Un ‘no’ con mayúsculas

Bienvenida sea la conversión del cine en una plataforma de denuncia del acoso sexual a cuenta del empleo o de la promoción profesional

Las sucesivas denuncias por acoso sexual, abusos y violaciones hechas públicas por un creciente número de actrices desvela la existencia de un mundo dominado por hombres que, en demasiadas ocasiones, han utilizado su posición de superioridad para sentirse poseedores del cuerpo y de la dignidad de sus contratadas, de sus ‘contratables’ y hasta de sus compañeras de reparto. Es más que probable que las denuncias formuladas en los últimos meses representen una parte ínfima de los casos en los que las mujeres se hayan visto sometidas a una doble opresión en el desarrollo de su vocación artística: la explotación profesional sujeta a su forzamiento sexual y el desprecio más atroz a sus sentimientos más íntimos. Tales conductas no solo obedecen a los más bajos instintos del hombre. Conforman también todo un sistema de poder basado en esa perversión machista que es el requerimiento de favores sexuales como prestación comercial. Claro está que no se trata de un fenómeno exclusivo del cine, de las pasarelas o de cualquier ámbito de negocio que gire sobre la belleza y sobre la exigencia más o menos arbitraria de exposición del propio cuerpo. El problema, claro está, no interpela únicamente a la opción heterosexual machista. Evidencia también la existencia de acoso y abuso, en un entorno laboral, por apetencias gays y lesbianas siguiendo un patrón análogo al instinto de posesión y sometimiento. Bienvenido sea que el cine se convierta también en una plataforma de denuncia sin subterfugios del acoso sexual a cuenta del empleo o de la promoción profesional. Siempre que actrices y actores recuerden que hay hombres y mujeres aún más vulnerables a ese respecto en el mercado de trabajo. Siempre que denuncien también que determinados cánones pretendidamente estéticos sigan presentes en los procesos de selección de personal, sea cual sea la actividad de la empresa contratante. En cualquier caso, no es de recibo que se denueste la denuncia de la injusticia porque se produzca tiempo después de los hechos señalados. Porque forma parte de la ignominia disuadir a la víctima de revelar inmediatamente lo padecido. Y porque la vindicación de derechos tan básicos requiere aún, por desgracia, de una toma de conciencia colectiva y de un aprendizaje personal.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos