Más allá del 'Aquarius'

Pedro Sánchez debe promover una complicidad solidaria con los migrantes por parte de los líderes europeos

La negativa del Gobierno italiano a permitir siquiera que los 629 migrantes pudieran arribar a uno de sus puertos a bordo del 'Aquarius' y el ofrecimiento de España a acogerlos en los muelles de Valencia proyectan la existencia de dos actitudes morales en el seno de la UE frente a una situación de emergencia. Un mensaje insolidario, y hasta agresivo, hacia quienes tratan de llegar a este lado del Mediterráneo; y otro discurso de compasión humanitaria que han hecho suyo distintos comunidades autónomas. Pero la diferencia trazada ante la deriva del 'Aquarius' puede resultar engañosa en tanto que no atestigua la existencia de una política ante la migración alternativa al populismo xenófobo representado descarnadamente por el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini. Y mucho menos asegura un compromiso de país, por parte de España, que haga bascular las posiciones de la Unión a favor de que las puertas de Europa se abran de verdad a las personas con derecho a asilo y a la integración real de los migrantes. Todo, mientras la UE acabe de implicarse en la contención de las dramáticas crisis que asolan los pueblos al otro lado del Mediterráneo. La propia singladura del 'Aquarius' y de los dos buques con los que comparte su pasaje inicial hasta Valencia se ha complicado en una demostración de que no caben gestos sin más ante un desafío que desborda día tras día lo previsible. La peripecia del buque fletado por Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée revela todas las fallas que presenta la UE ante la imparable corriente humana que continuará fluyendo de las regiones más depauperadas y sometidas a la brutalidad de la violencia hacia la seguridad que los más audaces buscan al otro lado del mar, por precaria o incierta que resulte su acogida. El Gobierno central, las instituciones autonómicas y locales concernidas en la arribada de los migrantes a Valencia y las entidades sociales dispuestas a atenderles han asumido mucho más que un deber de socorro inmediato. Especialmente en el caso del Ejecutivo. Porque Sánchez está obligado a promover, a través del próximo Consejo Europeo, una complicidad solidaria entre los distintos países. Aunque para ello deberá desentrañar previamente qué estatus concederá España a aquellos rescatados por el 'Aquarius' que no tengan un derecho de asilo o no sean menores de edad. Solo así podrá testimoniar Pedro Sánchez que resistirse a las corrientes xenófobas continúa formando parte de los ideales europeos.

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