Contención al independentismo

Sánchez envía al secesionismo catalán el mensaje de que sus aspiraciones solo tendrán sentido dentro del autogobierno legal

El Gobierno de Pedro Sánchez pareció ayer decidido a acotar los términos en los que puede desarrollarse su relación con la Generalitat, una vez que el independentismo ha vuelto a tomar las riendas efectivas de Cataluña con la preceptiva retirada del 155. Lo hizo con ocasión de la toma de posesión de algunas de sus ministras y ministros. Dos catalanes, Meritxell Batet y Josep Borrell, y la magistrada Margarita Robles mostraron los límites de una posible aproximación entre Sánchez y Quim Torra. Mientras la titular de Política Territorial se comprometía a «escuchar, dialogar y consensuar», el nuevo ministro de Exteriores advirtió de que «España se enfrenta quizá al mayor problema que puede enfrentar un país, el de la integridad territorial», y la ministra de Defensa pareció remachar: «Con la Constitución, todo, diálogo y tolerancia. Fuera de la Constitución, nada». El independentismo catalán no ha aceptado de buen grado la composición del nuevo Gobierno. Sin duda, porque esperaba que los votos prestados para echar a Rajoy de Moncloa permitieran al secesionismo ampliar sus expectativas de avance hacia una república propia. Mientras las palabras de Batet, Borrell y Robles no resultan contradictorias, la posición adoptada por la vertiente más moderada o pragmática del independentismo –ERC y PDeCAT en el Congreso– a favor de la moción de censura socialista se vuelve decepcionante para quienes siguen las pautas de Puigdemont y Torra. El insistente anuncio de un próximo encuentro entre el presidente del Gobierno y el de la Generalitat despierta esperanzas de una mínima sintonía que debieran ser preservadas. Porque nada hay peor que el mantenimiento de una amenaza de ruptura en la convivencia entre los catalanes y en la relación institucional de esa comunidad autónoma con la España constitucional. Pero corresponde al independentismo encarnado por Puigdemont y Torra rebajar el tono ante la ineludible asunción de las reglas del Estado de Derecho. Lejos de alentar propósitos de desconexión inmediata, el independentismo ha recibido por parte del Ejecutivo de Sánchez el mensaje de que sus aspiraciones solo tendrán sentido si la Cataluña oficial se aviene a explorar las posibilidades que el autogobierno realmente existente brinda para el bienestar de sus ciudadanos y para el reconocimiento de su singular diversidad.

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