si ya tienen adquirido un hábito, saben hacer sus esquemas, sus resúmenes… no hace falta estar vigilantes”, añade la autora.

En el contexto de la sociedad actual, con largas jornadas de trabajo y cada vez menos tiempo para la familia, existe otra situación muy común, la de los padres que, por sus obligaciones laborales, no pueden hacer un seguimiento diario del rendimiento de sus hijos. Para estos casos, toca delegar en abuelos, otros familiares... “Lo importante es que estas personas también muestren interés en cómo estudian los pequeños. Y luego, cuando llega el fin de semana y hay más tiempo, los padres deben hacer un esfuerzo por mirar los libros del alumno, ver cómo va, preguntarle...”. “No basta con decirle al niño ‘estudia, estudia’ y desentenderse de lo que está haciendo. Aunque algunos escolares tienen mucha fuerza de voluntad, es absolutamente necesaria la presencia del progenitor”, insiste.

Esta actitud general de estudiar en casa que defiende Pérez de Pablos choca con la idea de que los alumnos no tienen que hacer tareas fuera del colegio. La autora del libro, sin embargo, se declara favorable a los deberes. “Son imprescindibles. No hay otra manera de retener los conocimientos que se adquieren en clase que repasándolos en casa. Para retenerlos, tienes que estudiar. Y además, los deberes sirven para crear los hábitos de estudio, que, insisto, son algo clave”, señala.

Eso sí, los padres deben ser sensibles a otras necesidades de los niños. Por ejemplo, los pequeños no se pueden poner a estudiar si no han merendado, no se les debe quitar un juego si están absortos (mejor esperar unos minutos) o no se les tiene que obligar a estar cuatro horas sentados en una silla.

Susana Pérez de Pablos cuenta que este libro surgió como un intento de ayudar a los padres, que ante los cambios tan rápidos que se están produciendo en la educación, se sienten muchas veces desorientados. “Los padres están interesados en el éxito escolar de sus hijos, pero no saben qué hacer”, apunta. La tecnología es, probablemente, uno de los aspectos que generan más dudas. “Hay que enseñarles a tener con la tecnología la misma actitud que se tiene con el mundo no tecnológico. Si les decimos que en la calle no se vayan con extraños, el equivalente en la web es que no chateen con desconocidos”, sostiene la autora, que, no obstante, ve a los padres jóvenes más preparados para afrontar este reto. “Ellos ya crecieron con la tecnología y son capaces de poner filtros. Antes, los niños podían engañar a sus padres y decirles que estaban estudiando con el ordenador aunque estuvieran jugando. Ahora, a los padres jóvenes es más difícil hacerles esto”, asevera.

Y la tecnología también es importante en otro aspecto: los famosos grupos de Whatsapp de los padres en los colegios. “Yo creo que no son necesarios”, se pronuncia Pérez de Pablos. “Está muy bien tener una cierta información de qué ocurre en el centro escolar y utilizar el correo electrónico o el Whatsapp para contactar con los profesores o con otros padres cuando es necesario, pero los grupos de Whatsapp de padres me parecen algo excesivo. De hecho, es completamente incongruente posicionarse en contra de los deberes y a la vez, estar enganchado a un grupo de Whatsapp para saber qué tienen que hacer los niños. Lo que hay que hacer es confiar en ellos”, reitera.

Todos los estudios certifican que los niños cuyos padres se preocupan por su educación consiguen mucho mejores resultados académicos. “Los niños actúan por imitación y por el interés que detectan. Si ven que el padre está interesado en lo que están haciendo, aunque sea pintar cuando son muy pequeños, se esforzarán más y pondrán más ganas. Y los padres que abdican de su responsabilidad serán responsables de su futuro fracaso”, explica Pérez de Pablos.