Hoy

tribuna

Terrorismo global

SE puede prevenir la radicalización violenta? ¿Es creíble pensar en la rehabilitación de un fanático? Resulta difícil plantear estás preguntas ante el escenario que se nos presenta: Las redes del terrorismo yihadista se han extendido los últimos años en zonas como Afganistán, Libia, Pakistán, Iraq, Yemen, Arabia Saudí y otros territorios de Asia y África en conflicto, y donde las 'reglas' o el gobierno están ausentes. Ideas tan delirantes como hacerse con el control de los símbolos sagrados por antonomasia del Islam como las ciudades saudíes de La Meca, Medina o la mezquita Al Aqsa de Jerusalén son prioridades para el ISIS. Sus cartas de presentación, grabadas con sangre en la retina de medio mundo nos recuerdan que sus criminales militantes son una amenaza sin precedentes en el mundo.

Este horror sólo ha sido posible tras el caos desatado de los rescoldos de la Primavera Árabe en Oriente Medio, que han servido al líder abu bakr al-baghdadi para azuzar la fascinación por la consecución del Califato. En esa búsqueda continua de la conquista de nuevos territorios y desestabilización de otros, el extremismo ya ha anidado en los Balcanes, el Cáucaso y el sudeste asiático, concretamente en Indonesia y Filipinas. Algunos analistas van más lejos y alertan de la probabilidad de reclutar simpatizantes por parte del ISIS incluso de la región china de Xinjiang, donde la etnia uigur lucha contra la han, de China. Ni que decir tiene que las autoridades chinas no dudan en catalogar a los uigures de grupos terroristas.

Tras describir este escenario, resulta aún más difícil tratar de encontrar respuesta a las preguntas iniciales, y yo misma me siento incapaz siquiera de imaginar una hoja de ruta practicable para ese otro binomio desradicalización/rehabilitación. Sin embargo, la comunidad internacional no puede, no debe evitar tratar de seguir buscándola. Pero ya no vale sólo con reflexionar acudiendo a grandes frases como aquella de Platón que sentenciaba: «Solo hay un dios que es el conocimiento y una maldad que es la ignorancia». Esa reflexión de poco servirá para abordar una de las crisis que, incluso en el escenario más benigno de una victoria sobre el yihadismo, deberá encarar uno de los puntos más críticos y que según Seamus Hughes, coordinador del Programa sobre Extremismo, de la Universidad Georges Washington, será el retorno de en torno a 30.000 o 40.000 combatientes que salieron en 2012 de sus países hacia zonas de guerras y que serán retornados a más de 100 países de todo el mundo. ¿Qué sucederá cuando estas personas regresen a sus hogares? Son perfiles muy radicalizados, muchos de ellos con estancia en prisión, con delitos de sangre y aún sin «desprogramar», dispuestos a diseminar sus ideas y que se sienten 'iconos' terroristas.

No es este el único dato estremecedor que ensombrece cualquier idea de recuperación de un escenario medianamente razonable. Desde 2015, ISIS ha hecho públicos centenares de vídeos (710 hasta hoy) de un horror inusitado, y ha empleado foros y plataformas de las redes sociales como Telegram, a través de los cuales ha enviado más de 213.000 mensajes, según Rohan Gunaratna, experto de Estudios de Seguridad y entrenador de agencias de seguridad nacional, autoridades policiales y unidades militares antiterroristas.

Mientras está meridianamente claro que la capacidad de actuación de estos grupos terroristas es letal, parece que las estrategias de los gobiernos occidentales y de los organismos multilaterales no están tan claras y quizás, uno de los talones de Aquiles sea contrarrestar la propaganda terrorista con una buena estrategia de información y comunicación. La trascendencia de los contra mensajes son vitales para el desarrollo de los futuros pueblos civilizados frente a la barbarie. Ni que decir tiene que la lucha contra el terrorismo ha dado sus frutos en los últimos años. Que la cooperación internacional, policial, judicial, la inteligencia, la lucha contra las amenazas procedentes del ciberespacio, la colaboración con las comunidades musulmanas y la sociedad civil, vienen siendo indispensables. Pero sobre todo, hay que dejar a un lado cierto 'quietismo' respecto de la financiación de estos grupos terroristas o sus vínculos con el crimen organizado. La falta de respuesta es una muestra de debilidad y abre una puerta trasera a nuestros enemigos. La seguridad y defensa de nuestras sociedades abiertas, plurales, tolerantes y democráticas no deben albergar margen a la ambigüedad. No podemos permitírnoslo.