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Rajoy busca un nuevo perfil de Gobierno para una legislatura de pactos

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Mariano Rajoy, tras ser investido presidente. / Daniel Ochoa de Olza (Afp)

  • El PP entiende que la presencia de ministros más dialogantes constituiría un buen mensaje para la oposición

  • El presidente tendrá que resolver el reparto de poder entre Sáenz de Santamaría y Cospedal

No hubo despedidas en el último Consejo de Ministros del Gobierno en funciones y sólo trascendió el mensaje de aliento que Mariano Rajoy trasladó a su Gabinete. «Dicen que la nueva situación política va a ser muy difícil, también lo era la situación económica cuando llegamos al Gobierno en 2011 y, aunque quede mucho por hacer, hoy hemos conseguido superarla», recitó la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, tras el encuentro. La frase no sólo anticipa la disposición del jefe del Ejecutivo a gestionar una legislatura en minoría que requerirá de habilidades negociadoras a diario. También previene sobre la necesidad de adaptar un equipo ministerial que fue diseñado hace cinco años para afrontar prácticamente en exclusiva la crisis económica bajo la amenaza del rescate.

«Los tiempos son los que son», como admitía el martes el propio Rajoy tras aceptar el encargo del Rey y convertirse de nuevo en candidato a la investidura. La etapa a estrenar a partir de este sábado, cuando el presidente obtenga la confianza del Congreso, exige del Ejecutivo un perfil político, de «talante pactista», volcado en negociar, acordar y comunicar, que deje atrás los años de tecnocracia que caracterizaron el Gobierno de la mayoría absoluta.

Así lo entienden en la Moncloa, donde vaticinan que tras el debate de investidura, la designación de los ministros constituirá el segundo «guiño» a la oposición. La lista de miembros del Ejecutivo tendrá que ser, apuntan en el PP, una declaración de intenciones de un presidente que quiere agotar la legislatura y que necesita del concurso de los partidos.

Bajo esta premisa, los populares, que en las últimas horas tratan de afinar sus quinielas, apuntan a la salida forzosa del titular de Interior, sobre quien pesa la sospecha de haber intentado buscar casos de corrupción que endosar a los independentistas catalanes. En los corrillos políticos entienden que la continuidad de Jorge Fernández Díaz en el Gobierno sería casi una «afrenta» para el Congreso que le reprobó el 18 de octubre. Su nombre tampoco fue aceptado por Ciudadanos para presidir la Cámara baja. Incluso algunas voces de la formación liberal dejaron entrever que tampoco querían en ese cargo en el hemiciclo a quien suena como sustituta del ministro, María Dolores de Cospedal.

La entrada de la secretaria general del PP en el Gobierno causa tanta polémica como expectación. El partido se afana en colocarla unos días en Interior, otros en Fomento e incluso a quien sugiere con malicia que sería una buena vicepresidenta. Dada su enemistad con Soraya Sáenz de Santamaría y su influencia en Rajoy, su llegada al Gabinete podría suponer un contrapeso en el Ejecutivo y, en ese caso, Cospedal estaría llamada a sustituir en la crónica política al 'G-8', el grupo de ministros encabezado por José Manuel García-Margallo en la pasada legislatura.

Son muchos los que ven al ministro de Exteriores más fuera que dentro, y él, por lo que pudiera ocurrir, dice contar ya «con un plan A, B y C». Sus funciones, creen los populares, podrían ser asumidas por el actual jefe de Gabinete del presidente, Jorge Moragas.

Ministerios desdoblados

El reparto de ministerios depende, en cualquier caso, de la estructura sobre la que el líder del PP quiera construir el Ejecutivo. En el partido no ven descabellado que se pretenda enmendar los errores de comunicación desvinculando Vicepresidencia de Presidencia del Gobierno y Portavocía. Prácticamente nadie duda de que el primer cometido recaerá de nuevo en Sáenz de Santamaría. Y quienes creen que la división podría efectuarse especulan con el actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, o incluso Rafael Catalá como portavoces.

Al ministro de Justicia se le buscan tantos enclaves, incluido el departamento de Fomento, que en el PP tienen la sensación de que continuará con las mismas funciones que hasta ahora. La mayoría, con salvedades, tampoco pronostica el traslado de los titulares de Agricultura, Isabel García Tejerina, y Educación, Íñigo Méndez de Vigo. Y los populares apuntan tímidamente y con dudas a que también continuarán en sus puestos los ministros de Economía, Luis de Guindos, Hacienda, Cristóbal Montoro, Empleo, Fátima Báñez, y Defensa, Pedro Morenés.

El hueco en Industria tras la dimisión de José Manuel Soria podría ser cubierto por el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, y algunos sostienen que crear un nuevo departamento de Turismo atendería la demanda del sector.

Por otro lado, cada vez seduce a más dirigentes la idea del vicesecretario de Acción Sectorial, Javier Maroto, en el Ministerio de Sanidad. Otros nombres, como el de la expresidenta aragonesa, Luis Fernanda Rudi, sobrevuelan aún sin cartera. «Pero me siguen quedando agujeros», bromean aquellos enfrascados en lo imposible, conocer los planes de Rajoy antes de que comiencen a sonar los teléfonos de los elegidos.