La Casa del Rey expresa su «respeto absoluto» a la independencia judicial tras la sentencia de Nóos

El Rey, esta mañaa, en un acto en El Escorial. /Efe
El Rey, esta mañaa, en un acto en El Escorial. / Efe

Felipe VI presidía un acto en El Escorial mientras la sentencia se hacía pública, coincidiendo con la retirada hace tres años del ducado de Palma a la infanta Cristina y a Iñaki Urdangarin

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

La decisión del Supremo sobre Iñaki Urdangarin ha llegado este martes mientras Felipe VI presidía en El Escorial la reunión del Capítulo de la Orden de San Hermenegildo. La agenda de la Zarzuela tenía fijado este acto con anterioridad a conocerse que el mismo día y aproximadamente a la misma hora, las 11.00, la Sala de lo Penal del alto tribunal condenaría al cuñado del Rey a cinco años y diez meses de cárcel en el 'caso Nóos', cinco meses menos de prisión que la pena que le impuso en febrero de 2017 la Audiencia Provincial de Palma. Fuentes de la Casa del Rey han expresado su «respeto absoluto a la independencia del Poder Judicial», como han hecho hasta ahora con todas las decisiones judiciales que han afectado a la infanta Cristina y a su marido.

La sentencia del Supremo se ha hecho pública cuando se cumplen tres años desde que Felipe VI decidiese revocar el título de duquesa de Palma de Mallorca a su hermana. La noche del 11 de junio de 2015, el Palacio de la Zarzuela emitía un comunicado en el que informaba de que al día siguiente el Boletín Oficial del Estado publicaría un Real Decreto en el que se retiraba el título a doña Cristina. Una información que sorprendía a propios y extraños y que veía la luz apenas veinticuatro horas antes del cumpleaños de la hermana del Rey y cuando éste celebraba su primer aniversario como Jefe del Estado.

Un Decreto de número 470/2015 que, en uso de las facultades del Monarca y «de conformidad con el Real Decreto de seis de noviembre de 1987» sobre «el régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real», borraba de un plumazo el honor nobiliario que el Rey Juan Carlos otorgó a su hija con motivo de su boda. De manera significativa, Felipe VI hizo constar por escrito su decisión en primera persona: «He resuelto», rezaba el documento, «revocar la atribución a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca, que le fue conferida mediante Real Decreto 1502/1997, de 26 de septiembre».

Según pudo saberse a posteriori, la propia doña Cristina quiso contraatacar la medida de su hermano enviando un fax en el que renunciaba voluntariamente al ducado y que, según sus abogados, tenía fecha anterior a la decisión del Monarca, si bien la Casa del Rey negó que fuera así y subrayó que la misiva llegó después de que Felipe VI comunicara por teléfono a su hermana su decisión.

En el texto, la infanta se presentó como víctima de «acusaciones infundadas» vertidas contra ella por parte del sindicato Manos Limpias y sostenía que si no renunció antes al ducado de Palma fue por el miedo a que este gesto pudiera interpretarse como un «desdén» a esa ciudad a la que dijo querer y admirar. «Después de una larga y dolorosa reflexión, he llegado a la conclusión, que debo manifestar a S.M mi voluntad de renunciar al título de Duquesa de Palma evitando así cualquier polémica que por razón de ello pudiera plantearse en la Ciudad de Palma», concluía.

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