Política voto a voto

Una reforma pluralista a favor de la representatividad electoral sólo tiene sentido si los partidos cambian hacia el acuerdo

Las dos formaciones emergentes, Podemos y Ciudadanos, coincidieron ayer en promover una reforma de la ley orgánica electoral para procurar un sistema más fiel al sentido del voto directo. Ciudadanos y Podemos tratan de sortear la dificultad que entrañaría un cambio constitucional; a pesar de que la circunscripción provincial, consagrada en la Carta Magna, prima a las opciones mayoritarias. La propuesta ‘emergente’ se limita a cuestionar la Ley d’Hont, apostando por un método más proporcional de escrutinio: el Sainte Lagüé, vigente en países nórdicos. La dirigente socialista Adriana Lastra reclamó ayer consenso para cualquier modificación de la LOREG, añadiendo que Podemos y Ciudadanos han ideado su propuesta «con la calculadora» de los votos. El problema es que esa misma «calculadora» opera también cuando el Partido Popular y el PSOE orillan el debate sobre un sistema electoral más representativo, en tanto que se saben beneficiarios del actual. Es la disputa entre el bipartidismo heredado de la Transición y la aparición de nuevas fuerzas políticas. La diatriba partidaria sobre la fórmula que convierte los votos ciudadanos en escaños parlamentarios refleja, por lo general, la posición que ocupa cada formación en el ranking. Los partidos que se alternan en el Gobierno se inclinan a favor de un sistema mayoritario, mientras que los demás reclaman igualdad en el valor de cada voto. Pero no se trata únicamente de una discusión de interés entre siglas. Responde a una disyuntiva que afecta a la democracia representativa, sobre si sus normas electorales han de asegurar prioritariamente la estabilidad en el gobierno del país o, por el contrario, han de responder al sentir de la ciudadanía voto a voto. La segunda opción promueve un abanico político pluralista; mientras que la primera, cuando se combina la circunscripción provincial con la Ley D’Hont, constriñe la representatividad proyectando un panorama político dual. La aplicación de la actual legislación no ha sido capaz de asegurar una fácil gobernabilidad de las instituciones desde la aparición de Ciudadanos y Podemos. Lo que invita a pensar que una reforma pluralista a favor de la representatividad electoral solo tendría sentido si se ve acompañada de un cambio de los grupos parlamentarios resultantes a favor del acuerdo. Porque de poco serviría desechar la Ley d’Hont si el voto ciudadano acabara empantanado en un desencuentro sin fin entre las fuerzas parlamentarias.

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