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Entre intereses y derechos

El viaje del Rey a Arabia Saudí, previsto para el próximo 12 de noviembre, ha suscitado reservas y críticas por parte de distintos grupos parlamentarios, con excepción del PP y del PSOE. No es fácil compatibilizar la representación de los intereses económicos -en este caso los de Navantia y el proyecto del AVE a la Meca- con la defensa universal de los derechos humanos. Los objetivos económicos y comerciales de cada país libre modulan la calificación sobre quienes gobiernan en las sociedades cerradas. Se produce una relativización de principios que en ocasiones raya en el cinismo. Pero la promoción de los derechos recogidos en la Declaración Universal, y de aquellos otros que se han ido sumando al acerbo de las sociedades democráticas, no pueden soslayar la existencia de intereses comerciales transnacionales. Su realización efectiva contribuye al bienestar de los países libres sin que, necesariamente, deba entenderse como condición favorable para la perpetuación de regímenes que violentan la dignidad de la mujer, el mínimo respeto a los no-nacionales y se basan en la negación de garantías a sus conciudadanos. Felipe VI emprenderá viaje a Arabia Saudí consciente de que la misión que le ha encomendado el Gobierno entraña un doble riesgo: priorizar hasta tal punto su carácter comercial que contribuya a legitimar un sistema que, en términos democráticos, se encuentra en las antípodas del español, o subrayar en tono exigente e imperioso las discrepancias éticas hasta dejar sin sentido la propia visita. La controversia generada en España resulta saludable, por cuanto advierte del difícil equilibrio en que ha de moverse el país en sus relaciones con aquellos gobiernos que ni de lejos cumplen con los estándares universales de los derechos humanos. Resulta saludable, porque contribuye a recordar en este caso a Arabia Saudí que hay un clima de abierta contestación a la persistencia de regímenes feudales en el mundo globalizado. El equilibrio entre los principios y los intereses no ha de hallarse solo en las palabras que pronuncie Felipe VI en Riad. Estará, sobre todo, en la disposición que muestren las autoridades tribales de aquel país a atender las propuestas industriales españolas a sabiendas de que van acompañadas de una protesta de fondo por su negación de derechos básicos y libertades mínimas.