Secesionismo en división

El independentismo catalán ha dado lugar a un magma insostenible de complicidades, partidos y colectivos sociales

El independentismo catalán está padeciendo la zozobra de una corriente que se sabe poderosa en su capacidad de movilización, pero que no se ha visto capaz de superar el rubicón para encaminarse de verdad hacia una república propia. Los secesionistas se resisten a someter su proyecto al principio de legalidad, bajo el argumento de que están a punto de dar a luz una legalidad nueva. Aunque al mismo tiempo son perfectamente conscientes de que cunde el descreimiento en su filas. El independentismo catalán es un mar de contradicciones y de intereses encontrados. La gente saldrá a miles hoy para unirse a la manifestación convocada en protesta por los encarcelamientos de los ‘jordis’ y de los miembros del gobierno Puigdemont que no están huidos en Bélgica. Pero no sabrá a quién va a poder votar en las elecciones del próximo 21 de diciembre; porque junto a la unidad siempre engañosa frente al adversario común –el Estado constitucional y sus valedores– afloran las diferencias entre partidos de distinta graduación independentista; y afloran desconciertos como los que está generando Puigdemont desde un lugar que resuena más lejano que Bruselas. Sus llamadas a conformar una lista unitaria, encabezada por él mismo, han resultado hasta ahora fallidas. El independentismo catalán ha dado lugar a un magma inextricable de complicidades, de partidos y colectivos sociales, que se ha vuelto en contra de la clarificación misma de sus postulados y, cómo no, de su concreción electoral. El magma independentista ha derivado hacia un sistema plebiscitario que se ha visto frustrado, pero al que nadie entre los secesionistas osa poner remedio a las claras. Todos y cada uno de los partidos dependen del magma rupturista, con el que no pueden romper. Dependen de aquél que se ponga al frente de la manifestación, sin que puedan discutirle su osadía. El 21 de diciembre no se presenta como una cita saludable solo en términos democráticos; de recuperación de la legalidad institucional. Será también una fecha saludable para el soberanismo y el independentismo; porque a poco que se esmeren en su presentación electoral podrán verse reflejados en el espejo de la sociedad catalana con absoluta nitidez.

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