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tribuna

Por un plan para reducir el número de fumadores

EL presidente de la Junta de Extremadura ha firmado el pasado 24 de enero un acuerdo con Phillips Morris Spain «para colaborar en el desarrollo tecnológico y en la innovación del sector del tabaco», según Europa Press y otros medios. Ese mismo día, la agencia EFE publica el resumen de la primera sesión del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, en la que se hace un llamamiento a los ministros de finanzas de todos los países, intentando convencer a los gobiernos de los beneficios económicos de la lucha contra el tabaco, manifestando que «la lucha contra el tabaco aporta beneficios económicos y los gobiernos deben analizar la evidencia que existe a este respecto para convencerse, en lugar de dejarse influir por las engañosas afirmaciones de la industria tabacalera». La OMS habla de afirmaciones (en este caso claramente interesadas) frente a evidencias (en principio, independientes). Respecto a las afirmaciones (o promesas) por parte de los directivos de Phillips Morris, la nota de prensa emitida por la Junta, cita que «ambas partes se comprometen a impulsar medidas que den estabilidad a la producción a largo plazo en el sector...» Parece claro que se intenta asegurar la producción de este producto durante mucho tiempo.

¿Y qué dice la evidencia? Dice, consistentemente, que la inhalación repetida del humo de tabaco, de forma activa o pasiva, es responsable a nivel mundial de la tercera parte de las neoplasias malignas, la mitad de los infartos cardíacos, casi todos los casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, y de una larga lista de enfermedades que producen sufrimiento y muerte en el ser humano. Y que no tendrían lugar si nadie fumase, lo cual sucedía hace no demasiado tiempo y es posible lograr si todos nos ponemos a ello. La evidencia dice que en España el tabaco mata a unas 60.000 personas cada año, de las cuales unas dos mil (cinco por día) son extremeñas. Los datos, por otra parte (Encuestas de Salud de España 2011-12 y de Europa 2014), dicen que Extremadura está a la cabeza en prevalencia de tabaquismo (fuma el 28,6% de adultos, unas 237.000 personas), con el agravante de que es la comunidad donde menos ha disminuido esa proporción de fumadores en los últimos años.

Las evidencias (y también nuestra experiencia personal) nos han hecho ver además el intenso sufrimiento personal de las víctimas del tabaquismo y de sus familias, durante los meses o años previos a la muerte, lo que sucede en la mayor parte de los casos, mientras acuden a ciclos de quimioterapia o radioterapia, se someten a intervenciones quirúrgicas paliativas o sencillamente se asfixian, conectados a una bombona de oxígeno.

Pero las evidencias no sólo hablan de dolor y muerte. También se ha estudiado el gasto. El enorme gasto sanitario, público y privado, que supone atender a las consecuencias del humo del tabaco sobre el organismo. Entre ellas, hace algo más de un año, un equipo de la Universidad de Zaragoza estimó una media de 1200 euros anuales, de gasto sanitario «extra» (fármacos, consultas, pruebas diagnósticas, incapacidad laboral, etc.) derivado de la atención sanitaria a cada fumador, respecto al que genera una persona que no fuma. Ello indica (también respaldado por múltiples evidencias científicas) la alta eficiencia que poseen, lo muy rentables que resultan para los países (o CC AA), llevar a cabo estrategias poblacionales que ofrezcan ayuda profesional accesible a todos los fumadores que deseen hacer un intento de abandono, por las mejoras en la salud y calidad de vida de las personas y por el dinero que revierte a las arcas públicas, que deja de gastarse en atender las enfermedades derivadas del tabaquismo. Y a los bolsillos de los fumadores, que al dejar de comprar tabaco, supondría en Extremadura la «salida al mercado» de millones de euros, que se utilizarían en adquirir otros bienes y servicios. Un estímulo para nuestra maltrecha economía.

Se dice en el reportaje que el acuerdo se justifica porque, en Extremadura, «.el sector del tabaco es estratégico en la actividad económica regional y representa la fuente de ingresos de 20.000 familias». Parece una cifra demasiado alta, pero aunque así fuese, nuestros gobernantes -que gobiernan para todos- también lo hacen para esas cinco familias que cada día pierden a un ser querido. Y que los beneficios económicos para los países (y CC AA) derivados de reducir la proporción de fumadores, si bien no son inmediatos, son mucho mayores a medio y largo plazo que los obtenidos por el cultivo del tabaco. Y por fin, que lo más sensato y ético (según la OMS y otras instituciones independientes dedicadas al cuidado de la salud de las personas) parece ser la búsqueda de cultivos alternativos adecuados a la zona, para sustituir progresivamente la planta de tabaco, para que esas familias no pierdan su medio de sustento económico. Entramos así en el meollo de la cuestión, que no es otro que Extremadura carece de estrategia poblacional alguna para reducir la prevalencia de fumadores, de un plan que ayude a liberarse de su adicción a los fumadores y fumadoras extremeños, algo sin duda relacionado con nuestra altísima prevalencia de fumadores, pues en aquellas comunidades autónomas (Cataluña, Valencia, Navarra, etc.) que sí han reducido sus prevalencias (hasta un 10% en los últimos años), se llevan a cabo desde hace años programas multisectoriales, poblacionales, orientados a los dos grandes frentes de la lucha contra esta mortal pandemia: ayudar a los que ya fuman a dejar de hacerlo (el fumador triplica sus probabilidades de éxito si lo intenta con ayuda profesional respecto a si lo hace por sí mismo) e impedir que los que no fuman inicien este adictivo consumo.

Por ello, cuánto más acertado y beneficioso para los extremeños hubiera sido leer una noticia del tipo: «La Junta de Extremadura ha firmado un acuerdo con los distintos colectivos sanitarios y educativos, y destinado el 1% de su presupuesto, para un programa multidisciplinar, de fácil acceso para todos los extremeños, que tiene como objetivo principal disminuir la prevalencia de tabaquismo (primera causa de muerte en nuestra comunidad autónoma) y con ello, reducir la importante carga de sufrimiento, muerte y gasto que nuestra región soporta por este problema de salud...». Lo sería porque esta noticia sí que estaría sustentada por las evidencias, por nuestras necesidades socio-sanitarias actuales y por las recomendaciones de las principales instituciones y expertos a nivel internacional. No podemos poner a la zorra a guardar nuestro gallinero. Lo sensato sigue siendo impedir el acceso al astuto animal. Y, además, «espantarla bien espantá», como decimos por aquí. Incluso, si no hay otra salida, buscar la manera de acabar con ella. Pero nunca negociar, pues seguro que nos engañará... Así lo hace porque su alimento son huevos, polluelos y gallinas. Los nuestros, si nos descuidamos.