«Los imanes sin formación son una bomba de relojería»

Concentración en contra del terrorismo celebrada el pasado lunes en Las Ramblas de Barcelona. :: alejandro garcía / efe
Concentración en contra del terrorismo celebrada el pasado lunes en Las Ramblas de Barcelona. :: alejandro garcía / efe

Los 1.532 centros de culto islámico en España seleccionan y contratan a sus clérigos, que no tienen que acreditar titulación

KOLDO DOMÍNGUEZ

Abdelbaki Es Satty cumplió cuatro años de condena por tráfico de hachís en la prisión de Castelló. Salió de la cárcel en 2014 y decidió dar un cambio a su vida: al año siguiente ya era el imán de Ripoll. Uno de los enigmas que han dejado los atentados de Cataluña es cómo una persona con sus antecedentes pudo convertirse en el guía espiritual de la comunidad musulmana de esa localidad gerundense y, a la postre, el instigador de los ataques.

En España no hay ninguna normativa que regule la figura del imán. En los países musulmanes existen departamentos de Asuntos Religiosos encargados de certificar la idoneidad de los candidatos. Pero los 1.532 centros islámicos inscritos en el Ministerio de Justicia, en Madrid, tienen toda la libertad y responsabilidad para elegir a su responsable religioso -incluido verificar su pasado, formación y conocimientos-. Así lo garantiza el derecho fundamental a la libertad religiosa, lo que en la práctica implica que ninguna administración pública supervise los candidatos o el proceso. «En la práctica, funcionan como empresas privadas. Y el que paga pone los criterios y selecciona a la persona», explica Mounir Benjelloun, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), que agrupa a 500 centros de todo el país.

En cualquier mezquita existe la figura del imán que se encarga de dirigir las oraciones de los viernes. Esa labor la puede realizar cualquier persona de la comunidad que «tenga cierto prestigio o cualidades». Pero hay un segundo tipo de clérigo, que es el que imparte charlas, aconseja y orienta a los fieles, emite fatuas... «Para esa tarea hace falta mucha formación. Debe tener conocimientos de ciencia islámica y del Corán, además de en leyes y principios democráticos españoles, en valores sociales, y por supuesto, conocer el idioma y el entorno donde vive», detalla Benjelloun.

Ésa es la responsabilidad que asumió Abdelbaki Es Satty en Ripoll. «Los musulmanes en España nos hemos encontrado de la noche a la mañana con un grave problema. Ha aumentado el número de centros y hay pocos imanes con la formación suficiente. Y para cubrir ese vacío, a veces se ha recurrido a cualquier persona, gente que no estaba preparada». Benjelloun se refiere a clérigos venidos de Marruecos, Egipto o Arabia Saudí, que sobre todo en Ramadán «nos invaden» y que «tienen un discurso» peligroso. «Son malísimos imanes porque no conocen la realidad del país. Hablan sobre realidades que no conocen y aconsejan cosas que están penalizadas en España. En algunos casos hemos tenido que pararles los pies», reconoce.

Colaboración del Estado

El imán es la figura «más importante» dentro de la comunidad. Cuando dan su «discurso nadie puede interrumpirle ni discutirle», y la gente, los jóvenes incluidos, «confía mucho en ellos». «Por eso los que no tienen formación son un riesgo y una bomba de relojería», dice.

En la práctica no existe ningún tipo de control sobre la doctrina que cada imán imparte en su mezquita. Es verdad que las fuerzas de seguridad mantienen monitorizados a 59 clérigos por lanzar proclamas radicales con mensajes salafistas y wahabistas, ramas fundamentalistas del Islam. Benjelloun defiende la labor de la comunidad de cada centro, porque en el momento que detecta «mensajes radicales, le despide porque va contra los principios» de su religión. «La radicalización se da fuera de la mezquita, como ha sido el caso de Ripoll. «Los fieles de allí han sido engañados», asegura. «Esos son falsos imanes. Los de verdad son moderados y orientan a los fieles hacia el bien y no a convertirse en una banda de criminales», denuncia.

Para evitar nuevos episodios como el de Ripoll, el presidente de la FEERI defiende la implicación del Estado en la formación de los imanes. «Nos han dejado a nuestra suerte. No han invertido ni un euro en esta materia y cuando ocurren desgracias echan la culpa a la comunidad musulmana. Tienen que trabajar y colaborar con nosotros, y sin embargo, han cedido ese espacio a otros países». Para paliar esta situación, la FEERI puso en marcha en 2013 una iniciativa para formar durante tres años a una treintena de imanes, que han recibido clases en la Universidad Islámica de Rotterdam. «Ya están en las mezquitas. Pero ellos son 30 y hay más de 1.500 centros», lamenta Benjelloun.

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