Hoy

tribuna

Acoso sexual

RECORDARÁN cómo comienza 'La casa de Bernarda Alba'. La primera escena nos sitúa en el momento en el que los hombres y mujeres del pueblo abandonan el velatorio por el segundo marido de Bernarda. Es entonces cuando ésta se dirige a sus hijas y les dice: «En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar». El empeño de Bernarda por convertir su casa en una fortaleza inescrutable fracasa, y todo ello a pesar de que Poncia, la criada, le va avisando. Bernarda no puede evitar que Pepe El Romano entre. En ningún momento de la obra aparece, pero está en todas las estancias y, lo más importante, en el corazón y la cabeza de sus hijas. Pepe El Romano representa el deseo y rompe las normas, subvierte el orden moral represor, destruye la autoridad, despierta los instintos, provoca ilusión y ganas de vivir. Pepe El Romano es la libertad.

Más allá de mi fascinación por Lorca, que imagino será compartida por quienes estén leyendo estas líneas, reproduzco el párrafo porque siempre me ha parecido una extraordinaria metáfora del aislamiento de algunas instituciones. 'La casa de Bernarda Alba' en su conjunto, lo es también de la inexorabilidad del cambio en ellas. Imposible impedir que los viento de libertad, democracia e igualdad entren. La tradición ya no sirve para legitimar el poder y sus abusos.

A pesar de lo dicho, hay una razón más poderosa para traer a colación esta obra de teatro y es la sentencia que acabamos de conocer por la que se condena a siete años de cárcel a un profesor de la Universidad de Sevilla -catedrático- por tres delitos continuados de abusos sexuales y uno de lesiones psicológicas.

Se trata de una noticia muy buena que estoy convencida va a cambiar la universidad española. No quiero decir con esto que el acoso y el abuso sexual sean una práctica habitual en ella, pero tampoco negaré que este caso -conocido en todo el país, por cierto- y algunos otros, han ralentizado el tránsito de nuestra universidad desde el feudalismo a la modernidad. Hoy podemos decir que las relaciones de vasallaje son un poco más frágiles y también que somos más modernos porque somos más justos e igualitarios y porque nuestra tolerancia a la violencia, en este caso hacia las mujeres, es menor.

Que haya sido el propio Rectorado de la Universidad quien ha acudido a la fiscalía merece mencionarse. De cara a la sociedad se traslada un mensaje de ruptura con dinámicas corporativistas muy presentes en el imaginario social construido en torno a la institución; de cara al alumnado, sus familias y al personal que trabaja en ella, adquiere un especial significado pues supone un gran avance en la consecución de espacios educativos libres de violencia.

No obstante, sería injusto transmitir la idea de que hasta esta sentencia nada se había hecho. En realidad, desde hace tiempo existe un movimiento internacional sensibilizado con el acoso sexual en las universidades. El propio Obama, en el 2014, hizo un llamamiento a combatirlo en las de Estados Unidos, donde una de cada cinco estudiantes es víctima de agresiones de esta naturaleza, según los datos que la propia Casa Blanca facilitó. «Estas cifras son totalmente inaceptables (.) vamos a seguir tomando medidas como fortalecer la justicia penal, asistir a las víctimas, ayudar a las universidades en la prevención y reacción ante estos casos» señaló Obama.

En ese mismo año 2014 aparece 'The hunting ground', un estremecedor documental que cuenta los casos de violaciones de estudiantes en los campus americanos, casos que con frecuencia son ocultados por las propias autoridades universitarias temerosas del desprestigio y el perjuicio económico que estos hechos pudieran ocasionar.

En nuestro país, por su parte, y al hilo de la legislación en materia de igualdad, las universidades han ido elaborando protocolos contra el acoso sexual; también se han creado asociaciones y plataformas como la Red Solidaria de Víctimas de Violencia de Género en las Universidades, con sede en la Universidad de Barcelona, y recientemente se han celebrado las 'Primeras Jornadas sobre el Acoso Sexual de Segundo Orden en la Universidad', es decir, sobre el acoso que, a su vez, sufren quienes defienden a las víctimas directas de estas agresiones.

Estamos de enhorabuena, Pepe El Romano -o Pepa La Romana si lo prefieren- ha entrado y no está dispuesto a irse. Casos como el de la Universidad de Sevilla y la denuncia del propio Rectorado muestran que aires de renovación, libertad, igualdad y derechos siguen entrando. Me queda agradecer el trabajo de quienes han contribuido a abrir las ventanas y creo que todos y todas debemos celebrar eso, que hoy somos más modernos y nuestra universidad va a ser mejor.