Insostenible

El independentismo no se sostiene al descubrirse que su proyecto era un castillo de naipes y no hacer autocrítica

Las declaraciones del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont al diario belga Le Soir, admitiendo que podría haber una solución distinta a la independencia, resultan indignantes tanto para los ciudadanos que han asistido con horror a la escalada secesionista encabezada por el hoy autoexiliado como para los entusiastas de la república catalana que tienen ya sobradas razones para sentirse engañados por proclamas y anuncios que de pronto se desvanecen. Claro que el Puigdemont que vira tan repentinamente hacia el pragmatismo, después de haber expulsado a la democracia española de la órbita de las libertades y de haber afeado a la Unión Europea su falta de sensibilidad, es quien ahora encabeza la candidatura de su partido, el PDeCat, ante las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. El independentismo no se sostiene más que en torno a la protesta por el encarcelamiento de los líderes de la ANC y de Òmnium y de los miembros del Gobierno de Puigdemont. No se sostiene al descubrirse que su proyecto unilateral era un castillo de naipes. No se sostiene porque sus integrantes han preferido concurrir por separado a las elecciones del 21-D. No se sostiene porque sus principales líderes se muestran incapaces de formular con franqueza una autocrítica detallada de lo que han hecho mal. Resulta en este sentido elocuente la versión que ERC dio ayer del asunto. A cuenta de las declaraciones de la exconsejera también autoexiliada Clara Ponsatí, que había señalado que el Govern no estaba «suficientemente preparado para dar continuidad política de forma sólida a los resultados del 1de octubre», su portavoz Sergi Sabriá puntualizó que no lo estaba como para «hacer frente a un Estado autoritario sin límites para aplicar la violencia». Son las dos variantes del independentismo preocupado que tratarán de afrontar el 21-D soslayando cualquier rectificación de fondo. La variante de que quizá no fuese el momento de dar la batalla final, y la de que la unilateralidad independentista se vio impedida por la ‘fuerza’ del Estado constitucional. Es lógico que el independentismo afronte los comicios convocados por Rajoy en virtud del 155 evitando la mezcla de frustración y de decepción que experimenta su movilizado público. Las tres candidaturas independentistas al 21 de diciembre están obligadas a dar cuenta puntual de su respectiva trayectoria, sin que ésta quede subsumida como causa del 155.

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