SEXISMO Y OPORTUNISMO POLÍTICO

BEATRIZ MUÑOZ GONZÁLEZProfesora de Sociología en la UEx

Mucho se ha escrito y se ha hablado del oportunista, aunque quizá pocas frases hayan sintetizado y popularizado mejor su perfil como aquella de Groucho cuando dijo “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

Con frecuencia identificamos el ámbito de la política con su hábitat natural –aunque no es el único, se lo aseguro- y bien les llamemos tránsfugas, chaqueteros o veletas, a todos nos vienen a la cabeza ejemplos de personas que transitan de un partido a otro, de una ideología a otra, como quien se prueba varios trajes para ir a una boda, según sea de día o de noche, verano o invierno, haya engordado o adelgazado desde la anterior.

El oportunista es una persona que se adapta muy bien a las circunstancias en beneficio propio, incluso, y esto es lo que más le diferencia en su capacidad de adaptación del resto de los humanos, aunque ello suponga renunciar a sus principios. El buen oportunista se mueve con ligereza soltando el lastre de los mismos y cogiendo otros según necesite elevarse o aterrizar. Su medio de transporte es el globo.

En estos días, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, me he topado con un hecho que quiero compartir. Recordarán que hace unos meses saltó a la prensa un caso de acoso sexual en la Universidad de Sevilla. Un exdecano fue denunciado, entonces supimos que la historia venía de lejos, 10 años, y pudimos leer los dramáticos testimonios de las denunciantes.

La prensa también se hizo eco de otros casos de naturaleza idéntica, entre los que figura el de un catedrático de la Universidad de Barcelona, que tras las denuncias del alumnado y el informe de la fiscalía -que si bien señalaba la prescripción de los hechos constitutivos de delito, también afirmaba que estos habían sucedido- “discretamente” fue invitado a retirarse durante dos años, transcurridos los cuales manifestó su intención de volver a la docencia. Fue entonces cuando el alumnado se movilizó y el caso salió a la luz con todo lujo de detalles.

Pues bien, he leído que en una televisión, en el marco del “procés” una responsable académica que decidió mirar para otro lado cuando sucedieron los hechos, no tuvo problema esta vez, y en un medio de comunicación, es decir, públicamente, en acusarle de acosador. ¿Qué ha pasado para este cambio de actitud? Ni más ni menos que el citado catedrático ha firmado un documento contrario al “procés” y a la independencia de Cataluña.

Les pido que no miren, como decimos por aquí, el “deino”, es decir, el “procés”, sino que miren la luna, al oportunismo político sexista. Cuando leí la noticia, además de exclamar un espontáneo “¡No hay pudor!” empecé a pensar en la fragilidad de esas relaciones de reciprocidad interesada en oposición a las fundamentadas en la confluencia de valores, sentimientos o ideales. Es un tema clásico en la sociología, así que supongo que de ahí mis primeras reflexiones. Después recordé a las víctimas de ETA.

Lo sustantivo en el relato que acabo de contarles es la utilización espuria de las víctimas. En este país se ha discutido mucho sobre las de ETA. Hemos sido testigos de enormes broncas por la “instrumentalización política de los muertos” (terrible frase). Al dolor de familiares y amigos por su pérdida se suma su cosificación, su conversión en la piedra colocada en un tirachinas con el que se dispara al ojo del adversario político. A las víctimas del acoso también se las ha puesto en el tirachinas.

Convendría, ahora que hablamos de un Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que intentáramos llegar a un acuerdo -al menos de mínimos- sobre cómo vamos a tratar a las mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia machista.

Ya imaginarán que no voy a defender a ningún acosador, pero tampoco quiero como aliados a quienes, sin disimular su oportunismo, las utilizan por un interés político. No me sirven quienes se ponen el traje de la defensa de la dignidad de las mujeres cuando les conviene; esa defensa debe ser su piel, la que cuidan y exhiben, la que les hace sentir, la que forma parte de su persona, la que no se pude quitar y meter en la lavadora o guardar en un armario hasta la próxima vez.

Les vuelvo a pedir que, en estos días en los que el “procés” ocupa toda la atención mediática, no miren el “deino”, podría poner más ejemplos, éste solo me ha animado a escribir mi reflexión. Miren a esas mujeres valientes, cuyos testimonios hemos leído, que denunciaron porque sabían que con su coraje ayudaban a otras. Tienen mi respeto y admiración del mismo modo que tienen toda mi desconfianza quienes usan la igualdad y la violencia contra las mujeres para obtener réditos políticos. Hay más de los que parece.

Fotos

Vídeos