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Desafío socialista

El Comité Federal del PSOE zanjó ayer las disensiones que atenazaban al partido en vísperas de que pudieran convocarse terceras elecciones. Se inclinó por la abstención en segunda votación ante la candidatura de Mariano Rajoy, con 139 miembros favor de esa postura y 96 por el voto en contra del candidato popular. El PSOE ha optado por «desbloquear la situación» para eludir males mayores. Pero la abstención socialista asegura la reelección de Rajoy sin garantizar la gobernabilidad de una legislatura condicionada desde el primer día por la disposición al acuerdo que muestren el PP y el PSOE. Una aproximación de posturas que deberá percibirse tanto en la intervención de Mariano Rajoy como en la réplica del portavoz socialista en el debate de investidura. El Comité Federal solo resolvió instruir a los diputados del PSOE para que se abstengan en segunda votación. Es previsible que los esfuerzos de la gestora y de los demás dirigentes se encaminen en los próximos días a asegurar la disciplina de voto en el Congreso y el entendimiento con el PSC. Pero aunque las voces en pro del 'no' reflejaran una posición testimonial expuesta a sabiendas de que ganaría la abstención, el resultado no permite a los socialistas afrontar con soltura compromisos de legislatura que vayan más allá de allanarle la investidura a Rajoy. Tanto el PSOE como la política española se adentraron ayer en un territorio ignoto. Si se impone la 'política pequeña', las Cortes estarán abocadas a disolverse en la próxima primavera, con lo que el PP y el PSOE lograrían ganar seis meses de tiempo para retarse mutuamente de nuevo y retar a las demás formaciones ante las urnas. Es lo que ocurriría si los populares muestran una incapacidad ontológica para revisar sus postulados, y si los demás grupos -incluido el socialista- dan rienda suelta a esa absurda pretensión de legislar en contra del gobierno resultante de una 'investidura de favor'. Puede ser ingenuo pretender que al adentrarse en ese territorio ignoto de la transversalidad cada formación priorice los intereses comunes al país y el acuerdo frente a las necesidades partidarias y la confrontación. Pero es el terreno en el que deberá ponerse a prueba la superioridad moral e histórica de la que se jactan los socialistas, avergonzados de sí mismos últimamente. Es el terreno en el que el PSOE devuelve el desafío al PP de Rajoy para que demuestre que no persigue solo posponer en seis meses unas terceras elecciones.