Elocuente dimisión

La retirada de Artur Mas de la presidencia del PDeCAT puede entenderse como una sugerencia para Puigdemont

La dimisión de Artur Mas de la presidencia del PDeCAT es un elocuente reflejo de las contradicciones que aquejan al independentismo catalán, aunque en las elecciones del 21-D revalidara su mayoría parlamentaria. La decisión del heredero de Pujol supone, por sus propias palabras, el reconocimiento de que Puigdemont logró superar desde Bélgica las expectativas ciertamente pesimistas que barajaba la nueva marca de Convergència, orillando también a ERC. Es por lo que Mas se hace a un lado: porque ni puede ni quiere pintar nada en esta nueva etapa. El respaldo obtenido por ‘la lista de Puigdemont’ desaconseja la bicefalia al frente de una opción política tan indeterminada; la situación judicial que atraviesa Mas –agravada con su citación ante el Supremo por el 1-O– compromete al partido cuya suerte ya estaba en entredicho a causa del golpe de mano exitoso de Puigdemont. Pero ambas razones son extensibles al conjunto del independentismo. El remoto liderato que representa el expresidente de la Generalitat en el autoexilio, especulando a cada hora con la manera de ejercer su papel al frente de la mayoría parlamentaria independentista, constituye un factor tan desconcertante para las otras dos fuerzas secesionistas como inquietante para el conjunto de la sociedad catalana. Cataluña no está en condiciones de seguir a expensas de lo que decidan o sean incapaces de decidir electos que tampoco se sabe si lo son y dirigentes que podrían dejar de serlo mañana mismo. El independentismo, que aun dividido aspira a controlar las instituciones de la Generalitat a falta de alternativa, se encuentra sumido en el caos generado el 27 de octubre. Artur Mas justificó ayer su dimisión por el «calendario judicial» que podría llevar al Tribunal Supremo a confirmar su condena en la causa del 9-N. Unas circunstancias que afectan a tantos dirigentes independentistas, el primero de ellos el propio Carles Puigdemont, por lo que bien podría entenderse que Artur Mas le marca el camino al también expresidente de la Generalitat.

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